Image: Dennis Adams al rojo vivo
Elmo, 2012-2013
'In the Red' una expresión derivada de la práctica de la contabilidad al utilizar tinta roja en el registro de las pérdidas netas. Adams adopta esta expresión en el título de esta exposición para señalar el frágil vínculo entre la recesión financiera global de los últimos 5 años y la contabilidad más subjetiva de la pérdida. Una exposición llena de metáforas.
Como es habitual en su larga trayectoria, la segunda individual en Madrid de Dennis Adams (Des Moines, Iowa, 1948) invita a hacer pedazos esas nociones establecidas de lo políticamente correcto, el pensamiento único y la herencia simbólica, para deslizar interrogantes con los que cuestionar nuestra capacidad de comprensión de la realidad. Empieza ya en la misma fachada de la galería, intervenida con una lista de nombres de personalidades de la cultura y de temas que tienen que ver con los placeres, la creación o cosas comunes de la vida. Ante cada nombre, la palabra "Bailout", término coloquial con el que se llama peyorativamente al "rescate financiero". Adams parece saludar a personalidades y cosas de su gusto, amén de proponer "salvar" unas cosas en lugar de lo que se ha salvado.Ya en el interior, encontramos una instalación pensada ad hoc que cubre las paredes con hasta 45 impresiones donde emplea el mismo sistema de composición. Casi todas tienen como fondo una fotografía distinta de un pedazo de esa piel de la ciudad que son los grafiti, incisiones o abolladuras, los carteles y esos pedazos de materiales como plástico, hormigón, asfalto o metal que se acumulan en paredes y mobiliario urbano. Imágenes que captan una realidad que suele pasar inadvertida y que, por sí solas, resultan hermosas, con ese algo que recuerda a Brassaï.
Vista de la exposición
En la parte baja de la galería encontramos el vídeo Malraux's Shoes, donde el artista se disfraza del escritor, político y amante de la historia del arte André Malraux. Reconstruye a su manera el momento de la ya icónica escena del francés con las imágenes de las pruebas de su libro El museo imaginario repartidas por el suelo. Malraux, el protector de las artes y la cultura, pisotea las fotos al tiempo que fuma y bebe licor. Mientras camina oímos una especie de delirante monólogo interior en el que desaparecen la falsa identidad y la verdadera y se traza un fresco de contradicciones. Malraux, el combatiente del fascismo y del mayo del 68 enloquecido, amargado, se confunde con Adams disfrazado.
Mediante flashes de humor negro y ambigüedad, Adams descubre en el lenguaje y suceso históricos sacados de su contexto, las paradojas morales, ideológicas, estéticas y políticas en las que subsistimos mediante apariencias y trampas y el dolor de recuperar la visión del presente y la memoria del pasado para someterlos desde la autocrítica.