Image: Marcel Dzama, lo extraño familiar
Off a Tune at the Tongue´s End , 2013
Marcel Dzama presenta su segunda exposición en la Galería Helga de Alvear titulada 'A Trickster Made this World'. El artista suma a sus tradicionales dibujos de tinta y lápiz, el pergamino de piano como soporte; cabezas de bufones realizadas con papel maché; marionetas de colores que flotan en el aire; y su nuevo vídeo 'Une Danse Des Bouffons', convirtiendo el espacio en un escenario místico y fastuoso.
Todo comienza con una casualidad: la de dos nombres propios que coinciden y producen eco. Podría decirse que el primero estuvo en el segundo desde el comienzo, muy temprano, siempre. Era una simple cuestión de resonancia. Después, llegó el encuentro, algo tardío, aunque quizás fuera una búsqueda que se retrasó. Fue en un viaje a Philadelphia en 2003. No estaba acostumbrado a ver trabajos como los que había hecho el primer Marcel, y empezó a estudiarlo, leyó sus biografías, coleccionó sus libros, e incluso volvió a interesarse por el ajedrez, aunque nunca había sido un buen jugador y no llegaría al nivel que alcanzó Duchamp, que afirmó que abandonaba el arte para convertirse en ajedrecista profesional y compitió en el equipo francés en las Olimpiadas de 1924.En su visita al Museo de Philadelphia, Dzama, el joven Marcel, pudo haber experimentado lo contrario de lo que, desde Freud, se ha definido como siniestro: lo que es familiar y de repente se vuelve extraño. Habría reconocido como familiar aquello que veía por primera vez. Un reconocimiento traducido en sus dibujos y esculturas, en sus vídeos y collages.
En esta exposición, titulada como el ensayo sobre el mito de Lewis Hyde, A Trickster Made this World, presenta su última película, Une danse de bouffons. En ella todo parece girar en torno a la más misteriosa de las obras de Duchamp, Étant Donnés: 1er la chute d'eau / 2nd le gaz d'éclairage, en la que estuvo trabajando en secreto casi veinte años, de 1946 a 1966, aunque a lo mejor no consista tanto en dar vida a la pieza original del francés, como se dice, sino en construir el relato en torno a un diorama de 2008 del propio Marcel Dzama (Winnipeg, Canadá, 1974), ese con el que termina esta danza macabra y que supondría concluir con el principio.
Une Danse des Bouffons , 2013
Una historia surrealizante a la que acompañan algunos de los estupendos dibujos de colores apagados y rojo sangre que han caracterizado la producción de Dzama, y que están habitados por algunos de los protagonistas de Une Danse de Bouffons y llenos de referencias a los Caprichos de Goya. También pueden verse las cabezas de papel maché que se utilizan en la película y que han perdido su movimiento para ser esculturas, y unas marionetas hechas de latas recicladas que cuelgan del techo.
La exposición concluye con otro vídeo que alude, de nuevo, a Duchamp, esta vez al ajedrecista, y en el que los movimientos de una de sus partidas sirven como pauta de una coreografía que bailan unos peones escapados del ballet de Picabia, Relâche. Máscaras y disfraces que son citas y homenajes que provocan que lo que es extraño resulte familiar.