Image: Dibujística: tensión y distensión
Vista de la sala
Treinta y tres artistas internacionales expanden la idea de dibujo en Casal Solleric de Palma de Mallorca. ¿El resultado? Pintura, fotografía, instalación... Mucho más que el trazo en un papel.
La comisaria de esta colectiva y directora de Casal Solleric, Pilar Ribal viene trabajando con empeño en la visión y conceptualización de la noción de "dibujo expandido" desde hace casi un lustro. Ésta de 2012 puede de hecho ser considerada como la tercera edición de su singular búsqueda errante, que comenzó con una colectiva en la galería DNA de Berlín en 2009, prosiguió al año siguiente con otra en el espacio malagueño de Isabel Hurley y llega aquí en su versión más extensa: una importante suma de unas 50 obras firmadas por 33 artistas patrios y, mayormente, foráneos.Tal búsqueda consiste en un replanteamiento de lo dibujístico dentro de los estudios de nuevas semánticas, direcciones y sentidos de la experiencia plástica abiertos por autores como Rosalind Krauss. Pilar Ribal recoge y prolonga las tesis en torno al concepto de "campo expandido" de ésta aplicándolas a un desarrollo del dibujo que viene desde luego completamente separado ya de su antiguo uso como boceto preparatorio o esbozo para otra obra por venir. Incluso llegamás lejos que cierta noción considerablemente reciente como práctica autónoma con respecto a otros géneros (pintura y obra gráfica) a realizarcon los materiales y soportesmás diversos. Lo que aquí se persigue es una nueva definición de lo dibujístico y sus límites, desde su singular esencia pero como experiencia que excede al signo meramente gráfico, que invade otros campos plásticos y que, al margen de técnicas, vive en su propia realidad específica.
Tras ser recibidos por una lámpara con textos en neón junto a otra dibujada con grafito sobre papel negro, la referida sala grande sirve como gran presentación de ese marco y contexto y funciona como primer vistazo del escaparate, primer movimiento rápido de apertura del abanico, y tensión máxima del arco que nos permite vislumbrar el vasto terreno que se explora. Al entrar, lo primero que se escucha es una rara interpretación del Claro de luna de Beethoven. Forma parte de la obra de Paterson, resultado de traducir la partitura original a lenguaje morse, enviar las señales a la Luna como ondas de radio y recoger la señal rebotada en el satélite para volver a traducirla a código para piano y tocarla. En la sonata ejecutada hay notas perdidas, silenciadas en el viaje espacial.
Puntos y rayas signo de música variados por la refracción lunar (tocada por la Luna) y transcritos como señal acústica forman, desde esta óptica del dibujo expandido, un dibujo mental, dibujo conceptual y dibujo en el espacio-tiempo. Describen un gesto en el vacío que hay que imaginarse, del que sólo queda la huella de un eco sonoro.
La cuerda del arco vibra y hallamos trazos de líneas formando figuras (Vásquez de la Horra) o un entramado de rayas (Uriarte) o bandas (Lewitt), sobre papel encerado o proyectados sobre la pared (sobresalientes geometrías de Valbuena), animados (muy notables Mullican, Toscano y Gutiérrez) y quietos; hay delineaciones caleidoscópicas con cristales (Sea), con montones de sal, trazos del cuerpo, perforaciones, dibujos que son pintura y escultura (Wesselman, Stella, Chiang y Parker) y dibujos que se forman al verse los cantos de un sinfín de otros dibujos amontonados (Manzo); hay acumulaciones ingentes e incansables de lápiz sobre rocas (Lambourne) o panel de MDF (Gerritz); hay dibujo en capas de plástico, dibujo de raíces de árbol atrapadas en resina, dibujo perfomance (Paucar) y dibujo térmico (Dean), infografía, fotografía (Azambuja) y escritura, dibujo de sombras (Ball) y desdibujo (Grey)... En el otro extremo se encuentra la pieza que acaso cierre, de momento, el círculo: un vídeo de Koganezawa donde los pájaros volando son manchas negras apareciendo y desapareciendo en un fragmento de cielo enmarcado por la cámara. Efímeras manchas en el aire, en movimiento, con ritmos tan antiguos actuales, tan indescifrables como familiares. Naturaleza, azar, existencia, paisaje, vida.
Sala a sala, en lo que parece un viaje a las profundidades de una cueva, esta tercera muestra de "dibujo expandido" logra replantear, no sin modestia, cuestiones importantes en torno a la representación plástica, la línea y el contexto, el fondo como generador de las formas, el ritmo en el gesto como acto performático, el color como temperatura expresiva. Pero,además parece instalarse a las puertas de la más pura definición de la esencia de lo dibujístico en un sentido amplio y nuevo: acaso en torno al movimiento como propiedad intrínseca de las otras artes.
Sea como sea, uno sale de ahí pensando que esta noción vislumbrada es más bien una manera de mirar, casi un modo de la mirada que descubrimos en el gesto y nos conecta con antepasados cavernícolas y animales. Que es capaz de alterar la percepción hasta límites desconocidos. Así, el dibujo expandido sería cierta frecuencia, un pedestal desde donde encontrar lo dibujístico como señal en el aire, perpetuada o no, del movimiento. Una especie de célula madre de la expresión y experiencia plástica. Y que lo que aquí se propone casi más que nuevas exposiciones merecerían un centro de arte sólo para sí, donde investigar e ir exponiendo poco a poco las conclusiones. De momento, mientras llega el siguiente paso en esta dirección, sólo queda esperar la publicación del catálogo de esta exposición donde Ribal podría sentar algunas de las bases de esa "lógica del dibujo".