Una de las imágenes que abren la exposición 'El Legado que Seremos' en Leica Gallery Madrid.
Álvaro Ybarra fotografía ‘El Legado que Seremos’: “La fotografía es mi forma de rebelarme frente a la muerte”
El fotógrafo presenta en Leica Gallery Madrid ‘El Legado que Seremos: Origen’, un trabajo realizado durante tres años alrededor de la transformación energética de España y de la memoria de quienes han vivido el final de una era industrial.
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Toda fotografía pertenece al pasado desde el mismo instante en que se hace. El obturador se cierra y aquello que estaba delante de la cámara ya no existe exactamente de la misma manera. Se lo cuento a Álvaro Ybarra Zavala y la reflexión le resulta familiar porque, en realidad, lleva buena parte de su vida trabajando alrededor de esa idea.
“Para mí la fotografía es muy personal y te voy a decir por qué, es mi forma de rebelarme frente a la muerte, frente al olvido. Cuando te metes en el cuarto oscuro, positivas un papel, lo metes en la cubeta y empieza a aparecer una imagen, vuelve físicamente algo que ya no estaba. Puede ser una matanza, un familiar que ya no está o un momento de felicidad que no queremos olvidar. Lo resucitas”.
Esa lucha contra el olvido atraviesa El Legado que Seremos: Origen, el proyecto que presenta ahora en Leica Gallery Madrid y en el que lleva tres años recorriendo centrales, territorios y comunidades vinculadas a uno de los grandes cambios industriales de nuestro tiempo. La exposición permanecerá abierta hasta el próximo 7 de enero y constituye el primer capítulo de una trilogía documental sobre el tránsito desde el modelo energético vinculado al carbón hacia otro basado en las energías renovables.
Pero cuanto más habla Ybarra de energía, menos parece estar hablando únicamente de energía. Aparecen la memoria, el territorio, las oportunidades que nacieron alrededor de aquellas industrias y las generaciones que construyeron su vida junto a ellas. Aparece, sobre todo, esa preocupación tan fotográfica por llegar a tiempo antes de que algo desaparezca.
Álvaro Ybarra frente a sus fotografías en la exposición 'El Legado que Seremos'.
¿Qué puede contar una fotografía sobre el paso del tiempo que no pueda contar otra cosa?
“Cuando hablas de una revolución y, sobre todo, de una revolución industrial, tienes que saber siempre de dónde vienes. Para entender hacia dónde vamos y las exigencias de una nueva generación, que tiene problemas y retos diferentes a los nuestros, tienes que empezar por el inicio. Esta nueva revolución parte, como todas, de un cambio de paradigma. En su momento fue el carbón y ahora son las renovables”.
Ese inicio es también una despedida. Ybarra ha fotografiado instalaciones como las centrales térmicas de Andorra, Litoral, Compostilla o As Pontes, algunas ya desmanteladas y otras inmersas en ese proceso, junto a parques eólicos, plantas solares, centrales hidráulicas y espacios donde la siguiente etapa energética comienza a adquirir una forma física.
Lo que le sorprende durante el recorrido es descubrir que aquellas enormes instalaciones tienen para él una dimensión que va mucho más allá de su función.
“Para mí las centrales son como catedrales. Hay arte y no solamente arte desde una perspectiva arquitectónica, también tienen alma. La cantidad de oportunidades y de vidas que se han cosido alrededor de ellas es enorme”.
La exposición 'El Legado que Seremos' estará hasta el 7 de enero.
En algunas de sus fotografías la comparación se entiende inmediatamente. Las personas parecen diminutas dentro de construcciones monumentales, atravesadas por pasarelas, turbinas, tuberías y enormes estructuras geométricas. Una de las imágenes que acompaña la presentación de la muestra sitúa precisamente a dos trabajadores casi absorbidos por el espacio industrial que los rodea.
Pero las verdaderas catedrales de las que habla Ybarra no terminan en sus muros. Alrededor de aquellas instalaciones surgieron carreteras, comercios, empresas auxiliares, población y posibilidades de futuro. La industria modificó el territorio y, con él, las vidas de quienes crecieron a su alrededor.
“Piensa en un abuelo que levanta una central viniendo desde la mina y en cómo le cambia la vida. Su hijo encuentra un trabajo estable en un lugar donde antes prácticamente no había nada. Un sitio como As Pontes se convierte en un punto neurálgico de Galicia, aparecen oportunidades de negocio, más jóvenes pueden ir a la universidad… Y después ves cómo el hijo desmantela aquello que construyó el padre y cómo está llegando el nieto con otra mentalidad, viendo esa nostalgia también como una oportunidad, pero con el respeto de pensar, yo he llegado aquí gracias a lo que hizo mi abuelo”.
Ahí el proyecto empieza a escapar definitivamente de la fotografía industrial. Tres generaciones observan el mismo lugar desde tres momentos diferentes y una central termina funcionando también como una especie de reloj. No mide minutos, sino transformaciones sociales.
Álvaro Ybarra, autor de El Legado que Seremos: Origen: “La fotografía es mi forma de rebelarme frente a la muerte, frente al olvido”.
Entonces, ¿cómo se fotografía algo que sabes que está terminando?
A Ybarra le molesta pensar que parte de ese patrimonio industrial pueda desaparecer sin haber sido verdaderamente conocido. Durante estos años, reconoce, ha terminado convirtiéndose casi en un obsesivo de una arquitectura que antes apenas formaba parte de sus intereses.
“Me da mucha rabia que no se haya conocido en profundidad toda esa industria, toda esa arquitectura industrial. Hasta cierto punto me atrevería a decir que me he convertido en un friki del tema. Y es curioso porque no lo había sido en mi vida”.
El proyecto reúne ya más de un millar de fotografías archivadas y catalogadas. Más allá de las exposiciones, existe en él una voluntad de construir un fondo que algún día pueda ser consultado también desde otros lugares. La historia, la ingeniería o la investigación. Porque es posible que el valor de algunas de esas imágenes no termine de revelarse hasta dentro de varias décadas.
Ybarra no quiere, sin embargo, decidir ahora lo que tendrán que significar entonces.
“Yo soy un testigo. Intento ver este momento de cambio a través de las historias humanas que giran alrededor de él. No tengo la autoridad moral para juzgarlo. Lo que espero es que dentro de cincuenta años las siguientes generaciones que se encuentren con este proyecto saquen sus propias conclusiones”.
En ese punto de la conversación hace una distinción que explica bastante bien su manera de entender el oficio.
Parte de la exposición de 'El Legado que Seremos' con sus panorámicas verticales.
¿Una fotografía conserva el pasado o inevitablemente lo transforma?
“Yo siempre diferencio entre imagen y fotografía. Una imagen plantea una pregunta y te da una respuesta. Una fotografía plantea una pregunta y deja que tenga su propio diálogo, que cada persona la haga suya. Cuando fotografías algo le das su propio lenguaje, su propio recorrido. Es como la música. Una canción puede recordarte a ti un momento concreto y a mí otro completamente distinto. No nos conocemos, pero ya ha generado un punto en común”.
La fotografía, entonces, no sería para Ybarra un objeto inmóvil que contiene un instante muerto. Precisamente por eso vuelve a aquella primera idea del cuarto oscuro.
“No considero que la fotografía detenga el tiempo. Lo mantiene siempre vivo. Es algo fascinante si te paras a pensarlo. Un momento que tiene movimiento, que puede ser inmortal y eterno, pero que no es estático”.
También Endesa entra inevitablemente en esa historia. La compañía ha acompañado el proyecto durante estos años y ha permitido al fotógrafo acceder a instalaciones repartidas por toda España. Desde la empresa explican que podrían haber contado esta transformación mediante tecnología, cifras y datos, pero que la fotografía permitía introducir otra dimensión, la de las personas que han construido su vida dentro de esos espacios.
Álvaro Ybarra: “No considero que la fotografía detenga el tiempo; lo mantiene siempre vivo”.
“Cada persona es una historia”, explican fuentes de Endesa. “Una vida vinculada a una central”. En las fotografías reconocen algo difícil de expresar mediante estadísticas, el sentido de pertenencia de trabajadores para quienes esas instalaciones no han sido únicamente su lugar de empleo, sino una parte importante de su identidad y de sus relaciones personales.
Para Ybarra, además, el acceso era fundamental. Buena parte de las grandes centrales térmicas que quería fotografiar pertenecían a la compañía. Defiende, sin embargo, que esa colaboración no ha condicionado la mirada del proyecto y que ha podido trabajar desde la independencia que necesita para construir un archivo cuya utilidad, precisamente, dependerá de que pueda sobrevivir a la lectura inmediata del presente.
Porque tampoco le interesa presentar el pasado y el futuro como dos bloques sencillos. El carbón aparece como una tecnología que permitió el desarrollo industrial de determinados territorios y que durante décadas representó progreso, pero también como la base de un modelo que llega a su final. Las renovables representan la siguiente transformación, aunque muchas de sus consecuencias económicas, territoriales y sociales solo podrán entenderse con distancia.
Es ahí donde Ybarra prefiere que la fotografía no responda demasiado.
¿Qué quieres que entienda alguien que vea estas imágenes dentro de cincuenta años?
“No mando mensajes, no marco mensajes para nada. Al revés, creo que planteo preguntas. Con la edad también cambia la manera de mirar. Siempre digo que de jóvenes somos más pirómanos y conforme nos hacemos mayores somos más bomberos. Cada vez estoy en un ámbito mucho más reflexivo a la hora de mirar y de decidir los temas en los que me vinculo. Para mí esto no es un trabajo, es una vocación, y poder vivir de ella me parece un privilegio”.
La exposición llega ahora a Leica Gallery Madrid y permanecerá en la calle José Ortega y Gasset hasta comienzos de enero. Leica convierte así su galería madrileña en el lugar donde ese archivo nacido en centrales, minas, parques eólicos y paisajes en transformación abandona durante unos meses su contexto industrial para entrar en otro, el de la cultura fotográfica.
Álvaro Ybarra: “No mando mensajes, planteo preguntas”.
Al final de la conversación todo vuelve, casi inevitablemente, al mismo lugar en el que había empezado. Al tiempo y a nuestra necesidad de conservar algo de aquello que nos precedió. Una central puede desaparecer, una tecnología puede quedar obsoleta y un paisaje puede transformarse hasta resultar irreconocible. La fotografía no impide ninguna de esas cosas, pero deja la posibilidad de volver a mirar.
Quizá por eso Ybarra no fotografía únicamente aquello que desaparece. Fotografía también la relación que mantenemos con lo que desaparece, la forma en que una generación construye, otra desmonta y una tercera hereda algo que ya no puede entender de la misma manera.
Dentro de cincuenta años esas centrales ya no estarán como hoy, muchas de las personas que aparecen en las imágenes tampoco y el debate energético será otro.
Las fotografías seguirán planteando preguntas.
Y quizá esa sea, al final, la pequeña victoria de Ybarra frente a la muerte y al olvido.