Julio Le Parc en la Tate Modern.

Julio Le Parc en la Tate Modern. Tate Photography (Kathleen Arundell)

Arte

El mago del arte óptico y cinético Julio Le Parc deslumbra en su retrospectiva en Londres

La Tate Modern presenta una exposición que el artista argentino, fallecido este año, diseñó antes de morir.

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Hay algo profundamente simbólico en que la gran retrospectiva que la Tate Modern dedica a Julio Le Parc (Palmira, Argentina, 1928 - París, 2026) se inaugurara apenas unos días después de la muerte del artista argentino el pasado 30 de mayo.

Julio Le Parc. Tate Modern

Londres. Comisarios: Val Ravaglia y Francis Hardy. Hasta el 3 de mayo de 2027

A sus noventa y siete años, Le Parc no llegó a recorrer las salas que diseñó con tanta dedicación y entusiasmo, pero nos dejó buenos argumentos para encumbrarle como uno de los máximos representantes del Op Art y el arte cinético, que, lejos del efectismo fácil, intentaba siempre poner al espectador como activador de la obra.

Ese es, probablemente, el mayor acierto de la muestra comisariada por Ravaglia y Hardy. Frente a la tentación de presentar al artista como un precursor de las instalaciones luminosas e inmersivas que hoy triunfan en los espacios expositivos de medio mundo, el recorrido devuelve el centro de gravedad a una idea más incómoda: la percepción como acto político, como una llamada a la acción.

La luz, el movimiento o el color nunca fueron un fin en sí mismos, sino herramientas para desactivar la pasividad del visitante.

Como recuerda Catherine Wood, actual directora de la Tate, en el prólogo del catálogo, la verdadera materia de Le Parc no es el objeto, sino ese espacio que se abre entre la obra y quien la observa, un territorio donde la visión deja de ser contemplación para convertirse en acción.

Julio Le Parc en 2019.

Julio Le Parc en 2019. Kaloian / Secretaría de Cultura de Argentina

La exposición se abre con sus dibujos primigenios en tinta trasladados al lienzo. Como ocurre en Inestabilité, una delicada y exquisita retícula en blanco y negro, de esferas cortadas y giradas sobre sí mismas, que crean un efecto hipnótico y que surge de un dibujo del año 59 que se lleva al lienzo en el 91.

Antes del Le Parc cinético aparecen las austeras y ya geométricas Surfaces de finales de los cincuenta, elegantes composiciones monocromas donde ya se intuye una obsesión que recorrerá toda su carrera: llenar la obra de movimiento.

Julio Le Parc: 'Series 37 n°1', 1970.

Julio Le Parc: 'Series 37 n°1', 1970. ADAGP, Paris and DACS, London 2025

Encontramos retículas, ideogramas y ritmos visuales que nos obligan a reconstruir la imagen de un modo dinámico. Los comisarios insisten en que estas obras no son simples ejercicios de abstracción geométrica; son los primeros experimentos de una investigación estética sobre la percepción.

Ese carácter científico atraviesa toda la retrospectiva. El artista, discípulo de Lucio Fontana en la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires en los 40, permanecía continuamente estudiando geometría, matemáticas y óptica.

Heredero de Fontana, Vasarely, el constructivismo ruso y Mondrian, Le Parc supo crear un universo propio

A diferencia de otros artistas asociados al arte óptico, Le Parc no se asienta en el colchón blando de la fórmula, de repetir hasta la saciedad los mismos golpes de efecto. Cada serie abre la posibilidad de la siguiente en infinitas combinaciones.

Uno de los momentos más especiales es la llegada a la sala 2 donde aparecen las primeras cajas de luz y los móviles luminosos de gran tamaño, casi fantasmales, de comienzos de los sesenta.

Julio Le Parc en la Tate Modern.

Julio Le Parc en la Tate Modern. Tate Photography (Kathleen Arundell)

Esta sala nos permite comprender que el gran hallazgo de Le Parc no consistió únicamente en incorporar luz o movimiento a la obra, sino en hacer que ambos dependieran del comportamiento del público.

El aire desplazado por los visitantes, incluso sus respiraciones, modifica el balanceo de los elementos suspendidos; el cuerpo deja de ser un espectador para convertirse en una variable más del sistema.

La exposición acierta al situar el Groupe de Recherche d’Art Visuel (GRAV), un colectivo fundado en París en 1960 por Le Parc, García-Rossi, Hugo Demarco, F. Morellet entre otros, como eje del relato que marcó su trayectoria.

El objetivo del grupo era sacar al visitante de la “dependencia apática” de la exposición y desarrollar su capacidad de percepción y acción.

Una de las salas con más éxito –sobre todo para los niños– es la 5, la Game Room, que incluye las aportaciones de Le Parc al colectivo GRAV. Este espacio está repleto de piezas que se pueden (y se deben) tocar: botones que apretar, lienzos que girar, juegos de bolas, efectos de espejo.

Llegamos por fin a uno de sus grandes hits, el enorme colgante de cuadrados de metacrilato de azul traslúcido titulado Blue Sphere (2001-2022) que inunda la sala que lo alberga en oscilantes reflejos azules.

Julio Le Parc en la Tate Modern.

Julio Le Parc en la Tate Modern. Tate Photography (Kathleen Arundell)

Es una pena que los metacrilatos estuvieran sucios y llenos de polvo teniendo en cuenta la altura de esta institución. En España tenemos uno de estos, de 11 metros de diámetro, en el vestíbulo de Tabakalera de San Sebastián, este en reflejos plateados.

La última parte de la muestra es la dedicada a las Colour Surfaces, donde desarrolla una paleta de catorce colores planos que abarca todo el espectro cromático y que declina en diversos soportes.

Heredero de Fontana, Vasarely (quien le ayudó en su carrera), el constructivismo ruso, De Stijl y Mondrian, Le Parc supo crear a partir de ellos un universo propio, exquisito, fascinante, hipnótico, lleno de elegancia y personalidad, aunque también algo mareante y abrumador.