Juno Calypso: 'A dream in green', 2015.

Juno Calypso: 'A dream in green', 2015. Cortesía de Juno Calypso

Arte

'El culto a la belleza', un recorrido por los cánones a lo largo de la historia entre lo bello y lo grotesco

La exposición del CCCB reúne más de 400 piezas entre obras de arte, objetos y documentos.

Aunque su objetivo es la "mirada crítica", el resultado parece un museo de los horrores.

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El título de la exposición que incorpora la palabra “belleza” puede inducir a equívocos. Antes de visitarla, acaso por deformación profesional, podía imaginar que se nos propondría una reflexión en torno a una tradición que concibe el arte como la búsqueda de la “BELLEZA” con mayúsculas, esto es, como un proyecto trascendental o como una experiencia de lo profundo.

El culto a la belleza

CCCB. Barcelona. Comisario: Janice Li, Blanca Arias, Júlia Lull Sanz. Hasta el 8 de noviembre

El arte como un itinerario interior, como aproximación al misterio de las cosas, como utopía; estos serían algunos de los principios que habitan la gran BELLEZA. Recuerdo cuando preguntaban a Jaume Plensa, y este respondía que su única manera de entender el arte era la BELLEZA. Decía el escultor que para él el arte era un camino para ser mejores, para hablar consigo mismo…

Y así Tàpies, Palazuelo y toda una extensa corriente de visionarios. Intuyo que una exposición de este tipo tendría el atractivo de ser una suerte de revulsivo. Pero la que nos ocupa se orienta en otra dirección, porque el término “belleza” –como otros tantos, el amor o la justicia, por ejemplo– posee multitud de acepciones.

En este caso, la “belleza” se asocia al cuerpo, a su imagen pública y privada, a las estrategias de seducción, al canon y la disidencia (esto es, regla y transgresión), a la naturaleza y el artificio…

El discurso de la exposición se sitúa en el cruce de disciplinas: no solo la estética y la cultura, sino también la sociología, la psicología y problemáticas como la identidad o el consumo.

El culto a la belleza es una exposición-río, un río de un enorme caudal: más de cuatrocientas piezas entre obras de arte, documentos, objetos históricos, instalaciones, etc. Pero, acaso, como suele ocurrir en el CCCB, la gran cantidad de obras y el deslumbrante aparato escenográfico dificultan el control del dispositivo expositivo.

Arvida Byström: 'En las nubes', 2024

Arvida Byström: 'En las nubes', 2024 Cortesía de Arvida Byström

La abundancia y la espectacularidad no garantizan necesariamente la calidad ni la virtud de los contenidos. A veces uno tiene la impresión de presenciar una pirotecnia de efectos y estímulos visuales ajenos a las intenciones y motivaciones de la exposición.

¿Y cuáles son estas intenciones? Nos dicen las comisarias que la muestra pretende una reflexión sobre cómo “se han construido los cánones estéticos y reivindica los cuerpos y las bellezas excluidos de la norma”. Y más: que la exposición pretende “una mirada crítica sobre la construcción de los cánones de belleza desde la Antigüedad hasta nuestros días y analiza cuál ha sido el papel que han tenido el arte, la sociedad, la política, la religión o la medicina”.

Es una exposición-río de un enorme caudal: más de cuatrocientas piezas entre obras de arte y documentos

Y sin embargo, más que los sermones y la moralina –implícitos–, hay aspectos en la exposición que, de forma incontrolada, me resultan fascinantes. Es la morbosidad, el carácter de museo de los horrores –aquellos efectos involuntarios que decíamos antes– que por momentos posee el recorrido de la muestra.

En este sentido, se exhibe una rara cajita de parches (o lunares) fabricados originalmente con piel y pelo de rata, que se utilizaban para disimular los efectos de la viruela y la sífilis. Posteriormente, en el siglo XVIII, las clases adineradas los acabaron utilizando como un elemento clave del maquillaje de la época: el parche provocaba un contraste con el rostro empolvado.

Sea como fuere, una preciosa síntesis entre lo “bello” y lo grotesco. Se presenta, también, un fascinante arsenal de instrumental quirúrgico de época, parece que especializado en cirugía plástica: el contrapunto entre la supuesta búsqueda del efecto estético y la apariencia de rudimentarios cuchillos de carnicero de los bisturís y otros instrumentos cortantes, conmueve y provoca escalofríos.

También los corsés de cintura de avispa, las fajas para mujeres embarazadas, las máscaras faciales con luces LED que, supuestamente, lo mejoran todo, o la crema Hazeline Snow, a la que se le suponen milagrosos efectos blanqueadores en pieles de color y que todavía hoy en día se comercializa, etc.

Ren Buchness: 'Carry That Weight', 2018

Ren Buchness: 'Carry That Weight', 2018 Cortesía de Ren Buchness

Curiosamente, en Barcelona ha pasado desapercibida una pieza muy significativa que, cuando la exposición se presentó en Londres, provocó controversias: E-J Scott Chest Tissue. Esta consiste en un frasco de formol con el tejido mamario extirpado a E-J Scott durante su doble mastectomía (técnicamente denominada cirugía de reconstrucción de tórax masculino) en el año 2014.

E-J Scott, fundador del Museum of Transology, es un prestigioso activista cultural y profesor británico que ha desarrollado una gran labor en la preservación de la memoria histórica de la comunidad LGBTIQ+. E-J Scott, hombre trans asignado mujer al nacer, no lo concibe como una mutilación, sino como un gesto de liberación y celebración.

En fin, el espectador asiste a un espectáculo de curiosidades y efectos sorprendentes, como los vistos por un turista que –desimplicado– retrata geografías exóticas desde la ventanilla de un autobús; es esa distancia la que hace observar el mundo como un gran espectáculo.

Es también un universo del kitsch: existe una dimensión absurda, pero al mismo tiempo fascinante en estos objetos. Los surrealistas nos enseñaron a ver el mundo de una manera descontextualizada; es entonces cuando acontece lo fantástico.

Autor desconocido: 'Esquiline Venus', 1874.

Autor desconocido: 'Esquiline Venus', 1874. Museum of Classical Archaeology, Cambridge

Breton y sus compañeros entraban en un cine con la película iniciada y salían al poco tiempo. Entonces, aquel fragmento de película, descontextualizado y puro objeto de especulación o ensoñación, se iluminaba y se transformaba en algo maravilloso.

Del mismo modo, ajeno a las consignas de los paneles de sala, el visitante abandona el CCCB convertido en ese espectador surrealista: un coleccionista de estímulos aislados que halla lo fantástico no en el mensaje de la muestra, sino en el misterio arbitrario de sus despojos.