Georg Baselitz en el Museo Staedel de Fráncfort en 2016. Foto: REUTERS/Ralph Orlowsk

Georg Baselitz en el Museo Staedel de Fráncfort en 2016. Foto: REUTERS/Ralph Orlowsk

Arte

Muere a los 88 años George Baselitz, el pintor que ponía el mundo cabeza abajo

El artista alemán fue uno de los más relevantes de la posguerra europea, representando a través de sus figuras del revés la incomprensión existencial.

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Le gustaba decir con sorna que no tenía ningún talento: "Yo era estúpido, pero era rebelde", afirmaba; aunque es cierto que se ha convertido en uno de los pintores decisivos de la posguerra de Segunda Guerra Mundial, icono artístico de una generación.

Le marcó profundamente su infancia en la que vivió la caída de 4.000 toneladas de bombas sobre su pueblo natal y ese trauma de la guerra se transmitió en toda su obra, caracterizada por pintar figuras abstractas siniestras silueteadas con una pincelada fluida boca abajo.

La noticia fue comunicada por su galería de Salzburgo, Thaddaeus Ropac, en nombre de la familia; por ahora, no se ha hecho pública la causa de la muerte. La familia ha difundido que murió “en paz”.

Nació el 23 de enero de 1938 en Deutschbaselitz, Sajonia, con el nombre de Hans-Georg Kern; adoptó el apellido artístico Baselitz -aludiendo a su pueblo natal- en 1961, renegando del apellido de su padre, un militante acérrimo del partido nazi.

Le sobreviven su esposa, Johanna Elke Kretzschmar, a quien pintaba una y otra vez como su única modelo durante décadas -de hecho todas las figuras de sus exposiciones la representan a ella-, y sus dos hijos.

Baselitz: 'Im Bett über dem Sofa [En la cama encima del sofá]', 2021. Foto: White Cube

Baselitz: 'Im Bett über dem Sofa [En la cama encima del sofá]', 2021. Foto: White Cube

George Baselitz presentó el pasado mes de octubre de 2025 la primera exposición individual en la ampliación del museo de Bellas Artes de Bilbao, comisariado por Norman Rosenthal, quien fue una figura decisiva en su descubrimiento y en la difusión de su obra internacionalmente.

Las pinturas presentadas en una de sus últimas exposiciones en vida fueron realizadas por el artista en silla de ruedas quien tenía ya importantes problemas de movilidad, arrastrándose –literalmente– en su estudio de Salzburgo sobre lienzos de cinco metros para perfilar el ala de un águila o una mano dorada.

Su vida estuvo marcada por una constante rebelión frente a los dogmas, iniciada cuando fue expulsado de la academia en Berlín Oriental por su "inmadurez sociopolítica" al rechazar el realismo socialista, lo que le obligó a trasladarse a Berlín Occidental para completar su formación.

El primer gran escándalo llegó en 1963: en una individual en Berlín, las autoridades incautaron The Big Night Down the Drain y The Naked Man por obscenidad. A partir de ahí, la provocación quedó adherida a su nombre.

Su estancia en Florencia en 1965 fue decisiva: estudió a los manieristas y a maestros del Renacimiento; esa huella se percibe en las elongaciones, ciertas tensiones compositivas y algunos virajes de color, que se inspiran en los maestros.

Es en 1969, cuando empieza a pintar las figuras invertidas, esta metodología -que pinta las figuras directamente del revés, no girándolas una vez pintadas- le hizo inconfundible en el mundo de arte. Buscaba con ello obligar al espectador a mirar la pintura per se y no como mera representación.

Baselitz: ' Nylonparade [Desfile de medias]'2022. Foto: Museo de Bellas Artes de Bilbao

Baselitz: ' Nylonparade [Desfile de medias]'2022. Foto: Museo de Bellas Artes de Bilbao

A lo largo de su carrera, Baselitz desarrolló una obra definida por la subversión y el tratamiento crudo del cuerpo, comenzando con sus frustraciones de posguerra plasmadas en los Manifiestos Pandemónicos junto a Eugen Schönebeck y continuando con sus famosas figuras monumentales de "héroes" vulnerables y fracasados que evocaban las cicatrices de la historia reciente de su país.

Baselitz expandió su lenguaje artístico hacia la escultura monumental en madera a finales de los 70, utilizando herramientas como hachas y motosierras para crear piezas toscas que desafiaban las normas, como su polémico modelo para la Bienal de Venecia de 1980. No fue solo pintor: trabajó también la escultura, la xilografía, el linograbado, el dibujo, la acuarela y hasta la escenografía.

Baselitz: ' Überall ist etwas [Hay algo en todo], 2014. Foto: Museo de Bellas Artes de Bilbao

Baselitz: ' Überall ist etwas [Hay algo en todo], 2014. Foto: Museo de Bellas Artes de Bilbao

Fueron muy controvertidas sus constantes declaraciones sobre la pintura de las mujeres. Dijo, de forma muy explícita, que “Women don’t paint very well. It’s a fact” —“las mujeres no pintan muy bien. Es un hecho”— en una entrevista de 2013 con Der Spiegel, frase recogida entonces por The Independent.

En esa misma línea sostuvo que las pintoras no superaban el “market test” o “value test”, es decir, el criterio del mercado y del valor económico. The Independent añade que señaló algunas excepciones, como Agnes Martin, Cecily Brown y Rosemarie Trockel.

En sus décadas finales, el artista se dedicó a reinterpretar su propia trayectoria a través de las series Remix y a explorar temas sombríos como la vejez y la muerte en retratos de gran levedad, utilizando incluso su propio andador para intervenir los lienzos y dejar la huella material de su biografía en la pintura.

En términos de carrera, fue una figura central del arte alemán de posguerra: participó en documenta 5 y documenta 7, representó a Alemania en la Bienal de Venecia de 1980 con su primera escultura, enseñó en la academia de Karlsruhe y después en Berlín, y tuvo grandes retrospectivas en el Guggenheim de Nueva York, la Royal Academy, el Centre Pompidou, la Fondation Beyeler o el Hirshhorn.

Reconocido con el Praemium Imperiale y como un influyente catedrático, Baselitz deja un legado de resistencia absoluta contra lo oficial, habiendo sido el "más alemán" de los pintores universales.

La Fondazione Giorgio Cini de Venecia inaugura este próximo 6 de mayo, Eroi d’Oro, su serie más reciente y la que podría convertirse en su último trabajo pictórico.

Al margen de su trayectoria marcada por la violencia, la insatisfacción y la guerra, Baselitz destaca por reinventarse en cada momento a través de una ruptura constante con sus propias fórmulas, cuestionándose a sí mismo.

Con su muerte desaparece uno de los artistas que mejor encarnaron la incomodidad de la Europa de posguerra. Baselitz hizo de la pintura un lugar de fricción: contra la ideología, contra el decorativismo, contra la mirada complaciente. Más que un estilo, nos deja una intemperie.