Jan Brueghel el Viejo y Hendrik de Clerck: 'La Abundancia y los Cuatro Elementos', h.1606 (detalle). © Museo Nacional del Prado

Jan Brueghel el Viejo y Hendrik de Clerck: 'La Abundancia y los Cuatro Elementos', h.1606 (detalle). © Museo Nacional del Prado

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Arte

Una exposición desvela el significado oculto de las plantas en las pinturas del Museo del Prado

CaixaForum Girona se convierte por unos meses en un jardín gracias a 'El arte de la botánica': 53 obras procedentes de la pinacoteca madrileña para profundizar en la importancia de la representación vegetal.

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P. Achiaga
Publicada

En Girona, la primavera entra este año también por las salas de exposiciones. La sede de CaixaForum en la ciudad acoge, hasta el 23 de agosto, La botánica en el arte. Las plantas en las colecciones del Museo del Prado, un recorrido por 53 obras de la pinacoteca madrileña que propone mirar la historia del arte desde el punto de vista de aquello que casi nunca ocupa el centro de la escena: el mundo vegetal.

Pinturas, esculturas y artes decorativas se reordenan aquí a partir de una misma pulsión -la presencia significativa de plantas, flores y frutos- para subrayar su potencia simbólica, narrativa y política. Lejos de funcionar como simple ornamento, estas especies se revelan como protagonistas silenciosas de numerosos relatos religiosos, mitológicos, sentimentales y paisajísticos.

La exposición, organizada por la Fundación ”la Caixa” y el Museo Nacional del Prado, es la tercera colaboración entre ambas instituciones en CaixaForum Girona, después de Los objetos hablan (2014) y Arte y mito. Los dioses del Prado (2022). El proyecto llega además en diálogo con Temps de Flors, la tradicional muestra floral que cada primavera transforma las calles y patios de la ciudad.

El punto de partida es sencillo: desplazar la mirada del personaje principal a los márgenes, allí donde crecen cardos, cítricos, herbáceas o arbustos que suelen pasar desapercibidos.

La exposición combate así lo que se ha denominado “ceguera vegetal”, esa tendencia contemporánea a ignorar la naturaleza que sostiene la vida, y propone una reeducación de la vista a través de la pintura, la escultura y la marquetería.

La hipótesis curatorial sostiene que los artistas del pasado eran plenamente conscientes de la relevancia del mundo vegetal y que, por ello, dedicaron una atención minuciosa a representarlo, sabiendo que esa presencia ampliaba el sentido de la escena.

El responsable de este original proyecto es Eduardo Barba, jardinero, paisajista e investigador especializado en botánica aplicada a las obras de arte, con un trabajo sostenido sobre las colecciones del Prado.

Su enfoque parte del contacto directo con las plantas y se traduce en una lectura precisa de detalles, simbologías y contextos, a medio camino entre el gabinete de historia natural y el análisis iconográfico. En la preparación de la muestra ha colaborado Beatriz Sánchez Torija, de la Colección de Dibujos, Estampas y Fotografía del Museo del Prado.

El resultado es un itinerario que cruza arte e investigación botánica, sensibilidad estética y conocimiento científico, y que incorpora un proyecto de mediación en el que las flores y plantas representadas dialogan con fotografías de Paula Codoñer.

Jacopo Amigoni: 'La infanta María Antonia Fernanda de Borbón', h.1750. © Museo Nacional del Prado

Jacopo Amigoni: 'La infanta María Antonia Fernanda de Borbón', h.1750. © Museo Nacional del Prado

Un recorrido transversal

Lejos de seguir una cronología tradicional, la exposición reúne obras de diferentes escuelas -flamenca, italiana, francesa, española- y géneros -del bodegón al paisaje, pasando por el retrato y las artes decorativas- unidas por la presencia de especies botánicas.

En algunos casos, el discurso pone incluso el foco en los marcos, donde los motivos vegetales se integran de manera decisiva, como en Fiesta en un jardín, de Charles-Joseph Flipart, cuyo marco rococó prolonga el jardín pintado hacia el espacio del visitante mediante una planta herbácea que trepa por sus volutas.

Jan van Kessel el Viejo: 'Bodegón de flores', 1633-1666. © Museo Nacional del Prado

Jan van Kessel el Viejo: 'Bodegón de flores', 1633-1666. © Museo Nacional del Prado

El itinerario se abre con una sala introductoria que funciona como síntesis visual de los cuatro ámbitos temáticos. Allí se presentan, entre otras, La Virgen con el Niño, san Juan y ángeles (1536), de Lucas Cranach el Viejo, donde un racimo de uvas anuncia el sacrificio futuro de Cristo; Bodegón de flores (1633–1666), de Jan van Kessel el Viejo, como puerta de entrada al universo de la jardinería y el goce estético; un bodegón de Jan Davidsz. de Heem, Mesa, que condensa la sensualidad de los frutos, y Las huertas (Cuenca) (1910), de Aureliano de Beruete, que utiliza los tonos verdes de la vegetación como símbolo de la identidad austera de la ciudad.

Plantas que narran

El primer ámbito se detiene en la capacidad narrativa del mundo vegetal, en su papel como portador de significados ligados a la religión, la mitología, la política o los afectos. En el retrato La infanta María Antonia Fernanda de Borbón (h. 1750), de Jacopo Amigoni, el clavel que sostiene la joven alude al compromiso matrimonial, recordando la densidad simbólica que esta especie mediterránea ha acumulado a lo largo de la historia del arte.

En una Crucifixión anónima del siglo XVI, un gordolobo de pequeñas flores amarillas crece junto a una de las tres Marías, que lo observa con los ojos llenos de lágrimas; la planta, empleada como cirio en funerales y conocida como candela regia o candelaria, refuerza la dimensión mortuoria de la escena.

La segunda sección mira hacia el jardín, entendido tanto como espacio real como construcción simbólica: lugar de armonía, conocimiento, retiro o placer estético donde, aparentemente, nada malo puede suceder.

Francesc Masriera i Manovens: 'Joven descansando', h.1894. © Museo Nacional del Prado

Francesc Masriera i Manovens: 'Joven descansando', h.1894. © Museo Nacional del Prado

Este ámbito rinde homenaje a la figura del jardinero, presentado casi como un demiurgo que da forma a un universo frágil mediante una voluntad creativa cercana a la de los artistas. En Paisaje con un cartujo ¿san Bruno?, de Herman van Swanevelt, un monje examina bulbos de tulipanes, azucenas y coronas imperiales, seleccionando los más adecuados para la siguiente temporada mientras otros reposan descartados sobre una roca.

El gusto por los frutos

El tercer ámbito se adentra en la dimensión sensorial de las plantas, especialmente las que producen frutos comestibles, y en cómo los artistas han explotado texturas, brillos y gamas de color en el género del bodegón.

En piezas como Placa con taza que contiene frutas y mariposa, de finales del siglo XVII, la composición reúne en una misma escena cerezas y granada, que maduran en estaciones distintas, desafiando la lógica natural para construir una imagen de abundancia.

En Bodegón. Hombre con mono y frutas (1660–1670), atribuido a Abraham Brueghel y Guillaume Courtois, se representan cítricos muy apreciados en la Europa del XVII, como el naranjo amargo variegado y el naranjo corniculata, síntoma de la fascinación que despertaron estas especies cuando dinastías como los Medici comenzaron a coleccionarlas en sus jardines.

Jan Davidsz. de Heem: 'Mesa', siglo XVII. © Museo Nacional del Prado

Jan Davidsz. de Heem: 'Mesa', siglo XVII. © Museo Nacional del Prado

La cuarta parte de la muestra aborda el paisaje como escenario emocional, donde bosques y jardines dejan de ser un mero fondo para convertirse en dispositivos capaces de transmitir estados de ánimo.

En Bosque con jinetes y perros (1625–1630), de Hendrick Cornelisz Vroom, los robles flanquean un camino que conduce a una cacería apenas perceptible, mientras la calma del entorno permanece intacta; en Bosque (1640–1645), de Simon de Vlieger, otro roble, sacudido por la tormenta, se convierte en emblema de fortaleza y resiliencia.

Epílogo multisensorial

El recorrido concluye con Escenas en un jardín (h. 1765), de Giovanni Battista Colombo, donde figuras elegantes juegan, pasean y se detienen ante las flores o junto a las fuentes en un jardín ordenado con arquitectura clásica y esculturas. La obra resume bien la invitación del comisario Eduardo Barba a ralentizar la mirada y atender a los detalles que suelen quedar en segundo plano tanto en los museos como en los jardines.

Esta última sala se acompaña de un paisaje sonoro creado por el Estudi Carles Mestre -agua, cantos de mirlos y petirrojos, brisa- que envuelve la contemplación del cuadro.

Una visitante admira la obra 'Puesto de flores' en CaixaForum Girona. Foto: Fundación ”la Caixa”

Una visitante admira la obra 'Puesto de flores' en CaixaForum Girona. Foto: Fundación ”la Caixa”

A lo largo del recorrido, las fotografías botánicas de Paula Codoñer, realizadas o reinterpretadas específicamente para el proyecto, se disponen junto a las obras del Prado no como simple recurso didáctico, sino como parte de la narrativa expositiva.

Además, cinco estaciones olfativas con aromas concebidos por la perfumista Luz Vaquero completan la experiencia, sumando al ojo el olfato para activar una relación más íntima con las plantas representadas.

Así, la unión de arte histórico, fotografía contemporánea y estímulos sonoros y olfativos configura una visita que se despliega en varias capas, sin traicionar la conservación de las obras, pero ampliando los lenguajes expositivos habituales. Y CaixaForum Girona se convierte por unos meses en un jardín.