Andrea Canepa

Andrea Canepa Daniel Hidalgo

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Andrea Canepa, artista: "He cometido torpezas y soy mala estratega. Me costó mucho encontrar mi lenguaje"

Es su momento. La artista peruana deslumbra en seis exposiciones en nuestros principales museos y galerías. También en ARCO, donde su obra puede verse en el stand de la galería Rosa Santos.

Más información: Andrea Canepa, la artista que concilia y reinventa el mundo precolombino con el occidental

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¿Qué libro tiene entre manos?

Por placer: Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enriquez. Por trabajo: Una comprensión andina del cuerpo, de David H. Alvarado; Tocando al extraño interior, de Karen Barad, y La historia del columpio, de Javier Moscoso (me ha descubierto que el columpio lleva más tiempo asociado a rituales, sexualidad y muerte que al parque infantil).

¿Cuál es el libro que más le ha 'autoayudado'?

La magia de los sentidos, de David Abram, me ayudó a repensar la relación entre percepción, lenguaje y entorno.

Si no hubiera podido ser artista, ¿qué hubiera querido ser?

Antropóloga, arqueóloga, bailarina o jardinera.

En el primer semestre tiene seis exposiciones en instituciones de prestigio. ¿Cómo gestiona tanto trabajo?

Ha sido una feliz coincidencia, pero no es la norma. Mi taller soy solo yo pero tengo colaboradores, como Toni Martín Domenech en lo textil y Ramón Louro en la parte pictórica del proyecto del Palacio de Cristal. Además de la ayuda de mi pareja, mis suegros y mi madre.

Lo atávico se mezcla en su trabajo con lo contemporáneo. ¿Qué historias quiere contar?

Me gusta pensar en cómo se concebía el mundo antes de la escritura, cuando la información permanecía anclada al cuerpo y a la voz, ese momento en el que el conocimiento se transmitía a través de la experiencia, la memoria y la oralidad.

Tras su amplia trayectoria, cuéntenos un fracaso fértil.

He cometido torpezas y soy mala estratega. Me costó mucho encontrar mi lenguaje y produje obras que hoy considero fallidas. Pero esos fallos han sido siempre fértiles, sobre todo para descartar lo que yo no era.

¿Son las ferias un buen escaparate para su trabajo?

Pueden dar muchísima visibilidad, sin embargo, no son el mejor lugar para encontrarse con una obra por primera vez. Es importante no confundir el espacio comercial del arte con otros espacios que permiten más tiempo.

Un acontecimiento que le habría gustado vivir in situ.

La caída del Muro de Berlín. Llevo casi 14 años viviendo en esa ciudad y he empatizado mucho con su historia. Cuando veo las imágenes me dan muchas ganas de ser parte de esa alegría colectiva.

Un disco/canción que se ponga en bucle estos días.

La última vez que me obsesioné con una canción fue con Photosynthese de Dilla & emi x. Sigo escuchándola cuando necesito un chute de energía.

¿Cuál es la serie que ha devorado más rápido?

The White Lotus, tengo debilidad por historias en las que los ricos y privilegiados se sabotean a sí mismos.

¿En qué película se quedaría a vivir y en cuál no aguantaría ni un minuto?

Para vivir elegiría películas visualmente hermosas como El color de la granada, de Paradzhánov, o Playtime, de Tati. No aguantaría en cualquiera de Christopher Nolan.

¿Ha experimentado alguna vez síndrome de Stendhal?

Sí, muchas veces. La última, delante de las obras de Maruja Mallo en el Reina Sofía.

No se muerda la lengua, díganos algo que ya no soporte del mundillo cultural.

La repetición de ciertos temas o discursos que dejan de tener sentido cuando no nacen de un interés sincero, sino de tendencias y modas.

Una obra sobrevalorada.

Orbital, de Samantha Harvey. Ganó el Booker Prize pero a mí se me hizo pesado y no logré conectar.

Un placer cultural culpable.

Por algún motivo que no me explico he visto 21 temporadas de Anatomía de Grey.

¿Cuál es la última exposición que ha visitado?

Cristina Mejías, Lengua en coro, cuenta. Me pareció de una finura y una poética maravillosas. Y María Jerez, Se necesita un pueblo para mover un desierto, admiro su capacidad para fundir lo plástico con lo escénico.

España es un país…

Que me ha tratado con cariño y que considero, después de Perú, mi segunda casa.