Vista de la sala del 'Guernica' en el Museo Reina Sofía. Foto: Museo Reina Sofía

Vista de la sala del 'Guernica' en el Museo Reina Sofía. Foto: Museo Reina Sofía

Arte

El Museo Reina Sofía cumple 40 años: la historia de un hospital que se convirtió en el hogar del 'Guernica'

En 1986 nació lo que hoy es una institución pública de referencia internacional, con una colección de más de 25.000 piezas.

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Decir que celebramos el 40 aniversario del Reina requiere alguna precisión. Lo que inauguraron el 24 de mayo de 1986 los Reyes de entonces, el ministro de Cultura, Javier Solana, y la directora de exposiciones, Carmen Giménez fue, en concreto, el Centro de Arte Reina Sofía.

Un Real Decreto lo convirtió pronto en museo estatal y finalmente se inauguró en 1992 como lo que es hoy: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Desde el primer momento su sede fue el antiguo Hospital General, un enorme edificio neoclásico del siglo XVIII, cuyos primeros diseños fueron de José de Hermosilla, pero que llevó a cabo Francesco Sabatini.

Con más de 50.000 metros cuadrados y un hermoso jardín central, el equipo de arquitectos encabezado por Antonio Fernández Alba tuvo que resolver innumerables problemas de adaptación y circulación. También hubo que dotar de personalidad a su anodina fachada, lo que se consiguió mediante las dos torres de cristal de los ascensores. Y crear un distribuidor para los visitantes, algo que en mi opinión nunca se ha resuelto satisfactoriamente.

La ampliación del museo mediante el añadido del reluciente edificio diseñado por Jean Nouvel, inaugurado en 2005, le añadió carácter y espacio para salas, para administración y para la estupenda biblioteca (sin embargo, la plaza cubierta que hace de nexo entre ambos edificios es un lugar sombrío y desapacible).

Este complejo arquitectónico, junto con el Palacio de Velázquez y el Palacio de Cristal, en el parque del Retiro, componen las instalaciones del museo, en total, 84.000 metros cuadrados. Con casi un millar de personas trabajando y un presupuesto que en 2023 fue de 40 millones de euros (en 2008 de casi 60), es por tanto una potente institución cultural. En 2025, según acaba de informarnos, recibió en su sede principal 1.601.732 visitantes, un 4,2 % más que el año 2024.

Vista del antiguo hospital. Foto: Museo Reina Sofía

Vista del antiguo hospital. Foto: Museo Reina Sofía

La colección permanente, tras alguna vacilación inicial, se centró en las vanguardias del arte español, con el Guernica como eje, junto a una selección de grandes obras de Dalí y Miró (son sobresalientes las colecciones de surrealismo y de cubismo). El cuadro de Picasso entró en el museo en 1992, tras 11 años de aclimatación política en el Casón del Buen Retiro (aun así, durante algún tiempo siguió custodiado por guardias civiles armados). Además, la colección cuenta con obras destacadas de primeras figuras del arte moderno y contemporáneo internacional, aunque sin pretensión de exhaustividad y con huecos notables.

El museo ha tenido siete directores: Tomás Llorens (1988-1990), María de Corral (1990-1994), José Guirao (1994-2000), Juan Manuel Bonet (2000-2004), Ana Martínez de Aguilar (2004-2007), Manuel Borja-Villel (2008-2023) y, actualmente, Manuel Segade.

Richard Serra: 'Equal-parallel: guernica-bengasi', 1986. Foto: Museo Reina Sofía

Richard Serra: 'Equal-parallel: guernica-bengasi', 1986. Foto: Museo Reina Sofía

En el próximo febrero tendrá lugar la ordenación concebida por este último, que será polémica, como las cuatro anteriores. Aunque tal vez ninguna tanto como “Vasos comunicantes”, la realizada en 2021 por Borja Villel, que aboliendo la cronología y privilegiando el “relato”, constituyó para los comentaristas conservadores la prueba evidente de la utilización política y partidista del museo.

En mi opinión, la propuesta tenía luces y sombras: el relativismo artístico y el excesivo peso de lo documental se compensaban con la inclusión de artistas y disciplinas marginadas, y un loable o lamentable intento (según gustos) de mezclar alta y baja cultura. Si bien el mandato de Borja Villel, no sé si por ser el más largo o el más reciente, parece el más controvertido, el Reina ha vivido muchos episodios críticos.

Vista sala del Guernica. Foto: Museo Reina Sofía

Vista sala del Guernica. Foto: Museo Reina Sofía

Algunos anecdóticos, aunque alarmantemente recurrentes, como las goteras en las salas de exposición. Otros de una magnitud, en el tiempo y el espacio, verdaderamente insólita. Pienso, claro, en la desaparición de una escultura de Richard Serra de 38 toneladas de peso que se instaló en la exposición inaugural, que nadie echó de menos hasta 2006, sin que desde entonces se haya podido localizar su paradero.

El Reina Sofía se creó con el propósito de continuar mostrando la historia del arte donde la dejaba el Museo del Prado. Como antes dije, esa tarea se cumple con solvencia solo si nos ceñimos al arte español. Sin embargo, debemos al museo la celebración de exposiciones que han sido fundamentales para actualizar el conocimiento del arte internacional, tanto mediante proyectos de reputados comisarios, como Harald Szeemann o Didi-Huberman, como mediante la muestra de importantes colecciones, como las Panza, Beyeler y Sonnabend.

Alberto: 'El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella', 2001. Foto: Museo Reina Sofía

Alberto: 'El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella', 2001. Foto: Museo Reina Sofía

Desde hace unos pocos años el Reina goza de reconocimiento internacional, lo que no era fácil. Con todo y con eso, ni ahora ni antes ha impulsado significativamente el arte español en el extranjero, algo que se logra mediante coproducciones o colectivas itinerantes con amplia representación nacional. Por su parte, desde la crítica feminista se sigue reclamando una mayor presencia femenina, aunque creo que se han reparado muchos olvidos.

En la actualidad los museos se enfrentan al difícil reto de atender a quienes demandan un arte que sea vehículo de diversas causas sociales y, por otro lado, a quienes buscan en ellos una muestra de excelencia artística que sirva para formar el gusto o al menos para mostrarlo históricamente. Por si fuera poco, la decolonialidad o la sostenibilidad son asuntos que los museos y también éste deben abordar con inteligencia (no es inteligente ignorarlos tachándolos de wokismo).

Y por último, una cuestión que subyace a todas las demás: un museo hoy en día debe reflexionar acerca de cuál es su razón de ser. Si un infalible recurso de la industria cultural o una instancia transformadora, que nos ayude a vivir mejor. Porque como decía ese artista raro (y expuesto en el Reina) que fue Robert Filliou: “El arte es lo que hace la vida más interesante que el arte”.