Richard Serra: 'Equal-Parallel: Guernica-Bengasi', 1986. Foto: Museo Reina Sofía

Richard Serra: 'Equal-Parallel: Guernica-Bengasi', 1986. Foto: Museo Reina Sofía

Arte

Historia y prehistoria del Museo Reina Sofía contada por uno de sus directores

Juan Manuel Bonet repasa los acontecimientos que se sucedieron para convertir al antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo en el gran centro internacional que es hoy.

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El 11 de junio de 1975 amaneció un día soleado. Me preparé desde primera hora para acudir a la inauguración de la retrospectiva de Manolo Millares con la que abría sus puertas el MEAC (Museo Español de Arte Contemporáneo), en la Ciudad Universitaria. Llevaba tres años trabajando en el catálogo razonado del pintor, y había ayudado bastante al catálogo de la muestra.

Bajando desde el metro de Moncloa, empecé a tropezarme con grises, con sociales, con toda la parafernalia. Franco, al que apenas le quedaban unos meses de vida, era quien inauguraba el museo.

De repente me di cuenta de la enormidad que estaba viviendo, me vi teniendo que estrechar la mano del dictador cuyos grises me habían hecho correr tantas veces por esa misma zona. Me di la vuelta. Por la tarde llamé a Elvireta, la viuda del pintor, y le expliqué mi plantón, que entendió.

En 1967, mucho antes de aquella rara mañana, había visitado por vez primera el Museo de Arte Contemporáneo, instalado entonces en los bajos de la Biblioteca Nacional. Fruto de los esfuerzos primero de José Luis Fernández del Amo, que había sido el arquitecto de los Poblados de Colonización, y luego de su sucesor, Fernando Chueca Goitia, exrepublicano que a comienzos de los 70 había sido capaz de afrontar el reto de devolver a la vida artística española a tantos del exilio, aquel museo tenía un cierto tono.

Me deslumbraron los Picassos comprados por González Robles para la Expo de Nueva York de 1964, los caballos romanos de Gregorio Prieto, la vista de Toledo de Palencia, Zabaleta, Torner, Saura, Tàpies, Grandío... Claro que por lo que respecta a los cincuenta, unos años después encontraría muchísimo mejor el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, la magistral creación zobeliana de 1966.

Tuvo vista Javier Solana al encargar a Carmen Giménez el proyecto de lo que sería el Reina Sofía

En 1975, ni Carlos Antonio Areán, pese a su amistad con Millares y a lo muchísimo bueno que había mostrado su Ateneo, ni Joaquín de la Puente, que también había hecho cosas de interés, podían liderar ya nada.

Si el MEAC fue el museo del franquismo agónico, conocería luego, durante los años de la Transición suarista, una etapa brillante. Con Javier Tusell de director general, Álvaro Martínez Novillo programó cosas memorables. A Tusell, y a Cavero, y a Roland Dumas (ver su reciente libro póstumo), y obviamente a Suárez y a Calvo Sotelo, les debemos el Guernica.

La historiografía suele saltarse a la ligera la política de reconciliación nacional que practicó UCD en cultura (como en todo). Se recuerda poco a los citados. Tampoco a Juan Antonio Aguirre, Antonio Amado, Isabel Cajide, José María Ballester, Felipe Garín, Jesús González, José María Iglesias, Ceferino Moreno, Juan Zozaya…

Todos, como Suárez, “de la ley a la ley”. Aurelio Torrente, primer director de la etapa socialista, se creyó que Jacqueline iba en serio con su promesa de donar la muestra Picasso, pero el suicidio de la viuda impidió que lo pactado (¿o no?) se cumpliera.

El MEAC, sin embargo, estaba gafado. El museo de la Transición no podía ser un remedo de Mies, inaugurado por Franco y Areán. La operación de refundación la pilotaron Javier Solana y Carmen Giménez. A ellos dos, más obviamente Felipe González, debemos el Reina Sofía.

Entre 1982 y 1989, Giménez había demostrado su capacidad para relanzar el arte español en la escena internacional, y también para dar a conocer aquí todo aquello que solo viajando podíamos ver. En lo primero, ahí está el desembarco neoyorquino, en 1985, en el Artists Space, o el parisiense de 1988. Todo ello, de la mano de Exteriores, tras la firma del PACE.

Así descubrí Nueva York, pero también mi amada Centroeuropa, y Chile. Aquí, exposiciones colosales, en las Salas Pablo Ruiz Picasso, y en los dos palacios del Retiro: Álvarez Bravo, Gris, Frida, Picabia, nuevo arte alemán, Tendencias en Nueva York, nueva escultura inglesa…

Tuvo vista Solana al confiar en Carmen y encargarle el proyecto de lo que sería el Reina Sofía, y en elegir el viejo hospital de San Carlos, y en encargarle a Fernández Alba su conversión en centro de arte.

En 1986, la muestra inaugural del centro (museo a partir de 1990, nutrido del MEAC), Referencias: un encuentro artístico en el tiempo, constituyó un acierto deslumbrante, como su catálogo, con textos de Calvo Serraller y Gloria Moure y maqueta de Diego Lara. Magníficamente representados todos ellos, Baselitz, Chillida, Saura, Richard Serra –con su monumental instalación Guernica-Bengasi–, Tàpies y Twombly, con el que en 1980 Heinrich Ehrhardt había inaugurado su galería.

En su novela Obra maestra, Juan Tallón cuenta los avatares del Guernica serriano. Tras destapar el caso, me llamó Nati Pulido. Le conté que en mi tiempo al frente del museo nadie me había contado nada del asunto: ni Guirao (mi predecesor), ni la administradora, ni Registro.

Cuando estábamos dándole vueltas a qué instalar en el patio de Nouvel, Juncosa y yo pensamos en el Serra. Registro nos facilitó su peso. La arquitecta ministerial nos dijo que esas toneladas no las aguantaba la crujía. Por lo que se supo después, peso entonces ya evaporado…

El otro Guernica, el de Picasso, llegaría al ya museo en 1992, y con él el imparable flujo turístico. Con Aznar se produciría la ampliación, con ese consenso que añoramos los nostálgicos del “régimen del 78”, como lo llaman sus variados enemigos. Fue la primera de las pinacotecas que nos pusieron en el mapa cultural mundial.

Enseguida vendrían, en 1989, el IVAM (Valencia) y el CAAM (Las Palmas). Luego Botín (Santander), CAAC (Sevilla), CAC y Pompidou (Málaga), CGAC (Santiago), EACC (Castellón), Es Baluard (Palma), Guggenheim (Bilbao), Helga de Alvear (Cáceres), MACA (Alicante), MACBA (Barcelona), MARCO (Vigo), MEIAC (Badajoz), MUSAC (León), Patio Herreriano (Valladolid)…

Más Caneja (Palencia), Chirino (Las Palmas), Dalí (Figueras), Fenosa (El Vendrell), Gaya (Murcia), Granell (Santiago), Lobo (Zamora), Miró (Barcelona, Palma), Picasso (Málaga, sumándose al barcelonés), Seoane (La Coruña), Pablo Serrano (Zaragoza), Tàpies (Barcelona), Cristino de Vera (La Laguna), Esteban Vicente (Segovia), Vostell (Malpartida), Zabaleta (Quesada)…

Historia de consenso (insisto, con nostalgia). Empezó en 1986.

Juan Manuel Bonet (París, 1953) fue director del Museo Reina Sofía de 2000 a 2004. Antes, entre 1995 y 2000, había sido director del IVAM valenciano. Entre 2017 y 2018 fue nombrado director del Instituto Cervantes, tras haber estado al frente de la sede de París desde 2012.

Poeta, ensayista, historiador y comisario de exposiciones, es experto en las vanguardias artísticas y su obra de referencia ha sido el Diccionario de las vanguardias en España 1907-1936 (Alianza Editorial, 2007).