Image: Frieze, el poder del arte se concentra en Regent's Park

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Arte

Frieze, el poder del arte se concentra en Regent's Park

Javier Hontoria
Publicada
Actualizada

Obra de Richard Long en el stand de la galería Lisson, en Frieze London

Frieze Masters y Frieze London atraen un año más a coleccionistas de todo el mundo a la capital británica

Hace pocas semanas, la ciudad de Berlín se vestía de gala para acoger su Art Week, un tipo de evento cada vez más extendido entre las grandes capitales europeas, que se vuelcan con el arte contemporáneo aprovechando por lo general el tirón de una feria de arte. En Berlín fue ABC, en torno a la que el ayuntamiento de la ciudad hizo el esfuerzo de poner a cuatro de sus grandes instituciones de acuerdo para montar una exposición conjunta, Painting Forever, una gran muestra con decenas de artistas que daba cuenta, una vez más, del estado actual de la disciplina pictórica. En torno a estas citas las galerías inauguran también sus exposiciones, se concentran los coleccionistas, viajan los comisarios y la ciudad se convierte en un formidable tinglado en el que todo se mueve.

Berlín, lo decíamos, es una ciudad de artistas, y el movimiento es relativo. Nada comparable a Londres, que esta semana reúne a todos los poderes del arte en su feria de arte, Frieze, que abre hoy sus puertas al público. La actividad es trepidante. Londres tiene una oferta institucional con la que sólo Nueva York puede competir. Tiene muchas de las galerías más poderosas del mundo; aquí viven coleccionistas del pelaje más diverso, los pertenecientes a milenarias familias aristócratas británicas y los recién llegados magnates rusos del petróleo y del gas que todavía desconocen el idioma. Vienen a Londres los chavales que sueñan con ser artistas, ajenos muchos todavía a la dureza y a la oscura naturaleza de este sector inclemente, y Regent's Park recibe a miles de personas estos días que visitan una de las ferias más atractivas del mundo. Con todas las cartas boca arriba, no hay hoy ciudad que le haga sombra a la capital británica. Además, el público londinense es agradecido y se vuelca en torno este tipo de citas haciendo de ellas verdaderos eventos sociales.


Vista del stand de la galería David Zwirner en Frieze London

El martes inauguró para los profesionales la sección Frieze Masters y el miércoles lo hizo Frieze London. Creada el año pasado y alojada en otra gran carpa de Regent's Park, Frieze Masters está formada por galerías que, aferradas al segundo mercado, muestran arte de todas las épocas, desde alfombras persas hasta grandes lienzos de gestas románticas, desde tablas flamencas a pinturas fauvistas, desde maestas trecentistas a picassos, de kooonings, judds y polkes. La sensación es extraña de inicio, pero pronto cautiva el espacio con su tenue iluminación, la mayor calidad de los muros y un bonito suelo de madera oscura. Por momentos no parece que se esté en una feria de arte. Te lo recuerdan algunos muros recargados en exceso, sin apenas espacio entre pinturas, pero por lo general no se tiene la sensación que sí desprende habitualmente Frieze London, que ayer estaba de bote en bote con gente sólo saludándose sin prestarle atención a nada más.

Al entrar en Frieze Masters, el stand de la galería Acquavella recibe al visitante con dos estupendos picassos. Junto al stand neoyorquino, un extraordinario cuadro de Christopher Wool domina toda la vista hacia la derecha. Todo es aquí más contenido, como anclado en un clima de moderación que propicia un recorrido agradable, tal vez porque tuve la suerte de estar casi solo, pues el resto del mundo se pegaba por hacerse un hueco en la otra feria, que inauguraba entonces. Elvira González, cómoda en un ámbito idóneo para los artistas que representa, combina en su stand esculturas de Chillida y Melotti con obras sobre papel de Dan Flavin y Agnes Martin, estupenda, y una pequeña pieza deslumbrante de Ed Ruscha. Muy cerca, la galería Coll & Cortés presenta vírgenes de madera policromada de los siglos XVII y XVIII que se elevan ante el espectador como si literalmente se le apareciera. Algo forzado. Y es que hay no pocas estridencias a pesar del escenario más bien solemne de Frieze Masters, como la de la galería Koetser, de Zúrich, con cuadros de Peter Brueghel y de Arcimboldo. Los bodegones del pintor flamenco cuelgan del techo protegidos por estructuras de madera en un montaje inverosímil.


Una curiosa manera de colgar brueghels en la galería Koetser, en Frieze Masters

Con esta excentricidad contrastan las grandes galerías de arte contemporáneo neoyorquinas, como Gagosian, Hauser&Wirth o David Zwirner. Las tres presentan stands espléndidos que bien podrían ser pequeñas salas de museo, muy bien iluminadas y espaciosas y con obras de todos los grandes artistas americanos del siglo XX. Merece la pena detenerse en el stand de Dickinson, que en su primera participación en Frieze Masters, presenta paisajes de artistas como Monet, Constable o Claude Lorraine junto a los que cuelgan interpretaciones que de ellos ha hecho el artista brasileño Vik Muniz. Tampoco dejen de ver el stand de Peter Freeman, de Nueva York, con grabados de Corot en diálogo con estupendos dibujos de Lee Lozano y no menos sugerentes collages de Ellsworth Kelly.

Salir de Frieze Masters y entrar en la jungla de Frieze London provoca un sofocón considerable, aunque si por algo se caracteriza esta edición es por la mayor amplitud de los espacios. Hay un menor número de galerías y la feria respira bien a pesar de las hordas de profesionales y curiosos. Hay muchísima pintura este año. MaisterraValbuena ha concentrado gran atención con la cautivadora pintura de Néstor Sanmiguel, y Helga de Alvear dedica su stand exclusivamente a Jorge Galindo que, además, presenta esculturas recientes que tengo la impresión de que pueden gustar mucho al coleccionista anglosajón. En David Zwirner sigue arrasando Óscar Murillo que, a sus 27 años, maneja ya cifras de 6 dígitos. Muchos, entre los que me incluyo, no lo acaban de entender.


Stand de la galería MaisterraValbuena en Frieze London

No es nada fácil ofrecer un relato fiable de lo que debe o no verse en una feria. La calidad es incuestionable y, como ya ocurriera el pasado año, se ha disimilado muy bien esa obsesión por dirigirse a los nuevos coleccionistas rusos, árabes y asiáticos que ya atestan la ciudad de Londres. Veo a Frieze en plena madurez y, si se me permite alguna que otra sugerencia, no dejen de detenerse ante los stands de The Modern Institute -para mí, el mejor stand de la feria con pinturas magníficas de Cathy Wilkes, una artista esencial-, las piezas que tiene Marian Goodman del argentino Adrián Villar Rojas -con individual estos días en la Serpentine Gallery-; el stand de Stuart Shave, poliédrico y loco; los estupendos dibujos murales de Daniel Steegmann en Mendes Woods, el Wilfredo Prieto de Annet Gelink, el siempre sugerente stand de Gregor Podnar, que volverá a ARCO este año y que es una de las grandes galerías de Berlín; el proyecto de Zbynek Baladrán en Hunt Kastner (junto a MaisterraValbuena en la sección Frame), los paisajes extraños de Johanna Calle en la bogotana Casas Rieger, las divertidísimas "piedras" con vídeos en su interior de Jack Strange...