Image: Olafur Eliasson, el firmamento en casa
Reversed Silver Moon, 2010. A la derecha, Jokla Series, 2004
Durante siglos los astrónomos materializaron sus teorías sobre la estructura del sistema solar mediante "esculturas" que mostraban didácticamente las órbitas de los planetas. Johannes Kepler, a caballo entre los siglos XVI y XVII, sufrió una amarga decepción: la equivocación a la que hace tal vez referencia el título de esta exposición, Kepler was wrong. él había soñado, en su obra Misterium Cosmographicum, con un sistema perfecto compuesto por órbitas circulares y poliedros concéntricos, eco de la sabiduría y la armonía divinas. Pero las investigaciones de Tycho Brahe le demostraron que tal modelo era imposible y concluyó, contrariado, que las órbitas tienen forma de elipse. Pero a Eliasson le gustan más los círculos, las esferas o los poliedros y quizá cuando dice que Kepler se equivocó quiere significar que tenía razón al principio. Junto al artista, trabaja desde hace más de una década Einar Thornsteinn, un matemático y geómetra, seguidor del utopista Buckminster Fuller. Con él ha construido diseños espaciales y cristalográficos que derivan, dice, de lenguajes no euclidianos.
Laboratorio de pruebas
Esta faceta utópica es importante en la obra de Eliasson, que afirma tener ambiciones de incidencia social y que se ha mostrado muy cercano a cuestiones medioambientales. Sus propuestas se emparentan más con la idea de "laboratorio experimental" o de pruebas que con la acción en la naturaleza, aunque sí ha practicado la representación de la naturaleza a través de sus fotografías seriales, que tienen también un punto de documentación "científica": en esta muestra se incluye su seguimiento del río Jokla en Islandia (2004).
La creación en el estudio o en la sala de exposición de efectos atmosféricos o lumínicos, entre la realidad y la utopía, persigue casi siempre provocar en el espectador (como casi todo el arte pero con especial intensidad, tienen vocación interactiva) un sentimiento de "maravilla" o admiración. Eliasson estuvo entre los artistas actuales seleccionados en la muestra Máquinas de mirar, que pudo verse en el CAAC hasta hace poco. Y, en efecto, eso son sus esculturas e instalaciones, máquinas bastante sencillas desde un punto de vista tecnológico que propician experiencias visuales. Abundan aquí los espejos y los reflejos, las bombillas y los filtros tintados, las proyecciones y las sombras coloreadas.
En esta ocasión ninguna de las obras tiene la espectacularidad de algunas de sus instalaciones y la mirabilia o la sorpresa perceptual son moderadas. La recreación del cosmos se realiza por vía de la abstracción geométrica y no por la de la sugestión de los efectos naturales, que ha utilizado otras veces. Circunstancias que, aún valorando las intenciones y los logros del artista, nos obligan a hacer un esfuerzo para contemplar las obras como algo más que preciosas lámparas.