Image: Yoko Ono

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Arte

Yoko Ono

Fondazione Bevilacqua la Masa, Venecia. Del 29 de mayo al 20 de septiembre.

29 mayo, 2009 02:00

Imagen de la performance Cut Piece.

La presencia de Yoko Ono en Venecia es incontestable. A su participación en la Bienal se une esta individual en una de las fundaciones más importantes de la ciudad.

Cuando un artista lleva trabajando en primera línea de combate durante 50 años merece un reconocimiento. Primero en Fluxus, luego en el entorno del happening y más tarde en el del arte conceptual, Yoko Ono ha trabajado muchas veces en el silencio, sobre todo en los últimos 30 años, y ha realizado un trabajo personal y sugerente. Ono nació en una de las familias más conocidas de Japón pero no quiso llevar la vida habitual de las gentes de las clases más afortunadas. Estudió filosofía en Japón, algo inédito en la época, marchó a Nueva York en 1952, con 19 años, y se adhirió a la vanguardia más experimental. Son, pues, muchos años de trayectoria, y por eso ha recibido ahora el León de Oro de la 53ª Bienal de Venecia junto a John Baldessari, el premio que otorga la bienal a toda una carrera en el mundo de las artes. Además, el comisario Daniel Birnbaum ha situado una obra suya en un lugar preeminente del Palacio de las Exposiciones (antes llamado Pabellón Italia), un pasillo a la entrada de la exposición que la artista ha activado con un bellísimo trabajo en el ámbito de un conceptual poetizado. Sus "instrucciones" exigen la interacción del espectador, son pequeñas pistas que recuerdan a las ofrecidas por algunos de los conceptuales de primera generación, los que más se acercaron a la poseía entre tanta aseveración radical sobre filosofías analíticas o ligöísticas. En su Sun Piece nos pide que miremos fijamente al sol hasta que éste se convierta en un cuadrado.

Pero donde Ono adquiere verdadera presencia es en la Fondazione Bevilaqcua la Masa, en el barrio de Dosoduro de Venecia. Tiene en la pequeño espacio de la fundación una exposición titulada Anton's memory que viene a ser un pequeño fresco de lo que la artista ha venido haciendo a lo largo de estos años. Hay películas, instalaciones sonoras, esculturas y dibujos. Hay montajes interactivos, y en el centro de todo, dos versiones en filme de su mítica Cut Piece, uno de los hitos de la performance, una de ellas realizada hace 45 años, en 1964 y la otra hace 6, en 2003. En esta pieza, la artista deja que el público vaya recortando partes de su vestido hasta quedarse desnuda. Presentadas una junto a otra, descubre las marcas del tiempo a medida que el vestido de la artista queda reducido a jirones.

Anton's memory versa sobre el recuerdo que Antón tiene de su madre, una mujer que solo aparece en su infancia de un modo esporádico, porque "lo fugaz es la naturaleza esencial de la vida", dice la artista. Es, así, una memoria huidiza que el espectador ha de atrapar en cada una de las salas del bellísimo Palazzo Tito. Pero si los word paintings de Yoko Ono tiene todo el interés, estas instalaciones que presenta en este Palazzo Tito pecan de cierta ingenuidad y resultan un tanto blandas ante la fuerza conceptual y poética de los primeros. Hay algo de sensiblería un tanto excesiva en muchas de las piezas, pero Cut Piece envejece extraordinariamente y nos remite a la mejor performance.