Arte

Los dispositivos teatrales de Alexandra Ranner

Alexandra Ranner

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Garten 2, 2004. Fotografía color

Galería Oliva Arauna. Barquillo, 29 . Madrid. Hasta el 17 de mayo. De 1.500 a 40.000 E.

En esta exposición, Alexandra Ranner presenta dos tipos de obras: de una parte, las "cajas" (así las llama) o maquetas a distintas escalas de espacios arquitectónicos; de otra, dos vídeos protagonizados por cabezas cortadas. Y las fotografías que ha hecho a partir de unas y otros. Son proyectos menos divergentes de lo que a primera vista podría parecer. Todas las obras de Ranner que conocemos parten de la construcción de escenarios. Las más ambiciosas son las grandes cajas que fingen interiores domésticos, que al principio estuvieron cerradas por paneles de metacrilato y luego quedaron abiertas. La idea original fue la de restituir el volumen a fotografías de interiores tomadas por ella, preservando "los elementos técnicos de la imagen fotográfica: luz y perspectiva". En efecto, estos environments no están pensados para ser transitados, sino para ser vistos desde el exterior. Son "imágenes en tres dimensiones"... reducidas de nuevo al plano cuando son fotografiados por la artista.

Como dispositivos visuales, las construcciones derivan de las innovaciones que la perspectiva renacentista introdujo en el diseño de los teatros, con Vignola y Palladio a la cabeza. La inclinación del suelo y la convergencia de las líneas de los muros, así como las puertas, corredores y falsos exteriores, son elementos que toma Ranner para crear la ilusión de profundidad y amplitud. La iluminación, como en el teatro, juega igualmente un papel dramático, y es a veces el único protagonista en escena. Pero en Flur, la caja más grande de las ahora presentadas, se combina una compleja trama de proyecciones, reflejos y voyeurismo: desde el extremo del pasillo que se adentra en una casa, vemos, a través del espejo que se vislumbra tras una puerta entreabierta, a un hombre sentado que mira por una ventana una escena de violencia (que es, de nuevo, puro teatro: pronto se adivina que uno de los contendientes es una marioneta).

Violencia y teatralidad que están también implícitas en Ich habe genug (Ya tengo bastante), vídeo en el que una cabeza cortada entona, a capella, fragmentos de la cantata BWV 82 de Bach, en la que Simeón se muestra dispuesto a dejar el mundo. Ranner elimina los versos de contenido religioso para limitarla a una redundante volición de muerte. La cabeza flota en un canal como la de Orfeo que, arrancada por las ménades, canta aún en el río Hebro. Las orillas de ese canal son ficticias (una nueva maqueta de luz dramática), y en la presentación de la obra en la Kunstverein Ruhr, se intensificaba su condición escénica al contemplarse el vídeo desde la calle a través de una alargada ventana a modo de embocadura. También es falso el paisaje del segundo vídeo, April, más grotesco, en el que varias cabezas se lamentan con el transcurrir de los días. Pero,
¿por qué decapitados? Tal vez porque la "cabeza parlante" es uno de los más viejos trucos de la prestidigitación, género teatral, juego ilusionista.

A Alexandra Ranner (Osterhofen, Bavaria, 1967) la conocíamos en España por su anterior muestra en la galería Salvador Díaz (2003) y por su presencia en ARCO con la galería Six Friedrich Lisa Ungar. Fuera de su país ha expuesto en Holanda, Austria y Canadá, y participó en 2001 en la Bienal de Venecia (Platea dell’umanità) y la Trienal de Yokohama. Su trabajo presenta gran riqueza de lecturas, y conjuga la reflexión sobre la mirada y los dispositivos que la dirigen, con un sentido dramático que se expresa tanto en las formas como en los contenidos.