Arte

Los tesoros del arte conventual

Clausuras

Publicada

Carreño de Miranda: Cinco religiosas concepcionistas franciscanas

Comisaria: Áurea de la Morena. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Hacía mucho tiempo que la Academia, tan estratégicamente situada, no llenaba. Está claro que el gran público aprecia este tipo de muestras, y las cifras alcanzadas por las distintas ediciones de Las edades del hombre y sus variantes así lo demuestran. Los visitantes de estas exposiciones son en gran medida "otros", y el montaje actual revela que se ha tenido en cuenta esa particularidad: paneles y cartelas se limitan a glosar la iconografía y el contenido religioso. Parece haberse obviado que la exposición (organizada por la Comunidad de Madrid) no se destina a una catedral sino a un museo de arte. No obstante, si nos abstraemos de la presentación abiertamente confesional seremos capaces de disfrutar de algunas obras de gran calidad y nos acercaremos al "ambiente estético" de las grandes fundaciones monásticas femeninas en el Barroco. En España, adalid de la Contrarreforma -que marcó el desarrollo de nuestro Siglo de Oro-, reyes y nobles fundaron, protegieron y financiaron conventos de clausura en los que las más devotas de sus hijas o hermanas (además de sus bastardas y sus viudas, socialmente excluidas) se encerraban de por vida, gozando aún de los privilegios que su clase y sus donaciones les conferían. En 1760, como menciona la comisaria, había en Madrid 40 de hombres y 31 de mujeres, a los que había que sumar los de los pueblos de la Comunidad. Las guerras, la desamortización de Mendizábal y el traslado de las piezas más destacadas al Museo de la Trinidad (y después al Prado) supusieron una mengua notable de los tesoros conventuales, pero aún hoy hay obras importantes en los conventos de Madrid, con las Descalzas y la Encarnación a la cabeza. A falta de museo diocesano madrileño y pendiente de finalización el Inventario artístico de los bienes muebles de la Iglesia católica, se nos ofrece un atisbo sobre esos interiores impenetrables. La selección realizada por Aurea de la Morena (catedrática de Historia del Arte en la Complutense, que los ha frecuentado durante décadas), sin ser en su totalidad del más alto nivel, traslada, atenuados, los vertiginosos altibajos estéticos que suelen darse en templos y claustros, y refleja la variedad de soportes característica del arte conventual; además, constituye un breve repaso a la pintura madrileña del XVII.

A la entrada se ha situado estratégicamente una de las joyas de la exposición: el retrato de sor Ana Dorotea de Austria, de Rubens, procedente de las Descalzas; a pesar de los repintes y de la posibilidad de que sea copia de un cuadro de la colección Wellington de Londres, es una pintura bellísima. También son de gran interés el retrato de las cinco hermanas que profesaron en Alcalá de Henares, atribuida a Carreño de Miranda; el de una religiosa trinitaria, anónimo de aire velazqueño; la Estigmatización de San Francisco de Giordano; el dramático Cristo yacente de Camilo; el Salvador de Pereda; un Ecce Homo de Escalante hasta ahora inédito; o el "trampantojo a lo divino" que representa a la Soledad de Becerra. El conjunto compone un repertorio abreviado de formatos artísticos y artesanales para la devoción que no se analiza en la exposición y sólo se estudia, en el catálogo, en lo que se refiere a las artes decorativas. Habría sido enriquecedor para el espectador conocer el uso de las imágenes, su tipología, si fueron ideadas para lugares concretos, cómo se relacionan con la historia de los cambios religiosos...

Las fotografías de Gloria Rodríguez sólo se justifican por la mencionada confesionalidad de la muestra.