Image: Loris Cecchini, después de las ruinas
Gaps, 2004
El año pasado Loris Cecchini (Milán, 1969) construyó en el parque próximo al ZAT (Zone Artistiche Temporanee, Gallarate) un cubículo translúcido para la lectura encaramado a un árbol. En esta exposición encontramos refugios similares en dos maquetas: en una, la base sigue siendo un árbol, sólo que la construcción conecta con las ventanas de un edificio, y en otra, el soporte es un poste del tendido eléctrico. Imposible no recordar al genial barón rampante de Italo Calvino, dendrita ilustrado que decidió a tierna edad no volver a poner los pies en el suelo. En las obras que hemos conocido de Loris Cecchini en estos últimos años hay, como en la novela citada, algo de fábula, no tanto moralizante cuanto histórica, y más melancólica que humorística. En estos tiempos, caracterizados por la velocidad de los cambios, la realidad se desdibuja y pierde consistencia. Objetos blandos que se desmoronan, saltos de escala desconcertantes en fotografías trucadas, pantallas que distorsionan la visión... hubo un momento en que Cecchini lo redujo todo a ruinas. Ahora reconstruye a partir de ellas. Con precaución: habitáculos frágiles, tal vez efímeros, pero bien sustentados por estructuras y mallas. Le resulta necesario definir la relación entre objeto/persona y arquitectura, un vínculo que se hace problemático. En la sala central de la galería, la pared ha engullido una escalera de tijera y un extintor, y se está tragando una silla. Parece que los muros no son de fiar, así que el artista propone otros alojamientos: aquí, el refugio colgante y la caravana. Vivir sobre ruedas es otra manera de suspenderse sobre el aire.Tanto en los grandes collages -que evocan la mesa de trabajo del diseñador, con bocetos y muestras de materiales- como en las esculturas, se introduce la idea del "encapsulado"; por otra parte, el artista confiesa su interés por la interacción entre realidad y virtualidad (digital) y, así, las mallas que dibujan las caravanas, traslación a PVC de las líneas del software de proyección tridimensional, mantienen en cierta medida su condición "irreal" originaria, de manera que esas casas rodantes pueden ser entendidas como espacios mentales. Proyecciones imaginarias pero tangibles, cápsulas individuales para el monólogo interior (pertenecen a la serie Monologue Patterns). Si los muebles y las cosas de goma blanda funcionaban, en sus palabras, como fantasmas de objetos, aquí tenemos sin duda fantasmas de arquitecturas. Espectros que, en la sala del fondo, donde se muestra la caravana, se manifiestan -no podría ser de otra manera- fantasmagóricamente, cubriendo las paredes de una sombra entretejida que también toca al espectador y que presta al mundo que conocemos un patrón de irrealidad. Es cierto que estas caravanas (ha hecho siete) no tienen ni mucho menos el atractivo de sus construcciones con tubos retorcidos y paredes de policarbonato prismático (vimos una en ARCO el año pasado), mas comparten la voluntad de ser "umbral" entre dos dimensiones.