Image: Riesgo detrás de la cámara

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Arte

Riesgo detrás de la cámara

PHotoEspaña 2004. Nieva Negro

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David Cronenmberg: Fotograma de camera, 2000

Comisario: Pablo Llorca. Fundación Canal. Mateo Inurria, 2. Madrid. Hasta el 22 de agosto

El director de cine y crítico de arte Pablo Llorca ha sido el encargado de componer la breve suite de "historias" que, bajo el título de Nieva negro, se acercan a "un aspecto particular del panorama contemporáneo del audiovisual canadiense". La muestra requiere del espectador algún conocimiento previo de ese panorama, de una riqueza extraordinaria tanto en los territorios del cine como del vídeo y la fotografía, lo cual es mucho requerir, aunque las películas de Atom Egoyan y Cronenberg se hayan visto en salas comerciales: lo que se nos ofrece en el Canal no es un recorrido generoso por lo mejor y más representativo de tal ámbito, sino un puñado de excentricidades o anécdotas. Tremendamente interesantes, algunas de ellas, y otras, productos menores de buenos artistas... los cuales presentan, además, obras realizadas con técnicas que no son las habituales en ellos. Lo que sí aporta la exposición, y que escasea en otras sedes del festival, es experimentación y riesgo artístico, que hay que valorar positivamente.

El apartado fotográfico es muy flojo, especialmente teniendo en cuenta los fantásticos artistas que trabajan en este medio en Canadá. Las pupilas de Michael Snow situadas en el exterior de la sala, así como sus fotogramas de vacas en el interior son insulsas; las ancianas con sus fetiches de otros tiempos de Donigan Cumming, vistas. El vídeo-reality-instalación (dos monitores) de Egoyan, en el que la simpática Marie-France se acuerda de su mamá, conmovedor pero tedioso y estático. No está mal el vídeo de Cronenberg, en el que un viejo actor (Les Carlson) teme a una vieja cámara, ladrona de años, y es divertida la tonta comedia de mamporrazos del dibujante Marcel Dzama (también en Arte termita... en el ICO). Esta última comparte con lo mejor de la muestra, las obras de Mike Hoolboom y Guy Maddin, marginales y subyugantes, el remedo de distintos estilos cinematográficos de cuando el cine era mudo y en blanco y negro. Hoolboom relata con fragmentos de célebres películas un futuro en el que no habrá ya realidad sino sólo imágenes, y Maddin despliega a la manera del expresionismo alemán un folletín tremendo de mujeres fatales, con sexo y venganza, que se atisba desde pequeños agujeros en la pared.