Image: Críptico Juan Luis Moraza
Agalma (espiraloide tórica), 2002. 100 cm
Preocupado por la formulación de una teoría del conocimiento artístico, Juan Luis Moraza (Vitoria, 1960) defiende una interconexión entre saber, amor y capitalismo que me siento incapaz de transmitirles en dos líneas -tienen en la galería una nota a su disposición-. Ya antes hizo un uso muy intelectualizado de la ironía para plantear argumentos, sin duda certeros y documentados, pero aquí se le ha ido definitivamente la mano. Confío en que los visitantes sepan entender y percibir mejor que yo estas obras, porque de no ser así habría que hablar de fracaso comunicativo. La muestra la integran unas pequeñas esculturas realizadas con moldes del interior o el exterior de bocas, aisladas o unidas en un beso; unas fotografías de telescopio del asteroide Eros, traído a colación sólo por su nombre y su extraño aspecto biomórfico; varias imágenes autoestereográficas, en las que hay que desenfocar la visión para ver unas formas escondidas, eróticas, cubiertas por líneas que reproducen choques de partículas y dibujos de primates (confieso que estuve media hora poniéndome bizca y dando pasitos adelante y atrás sin conseguir ver nada); y un vídeo de 70 minutos, "pseudodocumental" en el que se escucha una supuesta conferencia pronunciada en Madrid por Lacan en 1973 (parece clara una intención mordaz), acompañada por imágenes también superpuestas y borrosas en las que domina el recorrido por una especie de mantra de naipes con palabros. Es un galimatías casi imposible de seguir, que más vale repasar, transcrito, en el folleto. Moraza aboga, frente al consumo apresurado del arte, por la dificultad y la complejidad, y tiene razón, pero no debería llegar al punto de frustrar tan completamente las expectativas del espectador. No creo que esta sea la más eficaz estrategia para suscitar un debate que aspire a tener algún alcance.