Image: Mimbres del arte español

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Arte

Mimbres del arte español

La gran colección de Caja de Burgos inaugura espacio

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Vista del interior del nuevo espacio de Caja Burgos con piezas de Victoria Civera y Paloma Navares

El 31 de octubre se inaugura el CAB, Centro de Arte Caja de Burgos, tras algo más de año y medio de obras. La entidad bancaria, que lleva quince años llevando el arte contemporáneo a la ciudad, emprende un proyecto más ambicioso, con mayor visibilidad y más actividades. Hemos visitado el nuevo edificio: les acercamos al continente y al contenido, una importante colección de arte español.

Cada día se hace más evidente el peso de las Cajas de Ahorro españolas en el ámbito artístico. La obligatoriedad de hacer que una considerable parte de sus beneficios revierta a las comunidades en las que están instaladas, a través de la llamada Obra Social, no sólo ha contribuido a dar servicios educativos, asistenciales y culturales, sino que ha tenido consecuencias relevantes para el tejido del arte contemporáneo. Son muchas las Cajas que desarrollan actividades artísticas, aunque unas mucho mejor orientadas que otras. Piensen en los varios centros de "la Caixa", en Caja Madrid, Caixa de Catalunya, Kutxa, BBK, Bancaixa, Caixa Galicia... Y Caja de Burgos, que inicia una nueva etapa con el CAB.

No es uno de los nuevos centros espectaculares de generación espontánea. Culmina un proceso que se inició en 1987 con la restauración de la Casa del Cordón, en la que se habilitó un espacio para exposiciones, y que se aceleró en 1992, cuando Rufo Criado, actual director del CAB, se pone al frente de la nueva sala, Espacio Caja de Burgos, que rompe con la un tanto rancia línea anterior. Casi 80 exposiciones se han hecho en el Espacio, a menudo con proyectos o instalaciones específicas, y en todas ellas se ha procurado comprar una obra al artista. Además, se han realizado adquisiciones en Arco y en galerías hasta llegar a las 300 obras. Todas de artistas españoles de los ochenta y los noventa, y en cierta proporción piezas relevantes. Esta colección era apenas conocida (salvo por préstamos puntuales para exposiciones de otras instituciones) hasta que se presentó en mayo de este año una selección de la misma en el Círculo de Bellas Artes, como prólogo de la apertura del CAB.

El centro se va a dedicar íntegramente en estos primeros meses a la colección. Posteriormente, aunque no se haya establecido un uso rígido de los espacios, las dos plantas sobre el nivel de la calle alojarán las exposiciones temporales y en las dos bajo tierra, Nivel -1 y Nivel -2, rotarán las obras propias (en la inferior se planea dar especial cabida a las nuevas tendencias). En esta entrega se han seleccionado unas 75 obras, ordenadas no según criterios cronológicos (no hay grandes distancias temporales entre ellas) sino por afinidades estéticas o tendencias. El recorrido comienza en la planta primera y sigue una dirección descendente. El visitante ingresa en la zona más alta del primero de los tres paralelepípedos y pasa a los otros dos a través de pasarelas flotantes desde las que puede contemplar la ciudad. La planta baja repite esta estructura, y las dos subterráneas son casi diáfanas, con unos generosos compartimentos para proyección de vídeo y obras de carácter más íntimo.

Y ¿qué tipo de obras encontramos? Pues no exactamente las que estamos acostumbrados a ver en las revisiones expositivas o en las colecciones correspondientes a estos últimos veinte años. Rufo Criado, que como artista conoce los mecanismos del mercado y las instituciones artísticas, ha defendido a través de su tarea curatorial al creador como individuo, como corredor de fondo no siempre en sincronía con el ritmo que marca el entorno. En el Espacio Caja de Burgos han expuesto muchos de los artistas más relevantes y de mayor éxito (a veces un éxito posterior) del momento, pero también otros que, con una trayectoria seria, ni trabajan con las galerías punteras ni han accedido a otros centros. Es, si se quiere, un panorama más fidedigno que otros de lo que se ha estado haciendo en España, pero es también un panorama con desniveles. En esta presentación hay muy buenas obras de Uslé, Pérez Villata, Juan Muñoz, Chema Cobo, Javier Vallhonrat (uno de los artistas mejor representados en la colección, con veinte obras), Plensa, Badiola, Schlosser, Solano, Barceló, Aguilar, Lootz, Villalba, Amondarain, Verbis, Montserrat Soto, Julia Montilla... Hay espacio también, y adecuado, para las piezas de componentes tecnológicos, con instalaciones de Eulalia Valldosera y Daniel Canogar, y vídeos de Javier Pérez (uno de los primeros) y de Sergio Prego (el último, impresionante, en primicia para España). Son, en fin, artistas de distintas generaciones y de distinta filiación que se entremezclan, de la misma manera que, por estar todos en activo, les vemos coincidir en galerías y en ferias. Tal vez sería deseable una opción más clara por unas u otras tendencias, lo que favorecería una lectura más lineal y seguramente más contundente, pero no es mal ejercicio intentar asumir este criterio que pretende evitar el reduccionismo.

El equipo que conduce el CAB, con Criado y Emilio Navarro (recordarán su galería en Madrid y su actividad como director de la feria toledana Tránsito) al frente, prepara la programación venidera (unas diez muestras anuales), que comenzará con una exposición de Paloma Navares y una selección de artistas, sobre todo orientales, que han participado en el Salón Digital de Nueva York; más tarde, llegarán las obras de Roland Fischer sobre el Camino de Santiago que ahora están en el CGAC y un proyecto de Marisa González. Pero para ir abriendo boca, la inauguración se acompaña de un conjunto de intervenciones urbanas encargadas a Jesús Palomino y Alberto Peral, Chema Alvargonzález, Marchesi, Mayte Vieta, álvarez Cuenllas y Carmen Cámara, y de un programa de vídeos musicales realizados por artistas, que podrá seguirse en la sala polivalente del Nivel -2.