Image: El recuento de los ausentes

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Arte

El recuento de los ausentes

SIETE ARTISTAS MUESTRAN EN CASTELLÓN SUS OBRAS SOBRE LA MEMORIA

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Chris Marker: Silent Movie, 1994-95. Vídeo

Lugares de la memoria. Espacio de Arte Contemporáneo de Castellón. Prim, s/n. Castellón. Hasta el 10 de junio

El Espai d´Art Contemporani de Castelló cumple el próximo primero de junio su segundo aniversario. Se culmina ahora la primera etapa de un centro que, desde la periferia y con medios más o menos modestos, se ha empeñado, meritoriamente, en defender una línea expositiva, expresada, hasta ahora, en ocho exposiciones temáticas agrupadas en un ciclo que se ha titulado Siete propuestas y un epílogo para el final del milenio. Lugares de la memoria sería, pues, ese epílogo a los temas y posiciones artísticas tratados anteriormente: la tecnología, la violencia, el feminismo, la arquitectura, la narratividad, la espiritualidad.

La memoria. En principio, sólo un concepto, una palabra de la que han abusado muchos artistas deseosos de dar un contenido a sus experimentos modernos y más o menos vacíos. ¿Quién no la ha visto escrita, bordada, tatuada o en relieve en alguna obra absolutamente intrascendente? Que la memoria no es elocuente como pura abstracción vienen a demostrarlo los artistas seleccionados para esta exposición, que la ejercen en referencia a situaciones personalmente vividas, o a situaciones y acontecimientos que pertenecen a la memoria colectiva de una comunidad; o ambas cosas a la vez. Y se trata muchas veces de recordar lo ausente, lo que la memoria oficial prefiere omitir.

José Miguel Cortés, comisario de la exposición, ha querido contar con sólo siete artistas (tres latinoamericanos, tres europeos y un español) para exponer esta temática susceptible de tantas variantes. Podrían haber sido otros y, desde luego, muchísimos más, pero, en consonancia con el tipo de exposiciones que se vienen montando en el EACC, se ha preferido optar por un "muestreo" que sea lo suficientemente representativo y en el que, a la vez, las voces individuales de los artistas no queden enmudecidas por la acumulación. En esta personal selección de Cortés se ha privilegiado, por otra parte, una memoria dramática, con un componente político bastante acentuado, y con un peso considerable de la imagen audiovisual.

La exposición se abre con una instalación realizada para el EACC por el polaco Miroslaw Balka, simple pero efectiva. Es una larguísima guirnalda hecha con papel de periódico pegado con engrudo. Al acercarnos, descubrimos que se trata de páginas de esquelas, un fúnebre contenido que quiebra súbitamente el carácter festivo de la forma escogida para presentarlo. A continuación, encontramos las esculturas de Doris Salcedo, de su serie La casa viuda, título que hace referencia a las casas de asesinados y desaparecidos en Bogotá, que conservan la presencia de los ausentes. Son escalofriantes fragmentos de mobiliario en los que han quedado literalmente incrustados huesos humanos y girones de vestidos, recordando una vez más la historia de Antígona, la de los muertos no enterrados. Eugenio Dittborn despliega sobre el muro algunas de sus Pinturas aeropostales que, plegadas en sobres en los que se recogen los itinerarios realizados (que se exponen junto a las pinturas), viajan a distintos países con motivo de las exposiciones en las que participa el artista. Vencer el aislamiento y el confinamiento internacional es el objetivo de estas pinturas de denuncia política, compuestas de serigrafías, sobre algodón o entretela, de imágenes personales o extraídas de los medios impresos, dibujos, textos "encontrados"...

Dentro ya del capítulo audiovisual, cuenta la exposición con un documento importante, Histoire(s) du cinéma de Jean-Luc Godard, en la que el director francés da cuenta, a lo largo de cuatro horas y media, de una intrasferible y no del todo inteligible historia del cine, un collage de imágenes y sonidos disociados, en la que él mismo reaparece constantemente. Importante, pero, en mi opinión, bastante tedioso. Todo lo contrario de los trabajos del también francés Chris Marker, en los que se concentra el amor a la vida, la felicidad pasada, la capacidad de evocación, en imágenes en blanco y negro bellísimas. La Jetée (1962) es una prodigiosa narración construida con imágenes fijas, acompañadas de una voz en off y de música, en la que un hombre viaja en el tiempo desde un presente terrible en un París devastado por la tercera guerra mundial. Es absolutamente maravilloso cómo ese hombre vuelve a ver la luz, las cosas hermosas, vuelve a tocar, a sentir el calor, a amar. Es una canción a los dulces placeres de los sentidos, que encontramos también en su videoinstalación Silent movie (1995), cinco monitores colocados en vertical en los que desarrolla una sinfonía con cinco motivos: el viaje, el rostro, el gesto, el vals y las palabras, que aparecen escritas en el monitor central como en las películas del cine mudo.
La planta superior de la sala se ha dedicado íntegramente a Antoni Muntadas, con dos vídeos en los que desmenuza respectivamente la historia de la publicidad electoral estadounidense y la historia de la televisión española, y con dos series de montajes fotográficos en los que muestra lugares de poder o de importancia histórica en distintas ciudades, junto a las actividades humanas que les han otorgado ese poder o esa importancia. Son documentos interesantes, pero es tan grande su peso precisamente como documento que realmente se acercan más a lo periodístico que a lo artístico.

Se cierra la nómina de artistas con el cubano Félix González-Torres, del que volvemos a ver su Amantes perfectos (la famosa pareja de relojes) en la biblioteca del centro, además de una serie de doce fotografías sobre las inscripciones que rodean el monumento a Theodore Roosvelt en Nueva York, en las que cuestiona las ideas sobre lo que debe ser un gran hombre americano. Pero su obra excede el recinto del EACC y sale a la calle en forma de vallas publicitarias (cinco, en distintos lugares de la ciudad y un gran vinilo ante la fachada) con una imagen que se repite: la de la cama deshecha que guarda la huella de dos cuerpos (de nuevo la memoria de los objetos), en la que el artista quería protestar contra las intromisiones en la intimidad que la ley estadounidense había aprobado en aplicación a los homosexuales.

En conjunto, ésta es una exposición breve pero bien trabada, dura e incluso fría. Formas de la memoria dolida que expresa con rabia contenida, en palabras de Cortés, "las tragedias individuales y colectivas de una época excesivamente bárbara".