Image: 7 habitaciones cocina y 2 Baños
Homenaje a Alvarez del Manzano de Juan Ugalde
Relatores 9, 2º izquierda. Madrid. Se acaba de abrir al público Doméstico, un espacio alternativo en el que diez artistas, unos más jóvenes que otros, todos conocidos, se han enfrentado al reto de intervenir en cada uno de los espacios de una vieja casa. Es una iniciativa fresca, al margen de las presiones y las exigencias del mercado y de las instituciones, que quiere convertirse, durante tres meses, en punto de encuentro y de complicidad.
Nunca ha sido el arte español muy aventurero. Casi siempre al remolque de los impulsos externos, casi siempre con un espíritu aburguesado, muy apegado al hasta no hace tanto raquítico comercio artístico, casi siempre sumiso ante las políticas institucionales. Naturalmente, muchos artistas rechazan este estado de cosas, quieren moverse en ámbitos menos jerarquizados y más abiertos a propuestas diferentes. Los espacios alternativos deben canalizar ese deseo de los artistas de dar a conocer proyectos en principio no comerciales, que se salen de lo que las galerías y los coleccionistas esperan de ellos, e incluso de lo que las salas institucionales están dispuestas a avalar. Pero estos espacios son prácticamente inexistentes en Madrid. Ha habido tentativas, pero la falta de medios las ha frustrado las más de las veces.Doméstico supone un humilde paso adelante hacia la viabilidad de los espacios alternativos. Sus promotores, Andrés Mengs (diseñador de montajes de exposiciones y de catálogos de arte), Giulietta Speranza (coordinadora de exposiciones en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía) y Virginia Torrente (conservadora de la Colección Arte Contemporáneo) aúnan experiencia en la organización de eventos artísticos, entusiasmo por el arte actual y capacidad de convocatoria. Mengs y Torrente formaron parte del grupo que puso en marcha Doblespacio, la inusual doble galería de la calle San Pedro que durante algo más de un año dio la oportunidad de exponer por primera vez sus obras a un buen número de artistas jóvenes, junto a otros bien conocidos y que tuvo que cerrar sus puertas en abril del año pasado. De esta experiencia les quedó el gusanillo de continuar impulsando aquello en lo que creen y en la primavera pasada concibieron este proyecto, que pusieron en marcha en cuanto consiguieron una pequeña aportación de Visual, la agencia que gestiona los derechos de autor de los artistas españoles. Más adelante consiguieron ayudas de algunas empresas para producir determinadas obras. Esta no es en absoluto para ellos una aventura interesada: no sacan una peseta del asunto. Lo que se dice amor al arte. Y, sobre todo, complicidad con los artistas.
Una vieja casa en el centro
Giulietta Speranza disponía de un piso vació en la calle Relatores, una pequeña travesía que sale de la calle Atocha, muy cerca de las plazas de Tirso de Molina y de Jacinto Benavente. Es una casa de principios de siglo, con 160 metros cuadrados y con "siete habitaciones, cocina y dos baños". La casa había sido vivienda, taller de artistas, sede de una productora cinematográfica... Aunque muchas galerías se han instalado en pisos, siempre se ha intentado limar ese aspecto doméstico con redistribución de tabiques, adecuado tratamiento de pavimentos y muros, iluminación... Aquí se ha evitado todo eso. Con una simple lavada de cara a la casa, los espacios quedaron listos para las intervenciones.
Mengs, Speranza y Torrente se pusieron de acuerdo en los artistas que querían que participasen y, tras las llamadas de rigor, todos aceptaron la invitación. La idea era que cada uno de los diez creadores seleccionados hiciese una pequeña instalación en la sala asignada, y que sus propuestas dialogaran unas con otras. Un amistoso duelo artístico.
Cada uno en su cuarto
Ya en la puerta de entrada, Darya von Berner, preocupada por nuestras "neuras" ante las posibles invasiones de la intimidad, ha taladrado 68 mirillas a través de las cuales el interior puede ser observado desde fuera, pero no al contrario, y en una de las dos salitas que tienen balcón a la calle, ha instalado 42 alarmas lumínicas que se disparan cuando el visitante penetra en el espacio y se sienta en unos sillones allí emplazados. En la otra sala con balcón, Florentino Díaz, artista que viene trabajando hace tiempo sobre lo doméstico, ha dibujado con sus ya clásicas tablillas de cajas de frutas (marca "Casa Fruit" en este caso) el plano de la casa, que se reproduce también parcialmente en una mesa hecha igualmente de tablillas. Junto al distribuidor, Txuspo Poyo recuerda su infancia, días de cine y dulces, con olores de mantequilla y chocolate que son expelidos por unos dispensadores en los muros y con una fotografía en la que se repiten las palabras "NODO" y "FIN", que nunca faltaban en cualquier proyección cinematográfica. La primera habitación del largo pasillo correspondió a Santiago Mayo, que ha dispuesto en el suelo una de sus pequeñas esculturas con luz, titulada Puesta de sol en el Atlántico, en la que el mar se comprime en la tapa de una caja de crema de manos y el sol en una de esas pequeñísimas bombillitas que utiliza habitualmente. A continuación, Laura Torrado evoca los antiguos papeles pintados con una bella multiplicación de la imagen de un magnolio en flor, en el que las ramas se entrecruzan a través de los muros creando diseños a veces sorprendentes. En el pasillo, Elizabeth Aro ha suspendido un grupo de esculturas de madera en forma de casa sobre unos cables tensados en la parte alta de las paredes.
En este punto, el pasillo se quiebra a la izquierda y nos asomamos al cuarto de Simón Pacheco, todo pintado de blanco y, en la pared del frente, una fotografía distorsionada y físicamente quebrada de dos personas en un banco. Al fondo de este tramo de corredor, el "dormitorio" de Eugenio Ampudia, con un colchón en el suelo en el que se proyecta un entrecortado revolverse de sábanas acompañado por un casi irreconocible fragmento de La Flauta Mágica de Mozart, el aria de la Reina de la Noche. Junto a un pequeño patio quedan los baños y la cocina. En los estrechos retretes, Juan Ugalde rinde Homenaje a álvarez del Manzano empapelando con fotos suyas las paredes y poniendo a disposición del visitante un bote con lápices para que atente contra su impoluta imagen. El recorrido se cierra con sorpresa: Elena Blasco simula con un hule impreso digitalmente un enorme trozo de carne sanguinolenta (charquito de resina incluido en el suelo) que, para más inri, vive: escuchamos sus latidos. Es, según dice ella, el estómago de la casa.
Punto de encuentro
El nivel de calidad de lo presentado es, desde luego, digno, y algunas de las obras realmente muy buenas. La selección de artistas no pretendía ser ilustrativa de ningún principio, asunto o tendencia. Los organizadores han obedecido simplemente a sus preferencias personales -son muy libres de hacerlo, puesto que no deben rendir cuentas a nadie- y han considerado la capacidad de esos artistas para intervenir en un espacio, escapándose un poco del tipo de obras que normalmente producen.
Por otra parte, esta casa pretende convertirse, durante los tres meses que estará abierta al público (de martes a sábado y de 5.30 a 9.30 de la tarde) en lugar de encuentro. De martes a jueves los visitantes podrán sentarse a ver vídeos de artistas (Manuel Sáiz, Campanilla, Pilar Albarracín, Libres para Siempre...). Y se ha elaborado un programa para los fines de semana en el que habrá actividades relacionadas con la fotografía (Guido Anderloni), con el dibujo (La Cabeza Caliente), la música (Destroy Mercedes, una sesión de DJ´s), la performance (Juan Galdeano, Vallaure y Lamata, Koniec), el diseño (Alfombras Lapastora, Simone Nicotra, Elena Rohner, Nelson B.), la danza (Gisella Johnson)...
Cuando el 20 de enero Doméstico quede desmantelado, ya se estará buscando una nueva sede para la edición del próximo año.