Arte

Rafael Moneo

"Me han situado entre fuegos cruzados"

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Hoy se inaugura en el Prado una pequeña exposición en la que se da a conocer el proyecto "definitivo" de Rafael Moneo para la ampliación del museo. Esta actuación lleva camino de convertirse en la segunda "obra de El Escorial". El proceso está siendo tremendamente lento, un camino sembrado de minas. Un primer concurso declarado desierto, una segunda convocatoria en la que el Patronato estableció unas bases férreas, unos evidentes intereses políticos, la Iglesia que tercia, un ganador anunciado, una desafortunada presentación en el Club Zayas y la muy reciente presentación de Moneo en el Círculo de Bellas Artes, con la oposición del Patronato, y un chaparrón de críticas, desde la prensa y desde la opinión pública, a la propuesta del arquitecto, que se siente en el centro de fuegos cruzados.

Moneo nos recibe, con Rodrigo Uría, presidente en funciones del Patronato del Museo del Prado, en su estudio madrileño, empantanado de planos y maquetas, de claustros, cubos y críticas. Moneo está preocupado. La polémica en torno a su proyecto de ampliación le ha hecho cambiar varias veces sus propuestas y a partir de ahora va a defenderlo a capa y espada. Y el Patronato va a estar con él. Bajo ese aspecto humilde y monacal, Moneo esconde tozudez, rebeldía y orgullo en dosis notables. Y quiere hablar, se muestra ansioso por defender a toda costa su proyecto y necesitado de darlo a conocer en sus últimos detalles. El arquitecto considera que las críticas han arreciado antes de conocerse el proyecto en su totalidad y que los elementos más discutidos estaban impuestos en las bases del concurso.

"Si no se amplia, se muere"

Para empezar por el principio, tal vez hay que cuestionarse la necesidad de ampliación del museo, más que dudosa para muchos expertos. "Si no se amplía, el Prado se muere", dice rotundo Rodrigo Uría. Y añade: "Hay dos situaciones insostenibles hoy en el Prado: es el único museo del mundo que tiene que descolgar su colección permanente para poder hacer exposiciones temporales, no siendo un museo histórico. El Prado no es el Metropolitan, que abarca desde los etruscos hasta el arte pop, por poner un ejemplo de museo histórico. No, en el edificio de Villanueva tenemos tres siglos y medio de pintura y todo es esencial. Todos los cuadros colgados, y trescientos más que no caben, son fundamentales. No hay nada menor. Y en el proyecto de Moneo el dichoso cubo soluciona esto perfectamente. La otra situación insostenible es la que se refiere al llamado "Prado oculto", que no es tan grande como se ha dicho, pero que es importante. Yo he trabajado en el Patronato al lado de cinco directores del museo y a todos les he preguntado lo mismo: ¿cuántas obras de nuestros almacenes merecen ser colgadas en Villanueva? El más tiquismiquis me ha dicho que noventa y, el menos, que trescientas. Bueno, pues ahora podremos incorporar trescientas a lo expuesto y el resto podrá estar también colgado para los investigadores. Igualmente son necesarios la cafetería, las tiendas, servicios, biblioteca... todo eso nos lo da el ‘cubo’. Va a hacer posible un drenaje continua de unas ochocientas personas".

-Señor Moneo, su proyecto ha recibido críticas que se dirigen fundamentalmente a tres aspectos: la ampliación por la parte de atrás del edificio de Villanueva, la ocultación del claustro y el aspecto exterior del llamado "cubo".
-La publicación en distintos medios del proyecto se ha hecho con mala fe, mostrando sólo el nuevo edificio. Pero la ampliación no es sólo eso, es todo lo que hay por debajo de él, de la calle y del edificio de Villanueva. De los 16.000 m2 sólo hay 4.000 por encima de rasante. Uno de los mayores errores que se han cometido en los medios es presentarlo como un proyecto que llevaba la entrada del Prado a la parte de atrás. Al contrario, lo que he hecho es proponer la apertura de la puerta de Velázquez, que ahora sólo se usa para el auditorio. Históricamente el museo ha crecido hacia el Este, hacia atrás. Así lo vieron la mayoría de los 700 estudios de arquitectura que concursaron en la primera fase. La continuidad es clave para que se mantenga la integridad del museo, y esos espacios posteriores no sólo enlazan los distintos edificios sino que asumen todas esas funciones que el museo ahora necesita: auditorio, biblioteca, restaurante, tienda, información, guardarropas, aseos. Y el paso a las salas de exposiciones temporales, que es una de las razones principales por las que se hace esta ampliación. En superficie probablemente habrá algún gesto en el pavimento que permita enlazar visualmente los dos edificios. Pero nuestros detractores, o no sé si llamarlos nuestros enemigos, dicen que el ingreso al museo se va a realizar por detrás del edificio de Villanueva. No es verdad. Por allí podrán entrar los grupos, por ejemplo, para no bloquear las entradas principales, o quienes van a ver las exposiciones temporales, o quienes quieran tomar simplemente un café, o pasar a la tienda.

-¿Qué es lo que esta ampliación aportará al funcionamiento del museo?
-Lo que el Prado necesita con urgencia son salas de exposiciones temporales y poder atender correctamente a todos sus visitantes. Con la ampliación a los Jerónimos el Prado va a potenciar muchísimo su condición de "máquina académica". El museo ha de ser también un centro de estudios, con una buena biblioteca, con almacenes visitables por los estudiosos. Pensemos por ejemplo en las colecciones de dibujos, que ahora están encerradas en "cajas fuertes". Los dibujos de Goya, en concreto, constituyen un material artístico de primer orden que debe tener una mayor accesibilidad, y así, hemos dedicado uno de los ángulos del nuevo edificio en los Jerónimos a su exhibición.

»Por otro lado, en este momento las tiendas están mal situadas, por no hablar de la cafetería. Y pensemos en problemas más prosaicos, como por dónde sacar las basuras, o dónde se cambia de ropa el personal. Con la reforma de la planta superior se desplazaron todos los servicios que se situaban allí. El taller de restauración está ahora en unas salas contiguas a la entrada de Goya que deberían estar dedicadas a mostrar la colección. Esto no tiene sentido.

-Hasta el momento, el aspecto que mayores críticas ha suscitado es el aspecto exterior del nuevo edificio, calificado de "cubo".
-Hablar del "cubo" de los Jerónimos me parece una simplificación desgraciada, un sambenito. Uno tiene espaldas más anchas de lo que creía. De no ser así habría entrado en una depresión profunda.

-Cuando, como participante en el segundo concurso, recibió la maqueta de Fernández Alba, que ya preveía el famoso "cubo", ¿tuvo que atenerse a ello?
-Absolutamente. Nadie puede decir que la solución que propongo se corresponda con una arquitectura personalista. Es lo menos personalizado que hay. Es un diseño urbano que verdaderamente incide sobre el área más degradada del museo.

Sala de lectura en el claustro

-Se ha hablado mucho sobre el ocultamiento del claustro.
-El claustro, hoy, apenas se ve desde la calle. Y, en realidad, un claustro nunca se muestra al exterior. El proyecto le devuelve el carácter de espacio interno, como maravillosa sala de lectura, cubierta por una cúpula apiramidada de cristal. Aunque fuera de su contexto religioso, nunca se habrá visto con mayor esplendor arquitectónico que cuando se realice la obra. Las arquerías del claustro quedarán libres por dos de sus lados, de forma que quien pasee por la calle podrá ver el claustro desde fuera. Ahora está pegado a la iglesia, con lo que se ganará esa perspectiva. La iglesia, por su parte, también ganará en visibilidad al liberarse de los edificios adyacentes. El conjunto va a mejorar la escena urbana notablemente. En este espacio ya he introducido cambios importantes desde septiembre. Se ha disminuido la altura y se ha marcado un retranqueo del edificio nuevo en el ángulo junto a la fachada de la iglesia. Y no se me caen los anillos por decirlo. En resumen, el nuevo edificio abraza y envuelve al claustro.

-Ahí está el riesgo. Puede ser un abrazo mortal. Desde dentro será fantástico, pero su exterior reconocerá usted que sea discutido.
-No hay que exagerar, no es un edificio tan grande como para tener un gran impacto en la zona. Me interesaba referir las medidas a las de la Real Academia Española. Como pabellones escoltando a los Jerónimos. Pido de nuevo confianza.

-¿Cómo ha sobrellevado las continuas imposiciones, injerencias y protestas?
-Este proyecto no añade mucho a mi carrera. Añade la satisfacción del profesional que se ve capaz de resolver un problema que muchos arquitectos quizá no podrían solucionar. El Gran Kursaal, por ejemplo, es más exuberante, en el sentido de que revela más la personalidad del arquitecto. Este proyecto sirve a necesidades muy precisas. Si éste fuera un proyecto al que yo me sintiera muy ligado personalmente, quizá no lo defendería con el interés con el que lo estoy haciendo. Me sorprende que hablen de divismo respecto a mí. No he tenido reparo en aceptar opiniones. En el año y medio transcurrido desde el concurso este proyecto ha sido prioritario para mí. Está muy pensado. Soy consciente de la importancia que tiene y del cuidado que merece.

-¿Cree que va a seguir atendiendo a sugerencias o a partir de hoy se va a cerrar esa etapa?
-Creo que, en líneas generales, está completamente definido. Todavía está en curso de ejecución. Habrá que darle vueltas a la fachada.Yo soy el primer interesado en que la fachada quede bien. Se supone que sé de estas cosas.

-Nadie duda de su categoría profesional, pero a veces uno se equivoca...
-Todos los proyectos que he mencionado han tenido dificultades "contextuales". Cuando he trabajado en lugares comprometidos, mis edificios han sido respetuosos y capaces de ajustarse a esas sugerencias del lugar, y espero que aquí lo consiga también. Hacer una fachada es difícil. La primera solución era, si quiere, más radical, más decidida, y su radicalidad hacía más sencillo mi problema. Ahora estoy en una situación más comprometida. Contra la elementalidad del primer proyecto de fachada han reaccionado muchas personas, y yo he sido sensible a esa reacción dando apertura al claustro para eliminar esa sensación de que el edificio ocultaba su presencia. Aún así, espero salir airoso.

-¿La fachada es por tanto susceptible de cambios?
-Sí, alguno habrá. De volumen no. En el tratamiento del detalle. Tendré que ajustar los huecos. La fachada tiene ahora que estar más elaborada, con mayor sutileza en los elementos visuales. También he modificado los materiales: al principio iba a ser sólo ladrillo y ahora éste se combina con piedra, posiblemente de Colmenar, en las jambas y bronce en las puertas y en las carpinterías. El ladrillo que en principio vamos a utilizar es un ladrillo prensado, fabricado para la ocasión, que mantiene las proporciones de los del Prado. Es un poco más largo que el normal, con un color entre tostado y rosado. Más discreto que el de la Academia. Pero la fachada es un elemento que tiene un contexto. Hay que tener en cuenta que los espacios urbanos que se han ido generando en las distintas fases del proyecto son, estoy seguro de ello, satisfactorios. El entorno de la iglesia va a ser mucho más grato.

El otro cubo de los Jerónimos

-Conocido el proyecto, lo más chocante es la proximidad del edificio de viviendas y oficinas para los curas de los Jerónimos, obra del arquitecto Jurado, separado por un callejón muy estrecho, de sólo 4 metros. Es un inconveniente grave y sobre el que no se ha llamado la atención. Es consecuencia del pacto del presidente Aznar con la Iglesia: los Jerónimos ceden el claustro a cambio de un hotel de lujo con, entre otras cosas, 120 plazas de aparcamiento. Naturalmente, la Iglesia no ha vuelto a poner inconvenientes, pero nos encontramos con este cerramiento brutal, que tapa el claustro por uno de sus lados. ¿No cree que esto perjudica enormemente el proyecto total del museo, teniendo en cuenta que, desde la calle Moreto, no se va a poder ver el claustro?
-No mucho. Es algo que obedece al pacto con la Iglesia que han mencionado y, además, no creo que sea tan importante. El callejón entre los dos edificios es el que se señalaba en las bases. Si al Ayuntamiento le parece bien no seré yo quien le ponga pegas.

-¿Cuáles van a ser los plazos para comenzar las obras?
-Si todo va bien, creo que el proyecto estará en disposición de salir en septiembre a subasta pública, que tomará dos o tres meses.

El claustro, piedra a piedra

-De manera que en el año 2001 empezarán los trabajos.
-En la más favorable de las hipótesis. Empezaremos por el traslado del claustro, que implica que se desmontará piedra a piedra, numerándolas para montarlas luego igual, y se trasladará a otro lugar. A continuación se excavará el solar.

-¿Se puede excavar el claustro sin problemas?
-Sin problemas no. Hará falta un muro de contención. Bajamos unos dieciocho metros. Será delicado. Y llevará mucho tiempo. Será una obra de por lo menos dos años y medio, pero lo más probable es que nos lleve unos cuatro años.

-Aún le queda, por tanto, mucho camino por andar, y muchos argumentos en contra que rebatir.
-Muchos de los argumentos que se esgrimen en contra deben entenderse en el contexto de una dinámica de fuegos cruzados: están quienes no quieren que se traslade el Museo del Ejército, está el párroco que no quiere estar dos años sin bodas, están los vecinos, están algunos colegas míos, como Fernando Chueca, que no comparten mi estética, están las rencillas académicas dentro del propio museo, están los problemas políticos internos del ministerio. Y parece que todos esos fuegos cruzados inevitablemente acaban por fusilar al arquitecto, pasando a términos despectivos, por no decir insultos.

-¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
-No, nunca. éste, repito, no es un proyecto necesario para mí, pero me halaga y me alegra hacerlo.

-La ampliación ha sido un proceso desde el principio mal planteado.
-Sí, ha sido horrible. Pero finalmente se han llegado a establecer las condiciones únicas en que la ampliación podía llevarse a cabo.

El informe de Bellas Artes

Sin embargo, las críticas no han terminado. La Academia de Bellas Artes anuncia para el próximo día 10 un dictamen sobre el proyecto de Moneo y son muchos los académicos que ya se han manifestado en contra.

-¿Podría Bellas Artes echar abajo el proyecto?

Es Rodrigo Uría quien contesta:

-Bajo ningún concepto. La Academia tiene sólo carácter consultivo. No sería de recibo que la Academia amparase a un jurado formado, por cierto, por los perdedores del anteproyecto del Prado para que juzgase la obra de Moneo. Que Chueca, Oriol y otros arquitectos que se presentaron al primer proyecto se vayan a constituir ahora en inquisidores de Moneo... en fin, hasta ahí podíamos llegar. Además, para emitir un dictamen, la Academia de Bellas Artes debería oír primero a Moneo.

-La Real Academia Española, vecina de los Jerónimos, también se ha manifestado en contra, ¿no es así?
—No. La Real Academia nos ha escrito una carta diciendo que quiere ser oída y solicita atención sobre la multitud de autobuses que llenan la zona. Dentro de unos días me reuniré con su director y no creo que haya ningún problema.