Carrere

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El Cultural

Emmanuel Carrère: "Soy incapaz de narrar una realidad a la que no pertenezco"

Dueño de un estilo sincero y descarnado, teje en sus libros una compleja amalgama de reportaje, crónica y biografía. El escritor francés visita la Casa de América como ganador del último Premio FIL de Literatura 2017 para hablar sobre su trayectoria

30 junio, 2018 02:00

A comienzos de los años 80, Emmanuel Carrère (París, 1957) comenzó una carrera literaria que durante años se mantendría circunscrita a los límites que ofrece la ficción. Sin embargo, a finales de los 90, su escritura sufrió un punto de inflexión a favor de un género mestizo e híbrido entre reportaje, biografía, crónica... Un tótum revolútum cuya característica clave era beber directamente de la realidad. Ha sido esta literatura de no ficción, definición que no acaba de satisfacer a Carrèrre debido a lo difuso de la frontera que implica ese "no", la que ha consagrada al escritor y le ha valido grandes reconocimientos, el más reciente, el Premio de Literatura en Lenguas Romances que otorga la FIL de Guadalajara, motivo por el cual el escritor visita la madrileña Casa de América para charlar junto a la crítica Mercedes Monmany sobre su particular estilo y su trayectoria narrativa.

"No voy a sorprenderles, los premios agradan", bromeó un Carrère que comenzó agradeciendo un premio que le ha llegado al corazón por dos motivos, "primero, porque he tomado conciencia de que se me lee mucho en español. Y segundo, porque antes este galardón se llamaba Juan Rulfo, un escritor muy importante para mí, con pocas páginas pero muy potentes". Tras estas palabras, la charla ha derivado hacia el origen del escritor que es hoy Carrère, la historia recogida en El adversario, publicada por Anagrama en el año 2000. La novela narra el caso de Jean-Claude Romand, un hombre que se hizo pasar ante su familia durante casi dos décadas por médico e investigador de la OMS, y que a punto de ser descubierto mata a su mujer e hijos, a sus padres y a su perro antes de intentar suicidarse.

"Mi diferencia con Capote es que este se borra de la historia de forma muy amoral. Yo no creo creo en la objetividad"

Pero como advierte Carrère, "El adversario no solo trata de una persona que asesina a los suyos, sino de alguien que pasa años mintiendo de una forma tan absurda que no puede enfrentarse al hecho de ser quien es". Como explica el escritor, Romand mata a su familia porque durante años fingió ser alguien que no era, y es ese desfase entre la imagen que proyecta y la realidad lo que no puede soportar. "Mentir durante 20 años da un vértigo increíble, mucho mayor que matar a toda su familia, algo terrible pero más común. El libro plantea más preguntas que respuestas, brinda al lector la oportunidad de interrogarse sobre su propia vida", valora Carrère, que opina que "el desfase entre la imagen que pretendemos dar y la miseria que somos y conocemos es algo que todos vivimos, algo fundamental en la experiencia humana. Esta historia se convierte así en una experiencia humana común".

Reconocida fuente de inspiración para el francés fue la icónica novela A sangre fría, publicada por Truman Capote en 1966 y considerada una de las primeras muestras del género. Sin emabrgo, Carrère se separó de Capote en una cosa fundamental. "La gran diferencia tanto técnica como moral con Capote, maestro y referente para todos aquel que escriba un libro sobre un crimen", reconoce, "es que A sangre fría es un libro escrito en tercera persona, el autor no interviene para nada. Estando Capote muy cercano a los asesinos se ha borrado a sí mismo de la trama de una forma que me parece amoral", opina el escriotr, que trato de hacer lo mismo pero fue incapaz. "Yo he optado por lo contrario, escribir en primera persona, advirtiendo de que estoy ahí. No creo en la objetividad a la hora de narrar, en la posibilidad de mostrar una realidad a la que no pertenezco".

Una rusofilia heredada

Una constante en la obra de Carrère es el mundo ruso, pasión heredad de su madre, la sovietóloga Hélène Carrère d'Encausse, una eminencia de la historia rusa que predijo la caída de la Unión Soviética. En la órbita de este país se adentró el escritor en dos novelas, Una novela rusa (Anagrama, 2007) y Limónov (Anagrama, 2011). Sin embargo, parece que Rusia no está agotada como tema en su escritura. "No tengo ningún proyecto inmediato pero tampoco lo descarto, porque Rusia sigue presente en mí. Me he impregnado de ella desde la distancia y me encanta", responde un Carrère que sin embargo afirma que "aunque a menudo la mayoría de los tópicos con los que nos topamos en nuestra vida son falsos, Rusia confirma todos los suyos. Allí con ciertos. Los rusos son alcohólicos y sentimentales, casi tanto como brutos, y además aman la poesía. Así que no, no estaría en contra de un tema ruso".

"Hay mucha diferencia psicológica en cómo se abordan los libros cuando el tema lo ha buscado uno o cuando le llega de fuera"

Precisamente una de estas "novelas rusas" es el ejemplo perfecto de ese género contenedor que caracteriza a Carrère. Partiendo de la biografía del personaje del disidente político y escritor Eduard Limónov, Carrere serpentea hacia otras direcciones ayudado por la capacidad de su protagonista de encarnar una época de forma radical. "Limónov no me gustó por su literatura, soy más, por ejemplo, de Nabokov. Tampoco me llamaron sus ideas, pero me entusiasmó su vida de activista político. ¡Menuda vida!". El escritor francés asegura que se sintió impulsado a escribir sobre él porque "es un personaje de novela picaresca, un canalla que al mismo tiempo es valiente y tiene grandes cualidades". Además, reconoce que "su historia era también una forma de contar el final del comunismo, de plasmar ese campo de ruinas a partir de ese personaje algo marginal y estrambótico pero también significativo. Me dijo que le gustó el libro porque lo hizo mucho más conocido y famosos de lo que era, pero también que si él hubiera estado en el poder cuando lo publiqué me hubiera hecho fusilar", recuerda entre risas el escritor.

En este sentido, Carrère diferencia mucho dentro de su producción entre dos tipos diferentes de libros, las historias que él mismo pergeña y olfatea y las que le vienen dadas o le piden que escriba. "Hay una gran diferencia entre los temas que uno va a buscar y los que le llegan. El de Romand o el de Limónov los busqué yo, pero también el tema puede buscarle a uno. Eso paso con Vidas ajenas (Anagrama, 2009), el que considero mi mejor libro hasta ahora". El escritor considera que es la procedencia la que determina la forma de abordar las historias. "Psicológicamente es diferente. En el primer caso, me planteo problemas de índole moral sobre hasta dónde llegar, qué no narrar..., pero en los temas dados, en Vidas ajenas, por ejemplo, ocupé simplemente el lugar que me dieron los protagonistas, escribía sobre personas que me pidieron hacerlo. Limónov es un personaje público al que no tengo que rendirle cuentas, aunque quiera partirme la cara luego".

Ni traición ni autocensura

Sin embargo, se hace complejo pensar que una voz como la de Carrère, que destaca por su radical sinceridad y honestidad, por ser cruda y descarnada, muchas veces consigo mismo, esconda elementos de autocensura a la hora de escribir. Y ciertamente no lo hace. Opina el escritor que "hay mucha gente que cree que el reportero de investigación, el periodista o el escritor que intima con un personaje, por ejemplo, un asesino, tendrá con él una relación deshonesta. No estoy de acuerdo", asegura rotundo. Para Carrère, la clave inviolable de una relación de este tipo, "es marcar los límites desde el principio, ser sincero y enseñar las cartas. Puede generarse cierta ambigüedad, es cierto, porque somos seres humanos. Puedes incluso dudar de su culpabilidad, pero nunca debe faltar la honestidad. Yo considero que nunca he traicionado a mis personajes, pero tampoco he traicionado nunca al lector".

"La clave de la escritura es la honestidad. Considero que nunca he traicionado a mis personajes, pero tampoco al lector"

Aunque claro, no es lo mismo censurarse al hablar de los demás que de uno mismo, algo que también destaca mucho en las novelas de Carrère, plagas de partes introspectivas y escritas siempre desde el yo. "Sobre sí mismo uno puede decidir libremente qué cuenta, aunque sea vergonzoso o doloroso, y hasta dónde quiere llegar. Es mucho más complejo dedicándose a escribir sobre otros. Esta la anécdota que ocurrió con mi abuelo, por ejemplo". En Una novela rusa, Carrère relataba la historia de su abuelo materno, que durante la Segunda Guerra Mundial fue colaboracioncita con los invasores nazis y despareció, seguramente represaliado, al poco de terminar el conflicto. "Es algo terrible y a la vez banal, pero mi madre creció con eso como una vergüenza y claro, no quería que escribiera sobre ello, que lo aireara", recuerda el escritor. "Fue un duro dilema moral, y sé que le hice daño, pero decidí escribirlo igualmente, porque consideré que la historia era tan mía como suya. Diez años después me dijo que había estado bien contarlo, que tenía razón".

Además de un volumen que recopilaba todas su crónicas periodísticas publicadas entre 1990 y 2015, Conviene tener un sitio adonde ir, la última incursión narrativa de Carrère fue El Reino, un relato ficcionado de los primeros años del cristianismo con San Pablo como protagonista, que se entremezclaba con una crisis de fe narrada en las carnes del propio escritor. Y desde entonces, nada. El propio Carrère ha reconocido en varias ocasiones sufrir un importante bloque creativo en el que ninguna historia aparece en el horizonte. "Quizá sea el momento de rizar algo el rizo de mi estilo y experimentar un nuevo registro".

Aunque mientras tanto el escritor no se queda de brazos cruzados. También guionista y realizador de cine, dirigió una película basada en su novela El bigote y fue jurado del Festival de Cannes, Carrère se ha refugiado del síndrome de la página en blanco en el cine. "Ahora mismo estoy metido de lleno en un rodaje. Voy a dirigir una película el invierno que viene, y en estos momentos estoy rodando un documental preparatorio para esta cinta de ficción. Pero como todavía nada es oficial, aún no puedo decir nada", responde esquivo. Y sin embargo, "me gustaría volver a escribir, pero 2019 es un año reservado para el cine".