Image: José Sacristán

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El Cultural

José Sacristán

"Pocos papeles son un traje a medida como el mío en El muerto y ser feliz"

Marta Caballero
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El actor José Sacristán. Foto: David S. Bustamante

Decía este viernes el director Javier Rebollo en El Cultural que hasta cierto punto su nueva película, El muerto y ser feliz, que acaba de presentarse en San Sebastián, trataba sobre su protagonista, José Sacristán. Al menos en un sentido poético, en el de narrar el itinerario vital de alguien que ya es un mito. El actor, quizá el más grande hoy de nuestro cine y de nuestro teatro, no va tan lejos, pero sabe que pertenece a un tiempo que se esfuma y en el que él ha tenido algo que decir. La película de Rebollo, en la que interpreta a un sicario cuajado de contradicciones y enfermo de muerte, da cuenta de que sus capacidades interpretativas siguen intactas. Su demorado regreso al cine con este filme y con el reciente Madrid, 1987, de David Trueba, no podía haber sido más aplaudido. Mientras tanto, en un lugar de la escena, próximamente en el Teatro Español, sigue levantando al público de la butaca. Tanto la película como el montaje teatral Yo soy Don Quijote los ha firmado junto a "gente muy joven", con la que asegura haber conectado bien. Ahora espera hacerlo también con el público, sobre todo en el caso de El muerto y ser feliz, "que debe entenderse como la comedia que es".

Pregunta.- ¿Hasta qué punto ha construido el personaje con el director?
Respuesta.- Este personaje me vino rodado, pocas veces se ha hecho un traje a la medida de un cómico como en este caso, hay que agradecérselo a Javier Rebollo y a Lola Mayo. Me gusta su manera de enfrentarse a la vida, es como el anciano de Cara de acelga, que escribí con Carlos Pérez Merinero. Con Rebollo ha habido una complicidad total. Lo admiro mucho, me parece un cineasta muy interesante. Hemos tenido que negociar para llegar a un punto de acuerdo y lo hemos encontrado. Ha habido una línea emocional, de nostalgia.

Pregunta.- ¿Por qué ha pasado tanto tiempo alejado del cine? ¿Entiende el papel como una reivindicación de su estatura o identidad dentro del cine español?
Respuesta.- He tenido la suerte de volver ahora con Madrid, 1987 y con esta película. Las razones para no haberlo hecho antes son que las ofertas no eran del todo interesantes y, si uno no puede elegir, afortunadamente sí puede rechazar. El teatro me en cambio me ha estado ofreciendo cosas muy interesantes, he estado años con My Fair Lady, El hombre de La Mancha... Lo que me llegaba de cine tenía tanto interés.

P.- Ha vuelto con dos voces independientes del cine, David Trueba y Rebollo, muy diferentes entre sí y con muy distintas películas. ¿Conecta bien con los nuevos directores?
R.- Volver así es un lujo. La de Trueba la rodamos entre cuatro paredes con María Valverde y fue formidable, y con El muerto y ser feliz nos recorríamos mil kilómetros para rodar una escena en la que sólo había que decir: ¿A ti te gustaría disparar? Encontrarte con gente joven es rejuvenecedor y me ha enriquecido que ambos tengan una personalidad tan marcada. No he visto fisuras ni grietas y, de hecho, ahí están los resultados.

P.- Interpreta a un hombre lleno de contradicciones. Se muere pero a la vez está más vivo que nunca, es un asesino pero no mata, es cobarde y es valiente...
R.- Confío en que cuando vayan apareciendo los síntomas yo también pueda enfrentar la muerte de una forma parecida a la de mi personaje. Todo lo relacionado con su forma de vivir está muy lejos de mí, pero luego tiene una visión del mundo muy próxima a la mía. Rebollo y yo no nos conocíamos personalmente pero algo debió intuir porque yo me reconozco en ese fatalismo irónico del personaje.

P.- Rodar una road movie es vivirla. ¿Ha viajado también con la película, con el personaje y con este regreso al cine?
R.- La aventura del rodaje fue formidable, ha habido un cuidado de la producción extremo. El ir descubriendo Argentina así me ha permitido de verdad el meterme en el personaje. Ha sido una aventura formidable. P.- Decía Rebollo en El Cultural que tenía ciertos temores porque no sabía si la película se entendería bien, le preocupaba que la vieran como algo pedante y no como la comedia que es.
R.- En cierto momento comparto sus temores pero confío en que predomine la una forma de entenderla más desenfadada e irónica.

P.- Y sigue en el teatro, estrenará Yo, don Quijote en el Español, donde sorprendentemente no había actuado todavía.
R.- El Español es una espina que tengo clavada. Tenía 16 o 17 años cuando iba a ver teatro allí, es un escenario impresionante en una plaza impresionante y estoy desando presentar allí esta propuesta tan bien armada y tan joven con la que hemos rescatado al caballero de La Mancha en una dimensión ética, de hombre que se mantiene en sus posiciones.

P.- Como el protagonista de El muerto y ser feliz, que también tiene matices quijotescos.
R.- No lo había pensado, pero es cierto, se distinguen en el punto de partida pero coinciden en la mirada a los otros.

P.- Lleva más de medio siglo subido a un escenario. ¿Usted también ha logrado mantenerse en sus posiciones?
R.- Pienso que entre lo que uno pensaba que podía ser y lo que está siendo no hay gran diferencia, se ajusta bastante. No está yendo mal la cosa. Para mí este oficio es un juego, es hacer creer al otro que soy el que no soy. Para jugar necesitas al compañero de juegos, que son el personaje, la historia y la gente que te acompañe. Mientras uno esté lúcido, ahí estaremos.

P.- ¿Y en lo venidero?
R.- Seguiremos, aunque está todo bastante jodido. Hay algo al margen del hecho objetivo de la crisis que afecta, algo moral y de actitud, algo chungo. Hay una cosa de derrota. Yo no dejo que me afecte y fíjate que yo a mi edad y después de lo de Carrillo y de la marcha de otros referentes me encuentro que soy de un tiempo que ya no existe.

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