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María Jesús Álava Reyes
Despachó un cuarto de millón de ejemplares con La inutilidad del sufrimiento y hoy la psicóloga María Jesús Álava Reyes (Madrid, 1954) lo complementa y expande en Recuperar la ilusión (La Esfera, 2011). Sabedora de que los hechos, hechos son, pero que las ideas que los enfrentan marcan la diferencia, defiende que la felicidad es tan necesaria como posible.
Pregunta: Tras años sin muy buena prensa, ¿la felicidad vuelve a estar de moda?Respuesta: Yo diría que nunca ha dejado de estar de moda pero que la necesidad de felicidad hoy es mayor.
P: ¿Pero no quedamos en que sólo los tontos pueden ser felices?
R: No, no, no, eso es una bobada. Precisamente, son las personas inteligentes y sensibles las que pueden alcanzar la más maravillosa felicidad. Quien dijo eso fue un desgraciado.
P: ¿Sus libros hacen a la gente feliz?
R: Los ayudan a encontrarse a ellos mismos y, sobre todo, a potenciar sus habilidades y recuperar los recursos que necesitan para ser felices.
P: ¿Y a usted le han hecho feliz? La inutilidad del sufrimiento vendió 250.000 libros...
R: La verdad es que yo he sido feliz antes, durante y después. Al pensar en lo que quería escribir, cuando lo estaba haciendo y por último, al comprobar su buen resultado.
P: Su tesis principal es que son las ideas que nos hacemos sobre los hechos, y no los propios hechos, las que nos hacen sufrir. Pero hechos terribles, haberlos, haylos, ¿no?
R: Claro que los hay pero puedes reaccionar ante ellos de una u otra forma, y de ello depende que los superes antes o después. No se trata de negarlos sino de la buena disposición
P: Hablando de ideas, ¿cuál sería la idea positiva más poderosa?
R: Sentirse bien con uno mismo.
P: ¿Y la más perniciosa?
R: Mi vida es imposible y nada tiene solución.
P: ¿Qué decir del dinero? No dará la felicidad pero, como dice la canción, es una sensación muy parecida...
R: Es verdad que debemos tener cubiertas las necesidades básicas pero, a partir de ese momento, lo que los psicólogos comprobamos es que la gente que tiene más dinero no es más feliz que los que llegan justos a fin de mes.
P: ¿Recuperar la ilusión es el cuaderno de ejercicios de La inutilidad del sufrimiento?
R: Una vez que mostré a los lectores cómo asumir el alcance de sus pensamientos en el libro anterior, lo que quiero ahora es darles los recursos que necesitan para que recuperen la ilusión.
P: En el libro destaca la importancia del sentido del humor. ¿Su disminución hoy es un sinsentido?
R: La verdad es que sí y que le haya tenido que dedicar todo un capítulo prueba que se está perdiendo, cuando precisamente el baluarte que podría ayudarnos a superar las situaciones difíciles, como por ejemplo, la crisis, serían dosis masivas de humor.
p: Los casos femeninos del libro duplican a los masculinos. ¿La terapia es cosa de ellas?
R: No es cosa de ellas pero es cierto que por cada 70 mujeres vienen 30 hombres. Ahora bien, cuando ellos acuden, se muestran muy disciplinados.
P: Se suele calificar a sus libros de autoayuda. ¿A usted le molesta la etiqueta?
R: Pienso que mis libros son libros de ensayo, basados en una práctica de años muy rigurosa, pero no me importa que los cataloguen como de autoayuda. No es el apellido sino la utilidad.
P: ¿Los psicólogos son, como decía Foucault, modernos confesores?
R: No, somos los facilitadores del autoconocimiento y la felicidad. Hemos pasado de ser un lujo a una auténtica necesidad.
P: ¿La psicología es el único negocio donde el cliente nunca tiene la razón? R: Ja, ja, ja. No, no, el cliente muchas veces tiene la razón pero no sabe qué hacer con ella. Por eso tenemos que escuchar tanto.
P: Afirma que su terapia devuelve la ilusión a corto plazo. ¿Garantizado?
R: Se trata de una modalidad de terapia que pretende ser eficaz y aplicarse inmediatamente a la vida real del paciente. No podemos permitirnos perder el tiempo.
P: ¿Y cómo afecta a su felicidad tratar a tantos infelices?
R: Tienes que tener un buen equilibrio emocional, saber desconectar y, además yo tengo un truco: me pongo pacientes diferentes cada día, nunca cuatro depresivos juntos sino que los mezclo, por ejemplo con hiperactivos, ansiosos, etc. Y así me oxigeno.