El Cultural

Francis Alÿs, turista marginal

A pie desde el estudio

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Los ambulantes, 1992-2002. Fotografía

MACBA. Plaza dels Àngels, 1. Barcelona. Hasta el 29 de agosto

En 2003 el Reina Sofía dedicó una exposición a Francis Alÿs en la que se abordaban especialmente sus trabajos como pintor. Ahora, en el MACBA, se exhibe una muestra conceptualmente muy diferente que presenta, precisamente, el Alÿs que estaba ausente en Madrid, el Alÿs que trabaja con vídeo, instalaciones, documentación...

Es difícil situarse ante este trabajo porque el artista busca deliberadamente una imagen ambigua y abierta, susceptible a diversas interpretaciones. La publicación que acompaña a la muestra, por ejemplo, no consiste en un catálogo al uso, con ensayos sobre la obra, sino que se trata de un texto con vocación poética. De ahí que la exposición sea una puesta en escena, un itinerario de imágenes diversas cuyo sentido último está en el espectador.

Esto es así porque constituye la esencia del trabajo del artista. A veces se ha hablado de Alÿs como de flâneur, un término baudelairiano que se asocia a un vagar sin rumbo por la ciudad… Un vagar “estético” en el que la ciudad aparece como espectáculo, aventura, anécdota, escenario… ésta es la historia personal de Francis Alÿs, que llegó a la Ciudad de México en los años ochenta y se sintió sacudido por la urbe. Entre la documentación que acompaña el trabajo de Alÿs, una de las imágenes más significativas es aquélla en la que el artista se fotografía con un conjunto de parados o trabajadores que ofrecen sus servicios, de manera que cada persona identifica con el rótulo su actividad. Francis Alÿs, codo a codo con un fontanero o un albañil, se ofrece -así se expresa en su letrerito- como turista.

Sin embargo, la figura del flâneur decimonónico no acaba de explicar la actitud de este artista. El universo de Alÿs es muy cercano al surrealismo, movimiento que impregna buena parte de la creación contemporánea. Uno de los gestos surrealistas más significativos son los paseos de Breton y sus colegas por la ciudad de París, en la búsqueda de lugares especialmente significativos. Los espacios, fragmentados y descontextualizados, aparecían como itinerarios por lo “maravilloso”, algo que motivaba la ensoñación y la emotividad… Así también, Francis Alÿs se dirige a la ciudad como un rompecabezas. Es entonces cuando México D.F. aparece como un espacio para el juego, la ficción… para la ensoñación.

Una de las primeras piezas de la exposición es el denominado Collector. éste es un pequeño objeto con ruedas -semejante a lo que podría ser un cochecito para niños- con la particularidad de que está imantado y que recoge todos los elementos -o desperdicios- metálicos cuando se arrastra por la calle. Este objeto es la expresión del flâneur, del turista o del azar surrealista. El “collector” es la expresión de esta receptividad a los signos de la calle. La ciudad surrealizada -esto es, inconexa, anecdótica- está llena de elementos sorpresivos, fascinantes. Es una invitación a la especulación, a la fantasía. Francis Alÿs es el turista que se sitúa en una posición desubicada, marginal… Acaso su actitud también posea una dimensión política, porque este turista observa la neurosis de la ciudad, la pobreza, los ciclos mecánicos y repetitivos, etc., pero la suya es fundamentalmente una mirada alucinada.

¿Cuál es la dimensión y la valoración de esta mirada de Francis Alÿs? Ya se ha dicho antes que la exposición es un espacio abierto a la libre interpretación y que son posibles muchas otras lecturas. Pero en mi opinión, el artista es consciente de sus propios límites. Uno de los vídeos más conocidos de Alÿs es A veces hacer una cosa acaba en nada que, situado en un lugar privilegiado del espacio expositivo, consiste en arrastrar un bloque de hielo por las calles de México hasta su completa desintegración. El mismo sentido tiene el último video de la muestra, dispuesto por el propio artista como una especie de despedida, en el que alude a los barrenderos que limpian la suciedad de la ciudad… Tal vez estas imágenes de desintegración y suciedad introducen una dimensión crítica en el método poético de Francis Alÿs. Quizás aquí se exprese una idea de absurdo, de inutilidad, una conciencia del arte como subproducto cultural, destinado, como tantos otros productos, a ser evacuado o reciclado. Pero éste es el juego de Francis Alÿs.