Alcaraz, tras perder contra Bergs.
Shanghái, una maldición para el tenis español: 4 finales perdidas y uno de los pocos torneos que faltan en la vitrina de Alcaraz
La caída de Alcaraz ante Bergs en tercera ronda perpetúa la sequía nacional tras las finales perdidas de Nadal (2009 y 2017), Ferrer (2011) y Bautista (2016).
Más información: Un desconocido Alcaraz paga caro su frustración ante Bergs y se despide del Masters 1.000 de Shanghái en tercera ronda
La historia de desencuentros entre el tenis español y el cemento de China sumó este lunes un nuevo y sorprendente capítulo.
Carlos Alcaraz, llamado a conquistar los pocos territorios que aún se le resisten al tenis de nuestro país, se despidió de forma prematura del Masters 1.000 de Shanghái al caer derrotado en la tercera ronda frente al belga Zizou Bergs.
Una eliminación tan dolorosa como inesperada que no hace sino confirmar que las veloces pistas del gigante asiático albergan una especie de aura impenetrable para los nuestros.
¡𝐒𝐨𝐫𝐩𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐞𝐧 𝐒𝐡𝐚𝐧𝐠𝐡𝐚́𝐢! Carlos Alcaraz cae en tercera ronda frente a Zizou Bergs (7-5 y 7-6) y Zverev terminará el año como número 1 del mundo. #LaPistaDelTenis https://t.co/vvrPA7iEGz
— Movistar Plus Deportes (@MPlusDeportes) October 12, 2026
Para el murciano, la capital financiera china empieza a convertirse en un auténtico quebradero de cabeza y en una cuenta pendiente demasiado visible en su inmaculado expediente. Alcaraz ya había probado la amargura de la frustración en sus dos incursiones previas.
En la edición de 2023, fue el búlgaro Grigor Dimitrov quien le cerró el paso de forma brillante en los octavos de final; un año más tarde, en 2024, el checo Tomáš Macháč frenó su progresión en la ronda de cuartos.
Con un palmarés que ya rebosa de Grand Slams y múltiples coronas de categoría Masters 1.000, el trofeo oriental se erige como uno de los pocos grandes galardones que aún se le resisten al prodigio de El Palmar.
Y, lo que es aún más llamativo desde un prisma histórico, es el único torneo de este calibre que se le ha negado sistemáticamente a la 'Armada' en la modalidad de individuales. Ni siquiera en la época más dorada del tenis patrio se ha logrado asaltar este fortín asiático.
A las puertas de la gloria
El infortunio de Alcaraz no es, ni mucho menos, un hecho aislado. Repasar los archivos del torneo chino es asomarse a una melancólica galería de oportunidades perdidas. Hasta en cuatro ocasiones un tenista español pisó la pista central un domingo con la copa a un solo partido de distancia, y en las cuatro el desenlace fue exactamente el mismo.
El primero en chocar de frente contra este muro fue el propio Rafa Nadal. Ocurrió en el año 2009, temporada en la que el torneo adquirió la categoría de Masters 1.000. El manacorí avanzó con paso firme hasta el partido por el título, pero allí se topó con un Nikolay Davydenko en estado de gracia que le arrebató la victoria en dos sets (7-6 y 6-3).
Dos años después, en 2011, la responsabilidad recayó sobre los hombros de David Ferrer. El alicantino, siempre combativo, completó una semana de ensueño que solo pudo frenar un imperial Andy Murray. El escocés se impuso por 7-5 y 6-4, dejando a 'Ferru' con la miel en los labios.
Precisamente Murray volvió a ejercer de verdugo de las aspiraciones españolas en 2016. En aquella ocasión, el protagonista fue Roberto Bautista.
El castellonense firmó el torneo de su vida, logrando una proeza histórica al tumbar a Novak Djokovic en las semifinales. Sin embargo, en la final no pudo contener el tenis rocoso del británico, cediendo por 7-6 y 6-1.
La última gran decepción llegó en 2017, de nuevo con Rafa Nadal buscando romper el maleficio. El balear llegaba en un momento tenístico pletórico, pero al otro lado de la red le esperaba su archienemigo: Roger Federer. En una exhibición de juego rápido, agresivo y sin fisuras, el genio suizo despachó la final por la vía rápida con un claro 6-4 y 6-3.
Desde entonces, el tenis español sigue buscando respuestas en Shanghái. Carlos Alcaraz tendrá que esperar al menos doce meses más para intentar descifrar el enigma de un torneo que, por ahora, sigue siendo una fortaleza inexpugnable. La maldición continúa viva.