Sinner celebra la victoria ante Jódar.

Sinner celebra la victoria ante Jódar. Reuters

Tenis

Jannik Sinner, tenista: "Cuando era niño no teníamos mucho. Fui afortunado porque empecé a ganar dinero con 18 años"

El número 1 del mundo les llegó a decir a sus padres que lo dejaría todo si no estaba dentro del top200 con 22 o 23 años.

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Jannik Sinner ha convertido una infancia modesta en una historia de superación que explica muy bien su carácter competitivo y su manera de entender el tenis.

Detrás del número uno y de sus cuatro títulos de Grand Slam hay un origen familiar muy concreto: un refugio de montaña, unos padres trabajadores y una carrera que solo pudo despegar cuando empezó a sostenerse por sí misma.

El propio Sinner ha resumido así sus raíces: "No teníamos mucho. Mi padre era cocinero y mi madre camarera". Esa frase, repetida en las dos informaciones, define el entorno en el que creció en San Candido, en el Tirol del Sur, entre la nieve, el trabajo duro y una economía doméstica ajustada. Sus padres, Hanspeter y Siglinde, levantaban el negocio familiar mientras él alternaba el esquí con la raqueta.

La decisión de apostar de verdad por el tenis llegó pronto y con una condición muy clara. Antes de marcharse a la academia de Riccardo Piatti, Sinner les dijo a sus padres que "si con 23 o 24 años no estaba en el Top 200, dejaría el tenis".

No era un gesto teatral, sino una forma de fijar un límite realista para un deporte que exige mucho dinero en viajes, entrenadores y torneos.

Sinner celebra la victoria ante Jódar.

Sinner celebra la victoria ante Jódar. Reuters

Ese ultimátum ayuda a entender la madurez precoz del italiano, que abandonó su hogar siendo adolescente y tuvo que aprender a organizarse solo lejos de la familia.

La apuesta salió bien mucho antes de lo previsto: "Fui muy afortunado porque empecé a ganar dinero con 18 años", explicó el tenista, una confesión que pone en valor el alivio económico que supuso empezar a generar ingresos tan joven.

Su historia no es solo la de un talento que triunfa, sino también la de una familia que acumula riesgos enormes para que ese talento pueda desarrollarse. Sinner no habla de sus orígenes con resentimiento, sino con gratitud, y eso refuerza la imagen de un campeón sobrio, disciplinado y consciente del esfuerzo que hay detrás de cada logro.

Hoy, instalado en la élite y convertido en referencia del circuito, Sinner sigue llevando consigo esa memoria de esfuerzo. La distancia entre el refugio alpino y los grandes estadios del tenis explica buena parte de su personalidad: concentración, humildad y una idea muy clara de que nada fue fácil.

Y precisamente por eso, su relato trasciende el éxito deportivo para convertirse en una lección de familia, sacrificio y constancia.