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Ilia Topuria, 29 años: "Veía trabajar a mis padres y la vida que llevábamos, como millones de familias, y quise cambiarla"

El peleador hispano-georgiano vivió casi seis años alejado de sus padres tras emigrar estos desde Georgia a España.

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Jorge Pacheco
Publicada

Ilia Topuria ha repasado el origen de una ambición que le llevó desde su infancia marcada por la distancia familiar y la guerra en Georgia hasta convertirse en una de las grandes figuras de las artes marciales mixtas.

En un ensayo publicado en MARCA, el peleador de 29 años sitúa el punto de partida de su carrera en una promesa íntima: construir una vida distinta para su familia. "Yo voy a ser alguien", se dijo de niño desde una grada. No era todavía una declaración de campeón ni un plan definido para alcanzar la élite.

Topuria recuerda aquella certeza como una respuesta temprana a lo que veía en su casa: el esfuerzo diario de sus padres y una vida reconocible para millones de familias, pero que él aspiraba a transformar.

"Veía trabajar a mi madre y a mi padre; veía la vida que llevábamos, parecida a la de millones de familias, y quería cambiarla", escribe.

Su objetivo, explica, no se limitaba a ganar competiciones, viajar o alcanzar los símbolos materiales del éxito que atraen a cualquier niño. Quería ofrecer seguridad y margen de tranquilidad a los suyos, aunque entonces desconocía el camino, el tiempo y las renuncias que exigiría esa meta.

Seis años lejos de sus padres

La historia familiar de Topuria estuvo atravesada por la separación. El peleador y su hermano permanecieron durante cerca de seis años en Georgia mientras sus padres vivían en España, pendientes de un proceso de reagrupación familiar que se prolongó entre problemas documentales y dificultades administrativas.

Ilia Topuria caminando por los pasillos de la Casa Blanca antes de su pelea.

Ilia Topuria caminando por los pasillos de la Casa Blanca antes de su pelea. Reuters

El anuncio de que podían reunirse con ellos supuso uno de los recuerdos más felices de su infancia. Su padre viajó para llevar a los dos hermanos a España, una escena que Topuria conserva como un momento decisivo.

Pero aquel reencuentro tuvo una doble carga emocional: significaba recuperar la vida con sus padres y, a la vez, despedirse de sus hermanas, abuelos, amigos y del entorno que habían conocido en Georgia.

"Me marchaba de un lugar que amaba para volver con las personas que más amaba", resume. Esa experiencia, sostiene, le enseñó que el hogar no dependía necesariamente de una ciudad o un país, sino de las personas con las que compartía su vida.

Una idea que, según relata, le ayudó a afrontar después los cambios y los nuevos comienzos.

De Georgia a España

Antes de llegar a España, Topuria vivió la guerra de 2008 en Georgia y una etapa de dificultades que dejó huella pese a que era todavía un niño. En aquel contexto, afirma que mantuvo una convicción sencilla: la situación terminaría por cambiar. "Esto va a pasar", recuerda haber pensado.

La reagrupación abrió una etapa completamente distinta. El reencuentro familiar, la adaptación a un nuevo barrio, la cercanía del instituto y el descubrimiento de un entorno diferente convirtieron la llegada a España en una oportunidad.

El idioma fue uno de los primeros retos: "Mi hermano y yo nos propusimos hablarlo en seis meses y nos volcamos en conseguirlo".

Después aparecieron el gimnasio, el deporte y las primeras competiciones. Sus padres respaldaron esa vocación, pero el futuro campeón entendió pronto que sus aspiraciones requerían responsabilidad.

Competir, desplazarse y progresar suponía encontrar recursos para sostener una carrera todavía incipiente.

La fe y el trabajo

Topuria identifica en esos años una de las bases de su mentalidad: elegir una actividad que pudiera repetir sin agotarla. El entrenamiento, los errores y las correcciones forman parte inevitable de la rutina de un deportista, pero para él esa insistencia adquiría otro sentido porque había encontrado en el deporte una vocación.

"Primero las creí; después trabajé para convertirlas en realidad", concluye. Su relato conecta la fe con la disciplina: antes de conquistar títulos y de entrar en la élite de la UFC, hubo un niño que quiso cambiar la realidad de su familia y decidió que el trabajo diario sería el vehículo para hacerlo.