Xak realiza una acrobacia de break.

Xak realiza una acrobacia de break. Cristina Villarino

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Xak, leyenda del breaking en España: "Vengo del metro, de pelearme con la seguridad y ahora me siento privilegiado"

EL ESPAÑOL habla con el bailarín Juan de la Torre, en la previa de Red Bull BC One Cypher Spain que se disputa este domingo 15 de marzo. Xak no competirá, pero estará cerca de los competidores cumpliendo su función de mentor.

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Este domingo, 16 B-Boys y ocho B-Girls se batirán en el Teatro Magno de Madrid por el título de campeón de España de Breaking. La Red Bull BC One Cypher Spain cumple 23 ediciones y el ganador viajará a Toronto en noviembre para disputar la final mundial.

Habrá música, un jurado internacional y más de 300 aspirantes reducidos a un puñado de elegidos. Y entre el público, al otro lado de la barrera, estará el hombre que ganó ese mismo campeonato tres veces seguidas: Xak.

Juan de la Torre Sánchez (Lucena, Córdoba 1987). Se licenció en Derecho por la Universidad de Granada y ejerció como abogado durante tres años en el bufete de su madre.

Xak de la Torre, durante la entrevista con EL ESPAÑOL.

Xak de la Torre, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

Tenía una vida cómoda en su pueblo, un sueldo y un camino trazado. Sin embargo, se encendió en él una llama que había nacido a los 15 años, cuando cambió de instituto.

Un compañero de clase le había enseñado algo que ya no pudo olvidar. "Era repetidor, era nuevo como yo, y un día en su casa puso música rap y empezó a moverse. Para mí fue como contemplar a un dragón. Le dije: no sé qué es eso, pero enséñame", confiesa en una entrevista con EL ESPAÑOL.

A partir de aquel recreo, el breaking se convirtió en una obsesión que fue creciendo en paralelo a su carrera universitaria, a sus años de toga, a todo lo demás. Hasta que a los 29 años se mudó a Madrid con dinero para dos meses y decidió que su futuro no estaba en los juzgados sino en el suelo de una pista de baile.

Xak de la Torre, durante una competición.

Xak de la Torre, durante una competición. RED BULL

Lo que vino después es la historia de uno de los mejores breakers que ha dado España. Xak ganó la Red Bull BC One Spain Cypher en 2014, 2015 y 2016, tres títulos consecutivos que nadie ha igualado.

Consiguió bronce en el Campeonato de Europa, se coló entre los 10 mejores del mundo y entrenaba en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid con beca del Consejo Superior de Deportes, codo a codo con nadadores, gimnastas y atletas que nunca habían visto a nadie girar sobre la cabeza en la sala de al lado.

Un cambio radical en su vida

Y entonces, a mediados de 2017, le llegó una oferta que lo cambió todo. "Red Bull me dijo: tenemos esto y nos puedes ayudar de esta forma, pero no puedes competir", cuenta Xak a EL ESPAÑOL, con la tranquilidad de quien ya ha hecho las paces con aquella decisión.

Fue justo después del tricampeonato , en su mejor momento competitivo. No era un retiro. No era un plan B. "Entendí que en el lado competitivo hay muchos perfiles que ya dan el nivel, pero a nivel organizativo se requiere de otras facultades. Dije: creo que puedo hacerlo. Y así fue".

Xak, durante la entrevista con EL ESPAÑOL.

Xak, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

Lo que no dice, pero se intuye, es que aquello dolió. "Al principio fue bastante duro, porque sigo siendo muy competitivo, sigo queriendo desarrollarme y evolucionar cada día. Pero entendí mi rol, entendí que igual que el breaking me ha dado mucho a mí, yo quería dar".

Desde entonces, cada año, cuando llega la fecha de la nacional, Xak siente una mezcla que describe con honestidad poco habitual en el deporte: "Es como una mezcla entre quiero ayudarte y darte consejos, y me envidio la motivación que les da el evento".

Este domingo en el Teatro Magno volverá a sentirlo. Verá cómo otros pelean por lo que él conquistó. Y estará bien con ello, aunque reconoce que el camino hasta esa aceptación no fue corto.

Porque lo que Xak no ha dejado de hacer es entrenar. Seis días a la semana, sin descanso. Dos de gimnasio. Más que cuando competía en la nacional. "Sigo compitiendo en otros formatos más underground, en formatos de grupo", explica.

Xak de la Torre, durante su entrevista con EL ESPAÑOL.

Xak de la Torre, durante su entrevista con EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

Pero hay algo más: cuando enseña a sus alumnos, necesita poder hacer lo que les pide. "No quiero ser un entrenador que te diga 'sí, eso es así', te enseña la técnica pero no sabe hacerlo".

Y sin embargo, cuando se le pregunta si esta nueva vida le llena más que la anterior, la respuesta es más compleja de lo que cabría esperar. "Me llena de forma diferente, pero sinceramente sigo tan enamorado del breaking que hacerlo, practicarlo, es algo incomparable a nada de los demás. Si no hay un día que he entrenado, me falta algo".

Hay una frase que resume el cambio más profundo que ha experimentado en estos casi 10 años al otro lado. "Antes me identificaba o me daba más o menos valor en función a los resultados que tenía en las competiciones. Ahora no", explica a EL ESPAÑOL.

"He entendido que eso es simplemente un juego, porque ese día hay unos jueces que tienen un criterio y, según ese criterio, ganan unos o ganan otros. Pero mi valor no lo puedo poner en manos de terceros. Me identifico más con el entrenamiento que con la competición".

El breaking y los Juegos de París

El breaking nació en el Bronx neoyorquino en los años setenta, en las fiestas callejeras de jóvenes afroamericanos y latinos que bailaban sobre los breaks instrumentales que DJ Kool Herc alargaba con dos tocadiscos.

Medio siglo después, en París, se convirtió en deporte olímpico. Y Xak estuvo allí, no como competidor -cayó en los preolímpicos de Shanghái y Budapest-, pero sí como parte de la estructura que intentó llevar a España al debut.

"Mi experiencia fue positiva", dice sin ambigüedad. "Me he sentido increíblemente respetado por todos los organismos deportivos de este país. De hecho, más que por muchos organismos culturales, que cree que te van a respetar mucho más".

Recuerda el día que llegó al Centro de Alto Rendimiento: "Me dijeron: a mí me da igual que seas futbolista o skater o breaker. Nosotros lo que queremos es que mejores y que estés cómodo. Y para mí eso fue como: wow. Vengo del metro, de pelearme con la seguridad porque baje la música".

Xak de la Torre, durante su entrevista con EL ESPAÑOL.

Xak de la Torre, durante su entrevista con EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

Pero París también dejó heridas. La actuación de la australiana Raygun, que no consiguió un solo punto y se hizo viral mundialmente, dominó el relato mediático por encima de las batallas reales. Xak lo defiende con una lucidez aplastante. "Los Juegos Olímpicos no son justos", dice.

"No es proporcional: del continente que más nivel hay, no hay más representación. Tiene que haber alguien de África, de Australia. Ese es el sentido de los Juegos".

Y remata: "Si no hubiera sido Raygun, hubiera sido otra cosa. Hubiese sido que nosotros estamos con gorro y con chubasquero en agosto en París. Siempre hubieran dicho algo que no les cuadra. Es la ignorancia".

Lo que no se puede negar, insistir, es lo que los Juegos dieron al romper: exposición, legitimidad, dinero. "Es algo demasiado romántico creer que el breaking se mantiene underground y no lo conozca nadie, porque eso solo va a tender a la muerte. Si solo lo conocemos 20, cuando nosotros dejemos, no hay nadie. Necesitamos esa exposición".

El futuro del breaking

El breaking no estará en Los Ángeles 2028. Xak lo supo antes que la mayoría. "Yo pensaba que el breaking era un deporte invitado a París y luego ya veremos. Cuando dijeron que no va a Los Ángeles, dije: bueno".

Reconoce que fue un palo, pero matiza algo que pocos saben: "A veces se tiende a pensar que en Estados Unidos, como es donde ha nacido, es donde más se valora, y nosotros no lo sentimos así. En Japón, alguien que haga breaking y sea muy bueno puede ser tan conocido como aquí un futbolista. Te paran por la calle".

¿Y Brisbane 2032? "Puede ser. Están ahí un poco a ver si lo deciden. Ojalá, porque creo que hay mucha gente que tendría buena oportunidad". Pero no él. "No yo como atleta. Sí que igual lo andaría apoyando o acompañando a otra persona o a la estructura. Todo lo que sea sumar, ahí intentaré estar".

Xak, durante su entrevista con EL ESPAÑOL.

Xak, durante su entrevista con EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

Mientras tanto, la escena sigue viva. Y Xak mira a los que vienen con el ojo de quien sabe lo que cuesta llegar. "Creo que en España el nivel está creciendo mucho, sobre todo porque viene una nueva generación muy potente", dice.

Sitúa a su generación -los de 39 a 42 años- como la edad de oro del breaking español: equipos como Adictos, Lunatic, Supremos, Fusion Rockers y Alcobón, que compitieron a nivel internacional cuando nadie les pagaba por hacerlo. Después vino un hueco generacional.

Y ahora emergen chavales de 16 a 22 años que ya consiguen resultados internacionales en categorías juveniles.

Pero avisa: "En España es muy difícil dedicarte al breaking y ganarte la vida de la competición. En Japón, hasta el más malo tiene tres patrocinadores. De cinco años hacia ahora hay tantísimas cosas que pueden hacer los jóvenes que elegir el breaking es una apuesta compleja".

Para ser bueno a nivel internacional, calcula, hacen falta al menos 10 años. "Solo para aprender la base necesitas muchísimo tiempo. Pero no solo eso: para ser especial, necesitas generar tus propios movimientos. Una identidad propia".

Porque el breaking, insiste Xak, es una mezcla de cuerpo y mente, de lo atlético y lo artístico. "Por mucho que sepas hacer movimientos súper espectaculares, si no les has dado un proceso creativo y demuestras una parte artística diferencial y única, no te van a tomar en cuenta", apunta.

Xak de la Torre, durante su entrevista con EL ESPAÑOL.

Xak de la Torre, durante su entrevista con EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

"Hay tanta gente en el mundo haciendo que, por muy difícil que sea lo que hagas, va a haber otro que lo haga también. Necesitas ser especial", añade.

Este domingo, en el Teatro Magno de Madrid, alguien será especial. Alguien ganará la Red Bull BC One Cypher Spain 2026, se colgará el título de mejor B-Boy o B-Girl del país y empezará a soñar con Toronto. Y Xak estará ahí, al otro lado de la barrera, con los ojos de quien ya sabe lo que se siente al ganar y lo que cuesta soltar.

Con las manos que firmaban escrituras en un bufete de Lucena y que un día decidieron apoyarse en el suelo de otra manera. Entrenando seis días a la semana. Enseñando a los que vienen. Enamorado del descanso como el primer día, aunque el escenario haya cambiado.

"Tienes que enamorarte y que tus resultados sean simplemente una consecuencia de ese amor y esa pasión", dice.

Lo dice alguien que dejó la abogacía por un baile que nació en el Bronx, que vivió en un piso compartido con desconocidos, que ganó tres nacionales seguidas, que rozó unos Juegos Olímpicos y que ahora mira desde fuera con la serenidad del que sabe que su plan A siempre fue el mismo: el breaking.