Kimi Antonelli, por delante de Russell durante el GP de Italia.

Kimi Antonelli, por delante de Russell durante el GP de Italia. Reuters

F1 GP DE ITALIA

Antonelli firma una remontada para la historia: se lleva una victoria memorable en el GP de Italia tras salir último

43 años después de la victoria de John Watson en el GP de Estados Unidos, un piloto se sube a lo más alto del podio tras salir desde el fondo de la parrilla.

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Una remontada memorable. El GP de Italia puede ser el punto de inflexión que decida el Mundial de Fórmula 1. El líder, Kimi Antonelli, en su casa, se llevó la victoria después de haber comenzado la carrera desde el fondo de la parrilla... y aun así le sobraron vueltas.

El Fratelli d'Italia retumba, los tifosi lloran y copan cada palmo de su Coliseo, el Autodromo Nazionale de Monza. Hay un héroe transalpino que ya se ha doctorado. Andrea Kimi Antonelli firmó la victoria más grande y espectacular de su carrera deportiva en el Gran Premio de Italia.

Allí donde ningún piloto local ganaba desde 1966, con Ludovico Scarfiotti. Allí donde Ferrari es religión, pero ahora hay un nuevo nombre que se acerca al título mundial de Fórmula 1. El más joven de la parrilla arrasó saliendo desde las catacumbas, desde el 19º puesto. Ver para creer.

Fue un Monza de locos. Quizá por el desconcierto de una energía que alteró el tablero y convirtió la carrera en algo irreal. Pero nada puede restarle valor a una victoria que quedará para la historia.

Antonelli voló con su motor fresco, clavó las dos salidas, Mercedes le metió en boxes en el momento justo y terminó adelantando incluso a su compañero George Russell.

Ya tiene 66 puntos de ventaja sobre el británico después de una cita en la que Verstappen cazó un podio. Y en ese podio no hubo Ferrari.

Ferrari, la decepción

Los del Cavallino llegaban con el homenaje a Michael Schumacher, un motor nuevo y todos los focos de la previa, con Sebastian Vettel levantando a los tifosi. Pero en apenas un par de vueltas todo se vino abajo. Charles Leclerc y Lewis Hamilton tuvieron sus más y sus menos en la primera frenada de la carrera.

El británico lo intentó desde su casa y el monegasco defendió con un cierre al límite que mandó al 44 contra la grava. Ya era polémico, pero el drama no terminó ahí. Leclerc mantuvo el ataque y acabó chocando en la Parabólica a más de 250 km/h.

Perdió el control, se fue directo contra las protecciones y se levantó mareado. Estaba fuera. Hamilton se quedó con unas opciones limitadas que terminaron en un sexto puesto después de un recto que terminó de destrozar su carrera.

La bandera roja provocada por Leclerc facilitó todavía más las cosas a Antonelli. Compactó el grupo y Gasly no pudo liderarlo tras perder terreno por un ritmo de carrera inferior -acabó octavo-.

El italiano pudo moverse con soltura entre los diferentes grupos y ya estaba primero después de 16 vueltas. La superioridad de su motor era brutal y Mercedes también decidió que su estrategia fuese la ganadora.

Stroll provocó un virtual safet-car, cambió al neumático medio cuando batallaba con Russell al límite de sus fuerzas y emprendió entonces una caza con tintes de dramatismo final.

La remontada

Volvió a alcanzar a Russell, se lanzó en la Primera Variante y cometió un error al tocar la goma exterior de la trazada. Pisó la grava, pero evitó el trompo y pudo continuar. Y ya no tuvo piedad.

Justo antes de Ascari había metido su coche y consiguió regresar a pista entre la emoción de todo Monza. Habían pasado 60 años. Italia tiene a un futuro campeón.

"Estoy muy orgulloso", decía entre lágrimas por la radio. El éxtasis total. Mientras tanto, el emocionado Kimi tomó la tricolor y lanzó el puño al aire. Al mismo tiempo, los aficionados corrían por la pista lombarda.

El golpe es brutal por el fondo y por las formas. Por ganar en casa. Por hacerlo saliendo desde donde nadie lo había conseguido -el 11º puesto era el récord-. Y también por eclipsar a todos sus rivales.

Russell luchó, pero no tenía el mismo ritmo. Verstappen dio la talla, pero su velocidad sólo le permitió mantener a raya a los McLaren, en una guerra final, y a un Hamilton perdido.

Alonso abandona

Entre los españoles se esperaba el peor Monza desde tiempo inmemorial y la carrera lo confirmó. Carlos Sainz sí pudo terminar, decimotercero, pero su batalla estuvo lastrada, nunca mejor dicho, por un Williams incapaz de defenderse pese a contar con un buen motor Mercedes.

El drama llegó cuando no pudo mantener el pulso ante coches con peores bases teóricas para la alta velocidad italiana. Sí logró superar a los Haas en la parte final y Albon volvió a servir de ayuda. Pero los puntos estaban en una posición inaccesible ante la velocidad de Alpine y RB.

Peores sensaciones transmitió Fernando Alonso. Su Aston Martin duró 25 vueltas después de una carrera que comenzó desde el pit-lane y en la que su batalla se centró inicialmente con Stroll y Checo Pérez.

Allí volvieron a aparecer los problemas con el motor Honda, aunque no fueron la causa del abandono. En la primera parte de la carrera, el asturiano comprobó que su coche había sufrido daños tras una salida de pista en Lesmo 2.

Algo cedió aerodinámicamente y seguir dejó de tener sentido. La estructura británica confirmó poco después el motivo.

Los dos pilotos españoles aterrizarán en Madrid a contrapié, pero con la certeza de que, al menos, la situación debería mejorar. En Monza quedaron al descubierto las costuras de todos los problemas que han condicionado ambos proyectos durante el curso.

Williams tiene un coche que nació mal, sin capacidad de evolución y demasiado centrado en un paquete que aterrizará en Bakú. Para Aston Martin la colección de problemas es todavía mayor y tendrán que agarrarse, con Alonso al frente, a los circuitos en los que el chasis pueda ofrecer alguna ventaja.