Griezmann celebra el gol de la victoria.

Griezmann celebra el gol de la victoria.

1ª División

Griezmann no entiende de estadios: gol y victoria del Atlético

El francés marcó el primer gol de la historia del Wanda Metropolitano y dio los tres puntos al conjunto rojiblanco contra el Málaga (1-0). 

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Para la historia, una afición, un once, un primer gesto, un gol inaugural –el de Griezmann– y una nueva era. Para el recuerdo, una victoria y tres puntos. Se estrenó el Wanda Metropolitano como el nuevo hogar que es. Primero, con dudas; después, con cierto miedo a romper lo que todavía no sientes como tuyo; y, finalmente, con gusto. Uno, al fin y al cabo, empieza a ver que todo es más cómodo, más nuevo… mejor. Y disfruta, como hizo el Atlético de Madrid. Sobre el césped y en las gradas, desterrando los fantasmas, ese ‘y si...’ de las primeras veces, y sin perder comba en Liga. Con permiso del estadio y los fuegos de artificio, lo más importante. Porque sí, cambio el escenario, pero ni el juego ni el protagonista, Griezmann [narración y estadísticas: 1-0].


Antes, el Wanda amaneció entre luces de neón y toques de nostalgia. El Atlético recordó a cada uno de sus antiguos amores. Se consagró a la memoria de aquel estadio del Retiro, de aquel otro de O’Donell, de aquel primer Metropolitano y del siempre bendito Vicente Calderón. Invocó a las meigas, se refugió en su pasado y buscó el futuro con paracaidistas cayendo sobre el césped del nuevo templo rojiblanco. Hubo quien, entre tanto rememorar, soltó alguna lágrima. Cosas que pasan. Pero, concluido el espectáculo y los fuegos de artificio, el balón echó a rodar como si se tratara de un día cualquiera. Aunque, obviamente, no lo fue.


Quizás, quién sabe, se tratara, simplemente, de la impresión. El público, más numeroso, tardó en encontrar su asiento. Y también en acostumbrarse al ambiente. El estadio, más grande, suscitó impresión, pero también apagó los fuegos de otro tiempo. Se escuchó a la grada de animación. Incluso, sonó la música de siempre. Ya saben, Rosendo, los Rolling Stones... Sí, todo eso no cambió, no quiso desaparecer. Pero, con el balón rodando, el respetable tardó en despertar. Y, claro, el Atlético lo notó.


El equipo de Simeone, que venía de dos empates consecutivos (contra Valencia y Roma), no se encontró cómodo en toda la primera mitad. Fuera por el ambiente, por el tiempo de adaptación o por lo que sea, los colchoneros apenas si contaron un par de ocasiones: dos intentonas de Correa desde lejos –aunque ambas se marcharon por alto– y otra de Thomas, el mejor en el arranque. Poco para lo que exigía el partido, y también el rival, que se consagró a Borja Bastón. Eso sí, éste tan solo tuvo un tiro para meter miedo al Wanda.


La dinámica, eso sí, cambió en la segunda mitad. La impresión inicial pasó a mejor vida y el Atlético se empezó a sentir, por fin, en casa. Simeone quitó a Thomas y metió a Carrasco. Buscó gol para acabar con la sequía. Y, sea como fuere, el estadio reaccionó. La olla a presión que imaginó Simeone comenzó a echar fuego. Disparó Yannick desde lejos, y, minutos después, apareció el niño maravilla colchonero en este arranque de curso. Correa recortó a su par y la puso en el área chica para que Griezmann, al primer toque, la mandara dentro de la portería. Y, hecho el primer gol, las luces de artificio dejaron el techo para pasar a brillar sobre el césped.


Pidió calma Koke, que no quería fallar en el primer encuentro en el Metropolitano, y, con él sentando cátedra sobre el césped, Simeone quiso echar mano de lo puramente emocional. O, lo que es lo mismo, de Torres, que entró para sustituir a Correa. Y Fernando, obviamente, lo intentó. Primero, con un disparo lejano que se marchó lejos de la portería, y después una contra que no logró culminar. Con eso y un espectáculo visual terminó el encuentro. El primer día en el Wanda Metropolitano acabó con victoria. Qué más se puede pedir.