Luis de la Fuente, en la sala de prensa con la Selección.

Luis de la Fuente, en la sala de prensa con la Selección. EFE

Fútbol

Luis de la Fuente, 65 años: "Entreno todos los días una hora en el gimnasio y me encantan los huevos fritos con patatas"

El seleccionador español ha hablado en varias ocasiones de las rutinas que le mantienen en plena forma.

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Jorge Pacheco
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Luis de la Fuente se ha convertido en la imagen más visible de una selección española rejuvenecida, pero su propio cambio empieza mucho antes del pitido inicial.

A sus 65 años, el seleccionador ha hecho del cuidado físico una extensión natural de su manera de entender el fútbol y la vida. "Para mí el deporte es una forma de vida, más allá de verme mejor o peor", suele repetir, dejando claro que lo suyo no es una operación estética, sino una forma de estar en el mundo.

Su figura fibrosa en la banda es solo la punta del iceberg de una rutina que mezcla disciplina, hierro y una relación muy particular con el descanso y la comida.

En las concentraciones, el día arranca antes que para nadie. Se levanta alrededor de las seis de la mañana y, cuando muchos aún están abriendo los ojos, él ya ha cruzado la puerta del gimnasio.

Allí se refugia entre barras y mancuernas, centrado en el trabajo de pesas y en fortalecer una musculatura que empezó a cuidar aún más por antiguos problemas de rodilla.

El seleccionador reconoce que el gimnasio es casi una necesidad emocional, hasta el punto de admitir que cuando no puede entrenar se siente "incompleto".

En un test personal llegó a resumir su pauta con una fórmula sencilla y contundente: "Entrenar una hora en el gimnasio todos los días" y "disciplina a tope".

Luis de la Fuente, en rueda de prensa este lunes.

Luis de la Fuente, en rueda de prensa este lunes. EFE

Esa obsesión por la constancia encaja con la forma en la que se describe a sí mismo: alguien moldeado por el esfuerzo y la exigencia desde niño.

"Me han educado así, hago deporte desde que tengo uso de razón y ahora sé que sin deporte no podría vivir", confiesa, enlazando su biografía con el mensaje que intenta transmitir al vestuario. No es casual que reivindique siempre la cultura del trabajo por encima del talento.

"Trabajo, trabajo y trabajo. Ser disciplinado. Yo siempre hablo de valores, disciplina y capacidad de esfuerzo y sufrimiento. Esa es mi dieta", afirma, usando deliberadamente el lenguaje de la nutrición para hablar de carácter.

Su relación con el descanso resulta casi tan extrema como su dedicación al gimnasio. En plena temporada y, sobre todo, en torneos largos, su entorno admite que duerme poco, devorado por el análisis de rivales y el repaso de partidos.

Él mismo ha llegado a resumirlo con una frase que desconcierta a los especialistas en sueño: "Solo duermo cuatro horas cada noche". Las cenas se alargan en la charla con su cuerpo técnico y muchas jornadas terminan cuando para otros ya es casi hora de volver a empezar.

En la mesa, De la Fuente mezcla rigor y placer con naturalidad. Pasa muchas horas en la Ciudad del Fútbol y no renuncia al menú del día en la cafetería de Las Rozas, una alimentación sencilla, casi de oficinista, que compensa con hábitos saludables y un ojo permanente en la balanza.

No vive esclavo de una dieta milimetrada, pero sí de unas pautas claras que le permiten "llegar entero" a la exigencia del banquillo. Eso no impide que se permita licencias muy humanas: como buen riojano, disfruta de un buen vino y no hace ascos a una cerveza al sol.

A la hora de elegir plato favorito abandona cualquier pose de nutricionista y se deja llevar por la memoria emocional: "Me encantan los huevos con patatas fritas", admite, y completa la escena con pan para mojar y una copa de vino.

En ese equilibrio entre la halterofilia y los huevos fritos se entiende mejor al seleccionador. Un técnico que levanta hierro al amanecer, que vive con "disciplina a tope" y que, al mismo tiempo, se reivindica como un tipo normal que no ha perdido el gusto por lo sencillo.

Quizá ahí, entre la barra del gimnasio y la barra del bar, esté también una de las claves de su ascendencia sobre un vestuario que ve en él algo más que un entrenador: un ejemplo tangible de coherencia entre discurso y vida.