Rodrigo de Paul, antes de un partido con la selección de Argentina.

Rodrigo de Paul, antes de un partido con la selección de Argentina. EFE

Fútbol

Rodrigo de Paul, 32 años: "Me crió mi mamá. La pelota me salvó de momentos muy duros que vivía en mi casa"

El centrocampista de la selección argentina ha hablado en alguna ocasión de su infancia marcada por la ausencia paterna.

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Jorge Pacheco
Publicada

A los 32 años y con un Mundial y dos Copas América a sus espaldas, Rodrigo De Paul se anima a mirar hacia atrás y a poner en palabras el origen de su historia.

Lo hizo hace un tiempo en una entrevista con el programa 'Nadie dice nada' de la plataforma Luzu TV. Allí, el mediocampista de la selección argentina resume su infancia con una frase que abre la puerta a todo lo demás.

De Paul está marcado por una estructura familiar incompleta y una niñez atravesada por responsabilidades y ausencias. Creció en Sarandí prácticamente sin vínculo cotidiano con su padre, en una casa sostenida por su madre, Mónica, que se ocupó de él y de sus hermanos mientras el fútbol empezó a funcionar como vía de escape.

"Me crió mi mamá", reconoció. Fue ella quien ocupó todos los lugares, quien se hizo cargo de lo económico, de lo emocional y de la logística de un chico que comenzó a vivir alrededor de una pelota.

"La pelota me salvó de momentos muy duros que vivía en mi casa", añadió, Esto permite entender qué papel jugó el fútbol en ese escenario.

En la charla con Luzu, De Paul explica que su infancia "fue linda por la pelota" y que, en el campo, encontraba alivio frente a tensiones que en casa pesaban demasiado.

La pelota no era solo juego: era refugio, un espacio donde las cosas funcionan, donde la ansiedad bajaba y donde el ruido de la realidad familiar se amortiguaba por unos minutos u horas.

Rodrigo de Paul celebrando un gol con Messi durante el Mundial.

Rodrigo de Paul celebrando un gol con Messi durante el Mundial. EFE

Esa misma sensación explica su decisión a los 14 años de convertir el fútbol en trabajo. En la entrevista cuenta que habló con su madre para dejar el colegio, irse a vivir con su abuela y dedicarse de lleno a entrenar, con una idea fija: cambiar la realidad económica y emocional de la familia.

Es el gesto de un adolescente que, sin padre presente y con una madre que hace de todo, decidió adelantar los tiempos y usar la pelota, que lo "salvó" de esos momentos duros, como herramienta para sostener a los suyos.

En paralelo, De Paul completó el cuadro con la figura de su abuelo Osvaldo, "como un padre" para él, el hombre que lo llevaba todos los días a entrenar y que se hacía kilómetros a pie para que el nieto pudiera comprarse un alfajor.

La muerte de Osvaldo, cuando Rodrigo tiene 14 años, coincide con ese punto de quiebre en el que el fútbol deja de ser solo refugio y se vuelve obligación, y el propio jugador contó que estuvo cerca de abandonar antes de que Racing llegara a su casa a mostrarle que valía la pena seguir.

Hoy, desde el lugar de referente de la 'Scaloneta', De Paul se permite revisar todo ese recorrido sin edulcorarlo.