Roberto Jiménez, durante su etapa en el Real Valladolid en el calentamiento del partido ante el Cádiz.

Roberto Jiménez, durante su etapa en el Real Valladolid en el calentamiento del partido ante el Cádiz. Europa Press

Fútbol

Roberto Jiménez, exfutbolista de 40 años, sobre sus inversiones: "Tengo un curso formativo para asesorar a actores, artistas…"

El portero ha lanzado, junto a Miguel Torres, un programa formativo con el que enseñar a deportistas y artistas a entender su dinero, sus contratos y su propia marca.

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Roberto Jiménez, exguardameta de clubes como Atlético de Madrid, Zaragoza, Olympiacos o West Ham, había convertido su transición lejos de los terrenos de juego en un laboratorio vital sobre qué ocurre cuando se apaga el foco del deporte profesional.

Aquel proceso personal le había llevado, ya retirado y asentado en Madrid, a impulsar junto a Miguel Torres un programa formativo pensado para deportistas, artistas y actores que comenzaba a posicionarse como una especie de "seguro de vida" académico para quienes manejaban mucho dinero y muy poca información.

El portero reconocía que la semilla de ese proyecto se había plantado mucho antes de colgar los guantes. "Desde varios años antes de retirarme siempre he tenido claro que quería ampliar mi formación académica de algún tipo", admitía, antes de recordar cómo el salto precoz al fútbol profesional le había impedido cursar una carrera al uso.

"Yo no hice carrera porque me coincidió que me subieron de equipo cuando el juvenil entrenaba por la mañana, el filial entrenaba por la mañana, pero yo también estudiaba por la mañana", explicaba, después de relatar sus problemas para compaginar estudios nocturnos y fútbol.

Esa espina formativa le había acompañado durante toda su trayectoria, hasta el punto de intentar el acceso universitario a través de la UNED cuando jugaba en Grecia. Reservó plaza para examinarse en Roma, compró los libros, se preparó… y la violencia en la final de Copa griega truncó sus planes.

Roberto Jiménez, durante un partido del Real Valladolid ante el Real Madrid.

Roberto Jiménez, durante un partido del Real Valladolid ante el Real Madrid. Europa Press

"El día de la final de Copa en Grecia se pelearon entre las dos aficiones, liaron la mundial y aplazaron el partido una semana y me coincidió con el examen y no pude presentarme al examen después de haberme preparado todo y ya dije: 'Pues nada, ya no me vuelvo a preparar otra vez el examen'", recordaba, resignado.

Lejos de abandonar, el madrileño se volcó en másteres y cursos hasta dar el salto definitivo con un MBA impulsado por LaLiga en inglés y el título de dirección deportiva de la Federación. "Vi que LaLiga tenía un MBA en inglés bastante potente y lo hice junto con el título de dirección deportiva de la Federación, que también lo tengo", contaba.

Aquella formación, decía, le había dado "una conciencia de la situación que viven los deportistas y del conocimiento que tienen, en líneas generales, sobre muchos temas, muy clara" y, ya retirado, le había permitido ver "todavía más claro el hecho de los procesos que pasa un futbolista cuando se retira".

De ese diagnóstico nacía la asesoría-formación que hoy compartía con Miguel Torres. Su punto de partida era sencillo: la mayoría de los jugadores se retiraban sin experiencia laboral fuera del césped, con poco conocimiento financiero o legal y con algo de patrimonio acumulado que solían poner al servicio de ideas ajenas.

"Si no tienes experiencia laboral en nada, no tienes conocimientos, ¿qué tienes? Puedes tener algo de patrimonio, algo de dinero que hayas conseguido en tu carrera y a lo único que tiene cabida es a ser socio capitalista de las ideas y de los proyectos de otros, cosa que a veces sale bien y en muchos casos sale muy mal", advertía.

La propuesta que habían ideado pretendía atacar justo esa vulnerabilidad. "Con esta reflexión y esta inquietud, pues me he animado, con otro excompañero, con Miguel Torres, nos hemos animado a crear un curso formativo, un programa formativo para deportistas y artistas, con cuatro bloques muy básicos que son crecimiento personal, marca personal, formación legal, formación financiera", detallaba.

El objetivo, subrayaba, pasaba por "dar formación a deportistas y a artistas en conocimientos básicos sobre estas materias y que puedan estar un poco más preparados para afrontar los proyectos que tengan por delante y saber cosas de cuatro pilares fundamentales que van a necesitar y que, a día de hoy, siempre necesitamos delegar en alguien".

La escena que describía con un compañero aún en activo ilustraba el vacío que querían cubrir. "Hablaba hace poco con un compañero mío que está en activo y me decía: 'Robert, necesito encontrar algo para formarme porque tengo un asesor financiero que me encanta, pero es que no entiendo lo que me aconseja'", relataba.

Su experiencia como base

El futbolista le confesaba que no pretendía prescindir de su asesor, pero sí ganar criterio: "Si hago una formación que me dé nociones de fiscalidad y de finanzas no le voy a despedir, pero por lo menos, cuando me proponga algo, voy a saber qué me está proponiendo, voy a tener unas nociones básicas de poder opinar, de poder dar mi propia opinión y que sea válida sobre si tiramos por aquí o si tiramos por allí. Porque ahora mismo solo puedo decirle que sí". Esa, remarcaba, era "un ejemplo de las cosas que queremos corregir con esta formación".

El programa estaba concebido en tres niveles, desde un módulo básico hasta una especialización mentorizada y con acceso a bolsa de trabajo. "Esta formación está pensada para hacerla en tres niveles: un módulo básico, un nivel básico introductorio pero con nociones suficientes como para terminarlo y decir: 'He dado un bloque de legal y yo ahora mismo sé de legal'", explicaba.

Roberto Jiménez, Responsable de la Oficina del Jugador de LaLiga.

Roberto Jiménez, Responsable de la Oficina del Jugador de LaLiga. Europa Press

El segundo escalón era un "módulo avanzado donde se va a intentar profundizar mucho más en esas cuatro materias" y el tercero, "un nivel específico o más profesionalizado".

Ahí encajaba el perfil de quien descubriera una vocación a medida que estudiaba: "Imagínate que empiezo a hacer esta formación y me encanta el módulo de crecimiento personal y hago el básico y quiero ampliar mis conocimientos y hago el avanzado y resulta que me doy cuenta de que se me da bien hablar, de que he adquirido técnicas de comunicación, de que sé técnicas de coaching… pues me apetece montar mi propio chiringuito de coaching orientado a deportistas".

Para esos casos, anunciaba, contemplaban acompañamiento real y salidas concretas. "Tienes el módulo especializado, profesionalizado, que encima va mentorizado con profesionales del sector y que nuestra idea es tener acceso a una bolsa de trabajo también para poder darle salida a la gente que inicie y termine la formación", avanzaba.

La hoja de ruta incluía un claustro "muy potente, muy diverso, con gente de muchos sectores distintos, gente de sectores de la economía, de la interpretación, de las redes sociales, gente que va a contar sus propios proyectos, historias reales".

"Cuando tengamos el claustro cerrado pues ya tenemos capacidad suficiente e información para crear un dosier y poder presentárselo a los alumnos potenciales o a la gente que pueda estar interesada en cursar esta formación", añadía, abriendo la puerta a futbolistas, pero también a cantantes y actores jóvenes.

Porque el programa no estaba pensado solo para el deportista que acaba de colgar las botas. También miraba a quienes empezaban a manejar cifras importantes muy pronto. "Entendemos que (los artistas) son un perfil que vive situaciones similares a las de un deportista en algunos casos", defendía.

Un cantante o un actor joven, insistía, "empieza a acumular un patrimonio económico importante a una temprana edad, con poca formación, con pocos conocimientos de cómo gestionarlo, con poca idea de fiscalidad, con pocas nociones de cómo gestionar su marca personal y un éxito público latente en ese momento".

Esa mezcla, para Roberto, convertía su formación en "válida también para ellos", hasta el punto de confiar en "un fifty-fifty" entre deportistas y artistas en sus aulas.

Detrás de todo estaba su propia experiencia con inversiones fallidas y el fenómeno del "socio capitalista" en los vestuarios. "El socio capitalista en un vestuario está a la orden del día", admitía. Él mismo se ponía como ejemplo: "Jugador que dice: 'Voy a montar un restaurante'. Bueno, yo he sido uno de ellos. 'Voy a poner el dinero para que Pepito monte su restaurante, que sí, que es tu restaurante, no es su restaurante tu dinero, ¿no?'". Ese patrón, advertía, se repetía en "muchas, muchas cosas".

"Los jugadores tienen un miedo muy grande a delegar su, a darle su dinero a otras personas para que se lo gestionen, pero sin embargo no existe tanto miedo a dar el dinero para crear y montar cosas porque te hace sentir que formas parte de algo que también es tuyo".

Con Miguel Torres, la premisa había sido no caer en ese modelo. "Cuando empecé con Miguel Torres a pensar cómo, de qué podemos crear que pueda ser un negocio para nosotros que nos dé pasta pero que estemos ayudando, que estemos ayudando de verdad…", reconstruía.

Y ahí marcaba la línea roja: "No te intento ofrecer esto porque te va a venir bien pero el objetivo es ganar dinero. Queremos cambiar esto, queremos cambiar lo que pasa cuando un jugador se retira, porque es fundamental".

Para ello, insistía, el diseño del proyecto debía ser "no invasivo", alejado del clásico discurso del captador de capital: "Teníamos que hacer algo que no fuera invasivo, que no le estuviéramos diciendo a los jugadores: 'Quiero tu dinero para yo ganar más dinero'. Voy a montar un negocio, evidentemente quiero tener un retorno económico por ello, pero lo fundamental es que te voy a ayudar a ti".