Planinic intenta anotar ante el Real Madrid.

Planinic intenta anotar ante el Real Madrid. V. Carretero ACB Photo

ACB Liga Endesa

El Gran Canaria aprovecha la resaca copera del Real Madrid

Los blancos fueron incapaces de darle la vuelta a un partido con signo visitante desde el inicio (81-93), consumando su primera derrota liguera en el Palacio en más de un año.

La única concesión del Gran Canaria ante el Real Madrid este domingo fue el pasillo para honrar la Copa lograda por los blancos la pasada semana. Pero eso, obviamente, sucedió antes del partido. Durante el mismo, la mejor versión de los pío-pío, la que tanto se echó en falta en la cita copera de Vitoria, salió a relucir. Gracias a una primera parte de ensueño, y aunque tras el descanso el “Cuando parece que están muertos, resucitan” de Luis Casimiro estuvo a punto de ser profético, se consiguió lo que parecía imposible: el Madrid, más de un año después, cayó derrotado en un encuentro liguero disputado en el Palacio de los Deportes [Narración y estadísticas: 81-93].

No podrá decirse que los blancos no estuvieron sobreavisados de que la derrota podía acontecer. Con un 9-23 adverso tras el primer cuarto y una charla técnica en el descanso que agotó casi todo el calentamiento previo a la segunda parte, estaba claro que el peligro acechaba. Lo acabó por confirmar el aguante a prueba de bombas del Granca cuando peor dadas vinieron. Es decir, cuando el Madrid se olvidó de su 4/20 inicial en tiros (hasta 0/9 en triples) y empezó a anotar como alma que llevaba el diablo.

¿Quién buscó con más ahínco dejar el Inframundo y subir al Olimpo? El de siempre: Sergio Llull. Su recital de triples acertados en el tercer cuarto tuvo tintes del que cuajó el viernes contra el Darussafaka en la Euroliga. Difícil no asustar al rival con tal trance. La remontada también amenazó con dejar de ser una entelequia con Anthony Randolph desempolvando su versión arrebatadora de la Copa y Carroll haciendo gala de muñeca juguetona. El Madrid había despertado de su letargo, pero lo hizo demasiado tarde.

El Granca supo ganar el partido tanto por dentro como por fuera. En la zona, Anzejs Pasecniks dio todo un clínic, mostrándose como el enésimo 'robo' de este equipo, que nunca perdió el buen ojo para los fichajes. En el perímetro, Kyle Kuric dio toda una lección de sangre fría triple tras triple. Memorable su duelo de pistoleros con Carroll en los últimos minutos: no perder la compostura en ese toma y daca constante desde el 6,75 les dio medio partido a los de Casimiro.

No obstante, seríamos injustos si estos dos hombres se llevasen en exclusiva los elogios de la meritoria y merecida victoria isleña en la capital. Los minutos de calidad de Eulis Báez, Albert Oliver, Darko Planinic, Royce O'Neale, Pablo Aguilar, Sasu Salin, Bo McCalebb y hasta Oriol Paulí tuvieron tanta o más importancia que los de Pasecniks y Kuric. El baloncesto es un deporte de equipo por exhibiciones colectivas como la que nos ocupa. Y, con franqueza, esta vez le tocó al Madrid vivir de las individualidades.

Más allá de Llull, Randolph y los fogonazos de Maciulis, Carroll y Ayón, el desierto. Ni Doncic (acabó tocado) ni Rudy tuvieron su mejor día. Además, a Felipe Reyes se le aguó la celebración de sus 700 partidos en la ACB, y apenas hubo noticias de Hunter, Taylor y Nocioni. Definitivamente, hay días en los que se necesita mucho más que un milagro para darle la vuelta a un partido esquivo desde el salto inicial. Y el Madrid, aunque remó y remó para mantener inexpugnable el fortín liguero del Palacio, acabó sucumbiendo. La muralla cayó por su propio peso.