Edy Tavares, durante el segundo partido de semifinales entre Real Madrid y Unicaja.

Edy Tavares, durante el segundo partido de semifinales entre Real Madrid y Unicaja. EFE EFE

Baloncesto

El lado desconocido de Edy Tavares (33): "El baloncesto era la única opción para dar de comer a mi familia"

El espigado pívot tan sólo soñaba con poder sostener a su familia cuando comenzó a practicar este deporte, y ahora es una de las estrellas del conjunto blanco.

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A. M.
Publicada

La de Walter "Edy" Tavares es la historia de un gigante que domina Europa, pero cuya vida estuvo mucho tiempo muy lejos de los focos. El pilar del juego interior del Real Madrid es también el chico que salió casi a ciegas de una pequeña isla de Cabo Verde buscando una oportunidad para cambiar el destino de su familia.

Nacido en la isla de Maio, su infancia transcurrió en un entorno humilde, entre la escuela y la tienda familiar donde ayudaba desde muy joven. Su horizonte no tenía nada que ver con las grandes ligas: "Yo prácticamente sólo tenía el sueño de poder poner un plato encima de la mesa para mi familia".

Durante años, sus 2,21 metros no era más que una rareza en la isla. Todo aquello del baloncesto, por entonces, le cogía como algo muy lejano.

Tavares trata de taponar a Forrest.

Tavares trata de taponar a Forrest. EFE

El giro decisivo llegó de la forma más inesperada: un turista alemán se fijó en él y le preguntó si quería ser jugador de baloncesto. A los 17 años, sin apenas haber tocado un balón naranja, esa pregunta abrió una puerta que parecía imposible.

Su madre le apoyó a dar el paso, aunque su padre no lo veía con tan buenos ojos. Aquella decisión familiar que le arrancó de su isla rumbo a España para ser un gran jugador de baloncesto.

El desembarco

Su llegada a Gran Canaria fue un choque con la realidad. Él mismo admite que aterrizó en el profesionalismo con el cuerpo y el juego por hacer. Ni siquiera todos confiaban en que pudiera llegar lejos.

"Mi primera prueba fue en chanclas, porque no tenía nada que ponerme. No tenía calcetines para entrenar, porque me dieron unos de fútbol. Como no eran de mi talla, tuvimos que cortarlos por la mitad para poder entrenar", comentó.

"Iba como un pollo sin cabeza; no sabía cómo jugar, no sabía dónde ponerme… Me dolía todo, porque tenía que hacer muchos ganchos, muchas cosas con los brazos arriba y eso me hacía sufrir mucho", contó sobre sus inicios.

El plano familiar

En paralelo, crecía en él una motivación que iba mucho más allá de los trofeos. Tavares ha repetido que veía el baloncesto como "la opción de dar de comer a mi familia", un billete que no podía permitirse desperdiciar.

 "Era la única opción que tenía de poder dar de comer a mi familia algún día. O eso o ir a trabajar de albañil como hice antes de tener esa oportunidad confesó, poniendo palabras al peso que sentía sobre los hombros. Esa responsabilidad, más que la ambición personal, fue el motor que le sostuvo cuando las cosas no salían.

Hoy, cuando se planta en otra final con el Real Madrid, mantiene rituales que le conectan con sus raíces. Antes de cada partido reza, un gesto heredado de su abuela que se ha convertido en su refugio interior en medio de la presión y el ruido.

Si en Cabo Verde no sabía ni lo que era la Euroliga, ahora asume su rol de referente con un discurso marcado por la familia y la gratitud a quienes le apoyaron cuando todavía era un proyecto de jugador.

En lo estrictamente deportivo, su trayectoria ya está a la altura de los grandes pívots del continente. Tras formarse y debutar con el Gran Canaria, dio el salto a la NBA, donde pasó por Atlanta Hawks y diferentes equipos de la G-League antes de regresar a Europa.

Su fichaje por el Real Madrid en 2017 abrió una etapa de títulos: Ligas, Copas, Supercopas y Euroligas, además de premios individuales como Mejor Defensor y MVP de finales, consolidan a Tavares como una figura dominante en la pintura.

Desde la pequeña isla de Maio hasta la pelea por cada gran título con la camiseta blanca, su historia sigue escrita a partir de la misma idea que le sacó de casa: aprovechar al máximo una oportunidad única para cambiar la vida de los suyos.