Imagen de Lucio Silla, estrenada este miércoles en el Teatro Real.

Imagen de Lucio Silla, estrenada este miércoles en el Teatro Real. Javier del Real / TR

Escena LUCIO SILLA EN EL TEATRO REAL

Mozart se crio en un aparcamiento de hormigón

El Teatro Real estrena temporada con una buena acogida de Lucio Silla, una ópera semidesconocida de Mozart sobre la tiranía y el amor. 

Daniel Basteiro

"¿Cuánto sabes de música?", pregunta Antonio Salieri a un sacerdote que lo visita para asistirlo al final de su vida en la película Amadeus, de Miloš Forman. "Sé un poco, estudié de joven aquí en Viena", responde al compositor, que llegó a lograr un gran prestigio en la época. Ante un piano, toca dos de sus propias melodías, pero el sacerdote no reconoce ninguna y lo mira con pena hasta que interpreta la Pequeña serenata nocturna, que su interlocutor se anima a cantar. "¡Fascinante! Lo siento, no sabía que usted lo había compuesto". Salieri, coetáneo pero muy superado por Mozart, puntualiza entre el enfado y la resignación. "No lo hice yo. Fue Mozart". 

Es improbable que alguien al azar reconozca hoy una melodía de Lucio Silla, la ópera de Wolfgang Amadeus Mozart que este miércoles se estrenó en el Teatro Real en la primera función de la temporada. La obra es un drama político y amoroso sobre el dictador de la Roma antigua. Los teatros la programan tan poco que, a efectos de su conocimiento general, bien podría pasar por una de las más de 40 óperas de Salieri que se han quedado en el cajón de la historia. Hasta este miércoles, nunca se había representado en Madrid. 

La "salvajada vocal"

Mozart la compuso cuando era un adolescente. Tenía 16 años, pero era ya un prodigio que con la ayuda de su padre tenía muy claro que quería conquistar Europa musicalmente. Lucio Silla es su tercera ópera, estrenada 14 años de Las bodas de Fígaro y casi 20 antes que La flauta mágica.

Se trata de una "salvajada vocal", según la definió el director artístico del teatro, Joan Matabosch, por la exigencia de las arias, sólo aptas para cantantes con recursos y capacidad para sufrir sobre el escenario, uno de los motivos que hace que se represente poco. Tanto es así que, para su estreno, Mozart tuvo que reescribir contrarreloj varios de sus pasajes. El cantante que hacía de dictador romano había caído enfermo y el sustituto que encontraron para el estreno en Milán ni cantaba bien ni había cantado nunca en un teatro. 

Kurt Streit (Lucio Silla) en la producción con escenografía de Claus Guth.

Kurt Streit (Lucio Silla) en la producción con escenografía de Claus Guth. Javier del Real / TR

Ivor Bolton es el director musical y Claus Guth se encarga de la escena, una monumental y moderna construcción circular que recuerda a veces a un túnel de una estación de metro, un aparcamiento de coches subterráneo, un polígono industrial, un manicomio de alicatado blanquecino o una conocida facultad de Periodismo. En resumen, una cárcel que le permite diseñar un espacio frío, tétrico y peligroso al servicio de Lucio Silla, un dictador imprevisible y de carácter frágil que se pasa las más de tres horas de música intentando casarse o, en su defecto, matar a una mujer que no le ama. 

Asfixia y gravedad

A diferencia de otros genios de la composición, Mozart componía sin apenas tachones ni correcciones en sus partituras. Era un genio al que, según sus admiradores, Dios le dictaba directamente las notas. Un niño prodigio a la altura de grandes mitos de la actualidad como los inventores de tecnologías que han cambiado la vida de millones de personas. Google, sin ir más lejos, fue fundado en un garaje.

El aparcamiento de Guth no es agradable. Y eso no tiene por qué ser malo. Su atmósfera cerrada es en momentos asfixiante pese a refrescantes momentos teatrales como la conexión entre una escena y otra (cambian en sentido de las agujas del reloj en la plataforma circular) o la manera en la que los actores se relacionan en el escenario y con la música. La producción busca presentar un terrorífico drama psicológico basado en la tiranía de Silla y en el sufrimiento, sed de venganza o supervivencia de los demás actores con contenido dramático.

En el otro lado de la balanza está la solemnidad y la gravedad de la versión, que unidas a la rigidez y personajes arquetípicos de la época y las más de tres horas y media de función pueden hacer pesada la experiencia para el que llegue cansado al teatro. No por ser Mozart o una obra clave en su desarrollo musical puede dejar de ser "difícil: para el público y para los músicos", como reconoció Guth en la presentación a los medios. 

Calurosa acogida

La acogida fue muy calurosa. Los motivos hay que buscarlos, además de en la escenografía, en una orquesta dirigida con gran eficacia por Bolton, un experto mozartiano a pesar de enfrentarse a la partitura por primera vez. Su trabajo en los recitativos (las partes casi habladas que permiten que la acción avance frente a las arias, momentos para recrearse en la belleza) es evidente, así como el acompañamiento desde el foso de la psicología de los personajes.

Imagen del túnel de hormigón que llena todo el escenario de Lucio Silla.

Imagen del túnel de hormigón que llena todo el escenario de Lucio Silla. Javier del Real / TR

La soprano Patricia Petibon, en el papel de Giunia, la pretendida por el dictador, destaca en el sexteto que protagoniza la ópera, pero también el vigor y solvencia dramática de la mezzosoprano Silvia Tro Santafé, que encarna a su marido, rival de Lucio Silla.

El sacerdote de Amadeus no habría reconocido Lucio Silla porque no está entre las obras enmarcadas en una especie de lista de 40 principales del género. La puesta de largo de la temporada no contó tampoco con la presencia de los reyes en el palco de honor y no hubo avalancha de personalidades culturales como en otros inicios de temporada. El Real reserva la pompa para una gala que se celebrará cuando se acerquen los aniversarios del teatro, de los 20 años desde su reapertura, el 11 de octubre de 1997, y de los 200 años de su fundación, el 23 de abril de 1818.

La explosión casi de masas vividas con la última ópera de la temporada pasada, Madama Butterfly, tendrá que esperar hasta alguno de los títulos que están por venir. Lucio Silla era Mozart, pero bajo la sórdida luz de un aparcamiento. 

(Lucio Silla, de Wolfgang Amadeus Mozart con libreto de Giovanni de Gamerra, se representa hasta el 23 de septiembre en el Teatro Real).