José Antonio Canales Rivera, posando en el restaurante ABYA, en Madrid. RRSS
A solas con Canales Rivera: "Mi pareja quiere ser anónima y me prometí cuidarla. Estoy feliz, pero hablar de boda me agobia"
EL ESPAÑOL charla con el torero en su nueva aventura como imagen de un restaurante. Está en armonía a sus 52 años: "No volvería a los 25 ni muerto".
Más información: Canales Rivera, ilusionado: descubrimos a Regina García, la poderosa empresaria junto a la que sonríe en Valencia
José Antonio Canales Rivera (52 años) es un hombre feliz, que está en calma, en armonía con su vida. Todas las parcelas -salud, dinero y amor- están boyantes, en orden. Y eso, sostiene, también lo da la edad. Las luces y las sombras de la vida. Canales está curtido en mil batallas.
Sabe lo que es ganarse la vida, que las cosas cuesten; que no vengan fáciles o hechas. Cuando uno charla con él se da perfecta cuenta de que es un tipo llano, sencillo, de trato afable: la alargada sombra de su mediático apellido no le ha cambiado ni puesto tontería ni aires de grandeza.
José Antonio vale para todo: para torear, para colaborar en programas de crónica social -siempre con respeto- y para ser imagen de un restaurante en Madrid, el ABYA, situado en el increíble e histórico Palacio de Saldaña, en la calle de José Ortega y Gasset, en Madrid.
Es su proyecto más ilusionante. Este nuevo trabajo obliga a Canales a pasar más tiempo en Madrid, haciendo malabares para ir a Valencia -donde vive su pareja actual, Regina García-, y no descuidar a la familia en Cádiz: su madre, que está estupenda, y sus dos hijos.
José Antonio charla con EL ESPAÑOL sobre todo: amor, trabajo, familia, y un especial brillo se le dibuja en los ojos cuando habla de su faceta como padre.
Explique cuál es su relación con este maravilloso palacio reconvertido en restaurante.
Soy cliente habitual. Y ahora estoy con ellos como colaborador por una casualidad maravillosa de entrar un día y encontrarme a Bárbara y a Manuel.
A los pocos días me reuní con ellos y me propusieron entrar en este proyecto, como imagen y colaborador. Estar un poco en esta historia gastronómica.
¿Y en qué consiste su función aquí?
Sobre todo, enseñar esta maravilla de palacio y restaurante a gente que no lo conozca. Dar un servicio gastronómico. Algo que es fácil, porque el sitio es muy especial. Es muy fácil identificarte con este sitio, entonces es muy fácil venderlo. Muy fácil hablar de él.
Me pareció algo diferente. He estado toda la vida toreando e intentando sobrevivir de una manera o de otra.
Poder llegar a un palacio de 1903, con esta reforma, con esta decoración tan artística... viniendo del toreo: llevo dos meses y a mí no me cuesta ningún trabajo estar en Madrid, y mira que soy playero.
José Antonio Canales Rivera, en una imagen promocional.
Tira usted más para el sur...
Me gusta Cádiz, pero no me cuesta ningún trabajo venir a Madrid. Siempre he sido un poco reacio a todas estas cosas de estar en Madrid. Pero aquí -en ABYA- me dan un trato maravilloso.
¿Es de buen comer?
Sí, tengo el paladar muy educado, gracias a mi madre. Es fácil, entonces, decirle a la gente que venga a comer. El chef es maravilloso, tenemos en un pasillo hasta un cortador de jamón.
¡Este sitio es muy especial! Después terminas de comer o cenar, y te puedas tomar un cóctel en un sitio estupendo.
¿En qué momento vital está Canales Rivera?
Bueno, mira, te voy a decir una cosa. El otro día, con unos amigos, salió ese tema de 'me encantaría tener 25 años'. Y yo, ni muerto. No quiero 25 años. Quiero los que tengo ahora, que son 52, que me encuentro físicamente fenomenal. Que emocionalmente estoy genial.
Familiarmente, también me va increíble. No me duele nada.
Ni para coger impulso...
Yo con 25 años bebía antes de callarme, emocionalmente era muy inestable. Profesionalmente tenía muchas necesidades. ¿Sigo con más?
Canales junto a su hijo Pancho.
Y ahora está más estable en todas las parcelas.
Y no soy el que más tiene y sí soy el que menos necesita. Estoy bien, estoy feliz. Me considero un tío muy afortunado, con lo que yo me he fustigado y exigido. Ahora no dejo de hacerlo, lo de exigirme, porque el ser humano es así, siempre se quiere más, pero me entiendo a mí mismo.
¿Vive ahora aquí en Madrid?
No, estoy entre Madrid y Valencia. Y Cádiz, claro, que allí tengo a mis hijos y a mi madre. Voy mucho. En Valencia vive mi pareja y cuando salgo de mis dos días de trabajo en Madrid, me voy. Hasta el momento lo llevo bien.
Todo eso, con hijos adolescentes...
Sí, ya son adolescentes. Los dos están Cádiz. Cuando ellos necesitan de mí no dudo ni un segundo. Tan fácil como montarme en un avión o un tren e irme a pasar tiempo con ellos.
Es cuando ellos necesitan de mí, porque con esas edades no es fácil.
Ellos tienen una vida, están en pareja, tienen sus estudios. Como padre, siempre estoy ahí.
Uno de ellos, Pancho, es muy parecido físicamente a usted. Quiere ser futbolista.
Él juega a fútbol sala en el CD Virgili. Le va muy bien. Está estudiando Psicología Deportiva, y es un tipo maravilloso. Acaba de cumplir 21 años. Hace lo que le gusta; ya llegará el momento de acoger más responsabilidades.
¿Le gustan los toros?
Es muy aficionado, mucho. Sabe hasta lo que ve. Pero de ponerse delante de los animales, afortunadamente para mí, no. Eso me da mucha tranquilidad y felicidad, el hecho de que no se quiera poner delante.
A lo mejor mañana cambia la cosa...
Ya con 21 años es raro. Sólo conozco dos personas que a partir de 24 ó 25 años las cosas le hayan ido bien. Una de esas personas es Rafael Ortega, máxima figura del toreo, y el otro es Cayetano Rivera. Es muy difícil, hay que conocer los animales, tienes que estar en contacto con ellos.
Y cuando no lo estás desde pequeñito... No es lo mismo saber esquiar con 12 años que con 25. Pues torear es peor...
A los toreros les gusta poco que se hable de su vida personal.
Poco o nada. Yo colaboro en un programa en televisión, en El tiempo justo. Intento hacerlo lo mejor posible con Joaquín Prat, intento interactuar, opinar... pero, por favor, siempre y cuando no me concierne a mí. Lo paso fatal. No me gusta. Tengo 52 años y puedo elegir lo que me gusta.
El equipo conmigo es maravilloso. Tanto la dirección como los colaboradores y presentadores. Conmigo lo están haciendo muy bien. Voy un día a la semana. Cuando los temas familiares me dejan.
¿Cómo está su madre?
Mi madre está bien. Mi madre tiene muchos fans a nivel nacional con el tema de la tele. Lo que pasa es que ella ha sufrido mucho con el tema que se trata cuando sale. Ahora, cualquier aparición que se hace cuenta con mi revisión.
Canales Rivera junto a Regina García en la gala de la revista 'Madrid Magazine', en 2024.
La tele de hoy ya no es la misma...
Ni ella soporta la tele de antes, ni yo. Mi obligación como hijo es protegerla. Lo que pasa es que ella tiene una historia tan bonita e interesante. Y tan oculta. Siempre la están tentando. Que como está, dices: está estupendísima, no para, con sus labios pintados.
¿Qué le parece la reconciliación de Kiko Rivera con su madre, Isabel Pantoja? ¿Ha podido hablar con Kiko?
Yo tengo la misma relación con Kiko que con Francisco y Cayetano: si nos vemos, nos saludamos. A estas alturas de mi vida tengo otras cosas a las que prestarle atención. Que hagan las paces me parece bien. Lo que no me parecía ni medio normal es que estuvieran 5 años sin hablarse.
Es verdad que ella ha cometido errores, y los sabemos todos, pero yo creo que él también los ha cometido. Y creo que alguien debe dar el paso para la reconciliación. Me alegro por ellos.
Terminemos con amor. Está feliz, contento. Es una relación estable.
Sí, pero hasta ahí. Yo lo único que te puedo decir es que cuando empezamos nuestra relación yo me comprometí al mil por mil a cuidarla, y protegerla de este mundo. Ella es maravillosa, y yo lo voy a intentar hacer hasta el último día. Su anonimato es suyo y lo quiere así. Se lo merece.
¿Boda a la vista?
La boda me agobia un poco. Es que no se sabe. Salí de una relación hace cuatro años y no quería a nadie... y mira.