La Familia Real, saludando desde el balcón del palacio.
La nueva Familia Real de Noruega saluda al pueblo desde el balcón del palacio ante una ferviente ovación
Harald V ha recibido sepultura este miércoles, 9 de septiembre, en el Mausoleo Real del Castillo de Akershus de Oslo con la participación de autoridades noruegas y extranjeras
Más información: Haakon VIII, los príncipes Ingrid y Sverre y Marta Luisa, la solemne imagen tras el féretro con los restos mortales de Harald V
Jornada histórica y también dolorosa la que ha vivido la Familia Real noruega y, también, el pueblo de Oslo este miércoles, 9 de septiembre, en el funeral de Estado de Harald V, el que fue el rey más querido de Noruega durante sus 35 años y el abuelo de la nación.
Se ha tratado de un funeral de Estado histórico tanto por el amplísimo y regio despliegue de seguridad como por el traslado a la capital de todas las Casas Reales europeas al completo. Todo el mundo, pues, ha mirado este 9 de septiembre a la capital de Noruega.
El dolor y el luto oficial han dado paso, en el último suspiro de este histórico miércoles, a una ovación atronadora que marca el inicio formal de una nueva era en el norte de Europa.
El saludo de la Familia Real.
A las 16:45 horas puntuales, tras completarse la sepultura privada del rey Harald V, las banderas que ondeaban a media asta en toda la capital han sido izadas hasta lo más alto.
Minutos después, las puertas de cristal del balcón del Palacio Real de Oslo se han abierto para ofrecer la imagen más esperada del día: la de la flamante Familia Real.
Se ha producido en ese momento el primer saludo oficial de los nuevos Reyes de Noruega, Haakon VIII (53 años) y Mette-Marit (53), arropados por la princesa heredera Ingrid Alexandra (22), el príncipe Sverre Magnus (20) y la reina viuda Sonia (89).
Ante una Plaza del Palacio abarrotada por decenas de miles de personas que han desafiado el frío y las estrictas medidas de seguridad, la estampa familiar simboliza la continuidad y la estabilidad de la institución.
Otra imagen de la Familia Real.
En una mezcla de melancolía y esperanza, el rey Haakon VIII, visiblemente emocionado, ha agradecido el afecto del pueblo noruego antes de dar paso a una salva de aplausos que certifica el respaldo popular al nuevo reinado.
El camino hasta este desenlace en el balcón comenzó a las 12:00 horas en punto, momento en que el féretro de Harald V abandonó la capilla ardiente del Palacio Real bajo el tañido de las campanas y una sobrecogedora salva de cañonazos.
Acompañado por el sonido de las gaitas y las marchas fúnebres militares, el ataúd, cubierto con la bandera nacional y la corona real, iniciaba su pausado recorrido a lo largo de la avenida Karl Johans en dirección a la Catedral de Oslo.
Cumpliendo con un protocolo rigurosamente diseñado, el nuevo monarca, Haakon VIII, ha realizado todo el trayecto a pie inmediatamente detrás del armón de artillería que transportaba los restos de su padre.
La reina Sonia, muy emocionada.
Flanqueándolo en este doloroso paseo caminaban sus dos hijos, la princesa Ingrid Alexandra -quien asume desde hoy la condición de primera en la línea de sucesión- y el príncipe Sverre Magnus, junto a su tía, la princesa Marta Luisa (54).
En un plano secundario y a bordo de un coche oficial por estrictas razones de salud y protocolo, la reina Mette-Marit y la reina viuda Sonia han seguido de cerca la comitiva en vehículo.
La reina consorte, aquejada de una fibrosis pulmonar, ha evitado así el desgaste físico de la marcha a pie para guardar fuerzas de cara a la intensa agenda institucional del día.
A las 13:00 horas, la Catedral de Oslo abría sus puertas para acoger la liturgia fúnebre, convirtiéndose en el epicentro de la diplomacia y la realeza internacional.
En sus bancos se ha congregado una lista sin precedentes de dignatarios extranjeros: los reyes Felipe VI (58) y Letizia (53) junto a la reina Sofía (87); el príncipe Guillermo de Inglaterra (44); los reyes Federico X y Mary de Dinamarca.
Los reyes de España.
Renglón aparte merecen Carlos XVI Gustavo y la reina Silvia de Suecia acompañados por la princesa Victoria; y los reyes de Bélgica, Holanda y Luxemburgo, además de representantes de casas reales de Asia y Oriente Medio.
La misa, de carácter luterano y marcada por piezas musicales de profunda sensibilidad, ha combinado los discursos de homenaje a la figura de Harald V -recordado como "el rey del pueblo" tras 35 años de servicio impecable- con las oraciones por el nuevo soberano.
Tras una hora y media de oficio religioso, el cuerpo del difunto monarca abandonaba el templo escoltado por más de 1.900 militares en dirección a su morada definitiva.
La sepultura íntima en Akershus
El último tramo del itinerario fúnebre ha concluido en la histórica fortaleza de Akershus. En la iglesia del castillo se ha celebrado un oficio estrictamente privado, reservado en exclusiva a los miembros de la Casa Real noruega y a sus invitados de la realeza más cercana.
Allí, en la penumbra de la cripta real donde reposan los reyes de la dinastía, el cuerpo de Harald V ha sido depositado junto a sus antepasados.
Ha sido solo tras el sellado de la tumba cuando la nación nórdica ha dado el giro definitivo hacia la nueva era. La sobriedad del luto ha dado paso a las manifestaciones de afecto en la Plaza del Palacio.
La estampa de Haakon VIII y Mette-Marit saludando desde el balcón no solo despide a uno de los Reyes más queridos de la historia contemporánea de Escandinavia, sino que ratifica la vigencia de una monarquía renovada y preparada para afrontar los desafíos del siglo XXI.