El mundo del vino lleva tiempo reflexionando sobre su relación con la tierra, pero ahora algo ha cambiado. La sostenibilidad ya no se comunica, se cultiva.
Cada vez más bodegas españolas están transformando sus viñedos, sus arquitecturas y sus métodos de trabajo para cuidar el entorno con la misma delicadeza con la que tratan una fermentación. Porque el buen vino empieza en el suelo, y protegerlo es proteger el futuro.
La vitivinicultura contemporánea ya no entiende de modas, sino de coherencia. Las bodegas apuestan por una “sostenibilidad integral”: reducir emisiones, aprovechar recursos, cuidar la biodiversidad y asegurar que detrás de cada botella hay un compromiso también social y económico.
El vino se hace en el viñedo pero se termina en la bodega
El resultado no solo se mide en energía ahorrada o certificaciones obtenidas, sino en vinos más puros, honestos y profundamente ligados a su origen.
Un cambio de mirada
Lo que hasta hace poco era un discurso de marketing se ha convertido en una nueva cultura del vino. Las bodegas que aplican la sostenibilidad de forma realista y directa están marcando el futuro del sector. No solo están reduciendo su impacto, sino que están redefiniendo qué significa elaborar buen vino en el siglo XXI.
Porque cuidar el viñedo no es solo una cuestión de ética, es el secreto para que la grandeza del vino siga teniendo raíces profundas.
7 ejemplos de compromiso real con la tierra
Altolandon (Cuenca)
En lo alto de Landete, en Cuenca, a más de 1.100 metros de altitud, Altolandon trabaja rodeada de silencio, encinas y aire puro. Desde sus inicios apostaron por el cultivo ecológico, con cubiertas vegetales que protegen el suelo y un pequeño rebaño de ovejas, cabras y abejas que mantienen a raya las plagas y fertilizan de forma natural.
Su trabajo es casi artesanal, sin clarificaciones ni estabilizantes, y todo se hace con la menor intervención posible.
Altolandon by Rosalía (100% garnacha centenaria, 8 meses en tinaja) es un tinto de color cereza intensa que combina acidez vibrante con especiado elegante. Un homenaje a Rosalía Molina, quien salvó este viñedo histórico, que refleja la pureza del terruño de altura: fresco, con nervio y una personalidad que invita a maridar con verduras, arroces o quesos. Precio: 21 euros
Pérez Barquero (Montilla-Moriles)
Con más de un siglo de trayectoria, Pérez Barquero demuestra que la sostenibilidad también tiene tradición. En su apuesta por la eficiencia energética, la bodega ha instalado un sistema de autoconsumo solar con 380 paneles, y colabora con la Universidad de Córdoba para adaptar las levaduras al calentamiento global.
Su objetivo, alcanzar la Huella de Carbono Cero, sitúa a esta histórica casa en la vanguardia de la innovación responsable.
Gran Barquero Amontillado, un vino de larga crianza que encarna la paciencia y la precisión de la bodega, es un buen ejemplo del compromiso sostenible de la bodega. Su complejidad y profundidad hablan de un trabajo respetuoso con el entorno y con la historia. Precio: 28,50 euros
Celler de Les Aus (Alta Alella, Barcelona)
El proyecto más experimental de la familia Pujol-Busquets es un ejemplo vibrante de coherencia ecológica. Situado en pleno Parque Natural de la Serralada de Marina, Celler de Les Aus está construido con contenedores de barco reciclados y se integra por completo en el paisaje.
Su filosofía natural es radicalmente respetuosa: elaboran sin sulfitos, reutilizan materiales y han reducido el peso de sus botellas casi un 50%. Además, han instalado bebederos para proteger las aves autóctonas.
Aus Orange Wine, elaborado con maceración con pieles, muestra la viveza y textura de un vino que fermenta con la naturaleza, no contra ella. Su perfil aromático y táctil es una declaración de principios.
Marqués de Riscal (Rueda)
Símbolo de innovación y tradición, Marqués de Riscal ha logrado certificar como ecológicas todas sus fincas desde la cosecha 2018.
Más allá del vino, la histórica bodega riojana impulsa proyectos de economía circular y fomenta el turismo responsable en su icónico complejo de Elciego, integrando arte, arquitectura y sostenibilidad.
Finca Montico Gran Vino de Rueda representa esa filosofía que acompaña a la bodega. Un verdejo elaborado sobre lías, con una intervención mínima y niveles de sulfuroso muy por debajo de lo habitual incluso en vinos ecológicos.
Fresco y profundo, este blanco confirma que la innovación más auténtica está en volver a los orígenes. Una oda a la pureza varietal y al carácter del suelo cascajoso de Rueda. Precio: 16,90 euros
Bodegas Riojanas (Rioja)
Desde Cenicero, una de las casas históricas de Rioja demuestra que los valores tradicionales pueden ser motores de cambio.
Bodegas Riojanas ha obtenido el sello Sustainable Wineries for Climate Protection, ha instalado paneles solares que cubren el 45% de su consumo y participa en el proyecto SOSTEVIN para mitigar los efectos del cambio climático.
Además, premian a los viticultores que cuidan mejor el campo, integrando índices de sostenibilidad y calidad en sus contratos.
Monte Real Crianza es un buen reflejo de este equilibrio entre herencia y modernidad. Un tinto con nervio, fruto de viñas cuidadas con mimo, donde cada sorbo sabe a compromiso. Precio: 8,95 euros
Familia Martínez Bujanda (Rioja)
Cinco generaciones dedicadas al vino avalan la filosofía de Familia Martínez Bujanda, convencidas de que la naturaleza manda y hay que escucharla.
En su Viña Bujanda Organic Wine apuestan por un modelo circular: los restos de poda se transforman en compost, el agua de lluvia se aprovecha en balsas y la energía solar alimenta buena parte de sus instalaciones. Han reducido el peso del vidrio y fomentan prácticas que alargan la vida útil del suelo.
Un tempranillo joven, directo y sincero que muestra cómo la sostenibilidad también se puede saborear. Su frescura y textura sedosa reflejan el trabajo bien hecho desde la raíz. Precio: 7,65 euros
Albet i Noya (Penedès)
Pioneros de la viticultura ecológica en España desde los años 70, la familia Albet i Noya lleva décadas cultivando sin pesticidas, sin insecticidas y con un profundo respeto por la vida del suelo. Hoy lideran el proyecto VRIAACC, que investiga variedades autóctonas resistentes al cambio climático.
Su visión es regenerativa: buscan viñedos autosuficientes, biodiversos y resilientes. La energía limpia y los materiales reciclados completan un engranaje de coherencia absoluta.
El Fanio es un xarel·lo texturizado y mineral nacido de terrazas de pizarra, emblema del Penedès más puro y de una forma de entender el vino que pone a la tierra en el centro. Precio: 19,90 euros
