En 2026 tus brindis van a ser más fáciles, más frescos y bastante menos solemnes: vinos ligeros para el día a día, burbujas para cualquier momento y sin arruinarse, algo bajo en alcohol para cuando toca portarse bien y formatos cómodos que no exigen tener bodega en casa. Todo en clave ahorro-disfrute y sin necesidad de saberse la diferencia entre crianza y reserva.
Así vas a beber este año
- Mandan los vinos ligeros: menos madera, menos grado y más frescura para poder abrir botella un lunes sin miedo al martes. Piensa en tintos tipo pinot noir, garnacha de altura o mezclas de clima frío que se pueden beber algo más frescas y funcionan de la tapa al ramen.
- Las burbujas salen del brindis y se mudan al aperitivo, al brunch y a la cena improvisada con amigos, con estilos más asequibles y gastronómicos como cavas ecológicos, ancestrales divertidos, crémants o lambruscos secos.
Burbujas a cualquier hora
- Los vinos NOLO (bajo o sin alcohol) dejan de ser un castigo y se convierten en opción real cuando quieres el ritual de la copa, pero también ir al gimnasio sin remordimientos.
En definitiva, menos reglas, más contexto real de vida, o lo que es lo mismo: más “qué me apetece con esta pasta de domingo” y menos “qué diría Parker de esto”.
Un vino para cada momento de la semana
El vino deja de ser “evento” y pasa a ser una especie de “electrodoméstico emocional”: está ahí cuando hace falta, para facilitarte la vida. Por eso crecen los estilos versátiles, frescos y fáciles de entender, tanto en las cartas de los restaurantes como en los lineales del súper.
- Para la pasta del domingo: aquí brillan los tintos jugosos de medio cuerpo, con fruta roja y poca madera, que aguantan del parmesano al ragú sin apagar el plato. Un tinto ligero de garnacha de Gredos, un pinot sencillo o un portugués fresco de Dão te hacen el apaño sin obligarte a echar la siesta.
Pasta y vino, perfect match
- El tinto que va del aperitivo al ramen: 2026 consolida esa idea de tinto “todoterreno” que puedes servir frío con unas croquetas, seguir con un yakitori y terminar con un ramen picante sin cambiar de botella. Busca taninos suaves, acidez viva y grados moderados, que permitan alargar la noche sin que la copa se haga bola.
- El blanco de “hoy comemos lo que haya”: para un día vago, opta por blancos nítidos, aromáticos y con buena acidez que aguanten desde una ensalada de pasta a un pescado al horno o unas sobras de pollo asado. Albariño, sauvignon blanc, coupages mediterráneos o blancos centroeuropeos suaves encajan a la perfección con ese “no sé qué voy a comer, pero quiero vino”.
La gran ventaja es que con estos perfiles ya no hace falta pensar en el maridaje; basta con tener en cuenta si el plato es ligero, medio o potente y buscar un vino igual o un pelín por encima en intensidad.
Más burbujas, menos seriedad
Las estadísticas del sector señalan que los espumosos crecen sobre todo cuando se posicionan como vinos de todo el día y no sólo de celebración formal. De ahí el tirón de cavas bien hechos, ecológicos o biodinámicos, ancestrales naturales y desenfadados, burbujas de nuevos orígenes y variedades, y otras opciones secas a buen precio.
Espumosos desde el brunch
- Para un brunch con burbujas baratas (pero dignas): se buscan espumosos secos, con burbuja fina y buena acidez que sostengan huevos benedictine, pancakes o un pincho de tortilla sin empalagar. El punto está en irse de las grandes marcas y mirar etiquetas Brut Nature o espumosos secos que suelen ofrecer mucha alegría por menos dinero.
- Burbujas para sushi, pizza o pollo frito: 2026 normaliza combinar espumosos con comida informal, porque la acidez y el carbónico limpian la grasa y suavizan las salsas mejor que muchos tintos contundentes. Ese vino que antes guardabas para el cumpleaños ahora se abre un miércoles con unos bao buns y una serie de Netflix sin remordimientos.
Mensaje subliminal del año: si algo burbujea, es difícil que la mesa se ponga seria; y eso los nuevos consumidores lo han entendido de maravilla.
NOLO sin tecnicismos (y sin trauma)
Las categorías de vino bajo y sin alcohol encadenan varios años de crecimiento y en 2026 se consolidan con mejores técnicas de elaboración y más referencias en carta y en tienda.
Ya no son el recurso triste del conductor de la noche, sino una alternativa pensada para gente que quiere alternar copas con días de descanso o cuidar más la salud.
Los vinos sin alcohol o, mejor dicho, desalcoholizados, son vinos que parten de uvas normales, se elaboran como un vino al uso y luego se les reduce o retira el alcohol con técnicas que intentan conservar aromas y textura. El resultado no sabe igual que un vino clásico, de acuerdo, pero cada vez se parece más a una copa real que a un zumo concentrado.
2026 sin alcohol
Este año, ponlos a prueba en desayunos largos, comidas de trabajo, cenas entre semana o épocas de cuidado extra, donde quieres participar del ritual sin salir del restaurante con la cabeza como un bombo. Muchos locales ya reservan un hueco fijo en carta para uno o dos vinos NOLO dignos, igual que para opciones veganas.
Truco mental: piensa en el NOLO como la versión “modo avión” de tu vino favorito; no sustituye siempre, pero te salva cuando necesitas estar operativo al día siguiente.
Formatos cómodos: lata, mini bag-in-box y ahorro
Si en 2026 hay un territorio donde se cruzan ahorro y sostenibilidad, es el del packaging. La botella clásica de vidrio ya no está sola. El auge del bag-in-box y los formatos monodosis se debe a tres cosas muy terrenales: comodidad, precio y menos desperdicio.
- Latas y raciones individuales: los envases monodosis crecen porque permiten llevar vino a parques, festivales, piscina o casa de amigos sin preocuparse por el cristal y sin tener que abrir 750 ml si sólo te apetece una copa. Cada vez más proyectos serios enlatan blancos frescos, rosados y algún tinto ligero para momentos “abre y bebe” donde lo importante es la situación, no la nota de cata.
Vino en lata, la opción más versátil
- Bag-in-box mejorado, también en pequeño: los informes de mercado apuntan a un aumento notable del bag-in-box por su menor huella de carbono, el coste más bajo por litro y la capacidad de mantener el vino fresco semanas una vez abierto. Además, ya no sólo hay cajas de tres o cinco litros, entran formatos más pequeños pensados para parejas o personas que beben poco, sin renunciar a cierta calidad.
La clave para este año es dejar de asociar estos formatos a vino malo; muchas bodegas serias se están pasando a caja para consumo diario, reservando la botella a sus etiquetas más especiales.
Entonces, ¿cómo pinta el vino en 2026? Muy fácil, menos miedo a equivocarse, más ganas de probar y un objetivo bastante sencillo: que la copa acompañe tu vida real, no tu currículum de experto.
