Aunque el buen clima de España hace que a veces parezca que el buen tiempo nos va a acompañar todo el año, el fresco está a la vuelta de la esquina y, con el "bicho" aún fuera, parece que nos tocará pasar más tiempo en casa de lo deseado. Pero no todo son malas noticias en este pandémico 2020. Los meses de octubre y noviembre traen delicias otoñales a nuestro paladar, como las setas, la caza, las castañas, la calabaza, las granadas, las manzanas, las coles, los higos o las acelgas.

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Y para disfrutar de estos manjares en todo su esplendor, hemos elegido siete vinos con cuerpo, capaces de hacernos entrar en calor… y quitarnos alguna que otra pena.

Comienza nuestra temporada gastronómica favorita.

La Garnacha Perdida del Pirineo (Vintae)

Es uno de los seis vinos que forman parte del Proyecto Garnachas de la compañía vinícola Vintae, para el cual el grupo ha ido recuperando viñedos viejos en la zona del valle del Ebro (Rioja, Aragón y Cataluña) con el objetivo de trabajar la uva en ecológico. Esta 'garnacha perdida' procede de una viña muy singular, situada a 20 km en línea recta del Pirineo, en Uncastillo, localidad zaragozana de las Cinco Villas.

Se llama así porque se encuentra literalmente perdida en la montaña, rodeada de bosque y con un antiguo torreón de vigilancia como guía. Se trata de un vino delicado y de gran complejidad, con recuerdos a violeta, moras y arándanos, a romero y a laurel, ideal para tomar con un buen chocolate negro. P.V.P.: 19,95 €

Larrosa Negra (Izadi)

Seguimos con garnachas porque es la uva del otoño por antonomasia. Tras Larrosa Rosé y Larrosa Blanca, Izadi completa su trilogía con Larrosa Negra, un monovarietal tinto de la Rioja Alavesa que mantiene la personalidad desenfadada de los anteriores. Un vino de corta crianza que sobresale por ser fresco, goloso y estructurado al mismo tiempo.

El secreto está en la selección de garnachas viejas y en el trabajo cien por cien manual. Un vinazo para todo tipo de paladares, noveles o avezados, con una sorprendente relación de calidad-precio, y perfecto para acompañar los sabores del otoño. P.V.P.: 7,90 €

Pisarrosas (Nexus&Frontaura)

Si nos dijeran que el Pisarrosas es un ser mitológico de la cultura popular castellana, nos lo creeríamos, aunque sólo fuera por la etiqueta de este vino. Pero lo cierto es que es un personaje inventado. Un nombre que acompaña a una imagen potente y arriesgada, y que aporta personalidad a un vino que pretende reflejar la valentía y la fortaleza de la uva tempranillo de la Ribera del Duero, de la altitud de los viñedos y del terruño.

Con aromas deliciosos a higos y tomillo, notas de caramelo, almendras y especias en boca, Pisarrosas se expresa en toda su complejidad con un buen asado. Damos fe de ello. P.V.P.: 18,90 €

Las Laderas de José Luis (Dominio de Berzal)

Orgulloso de ser uno de los primeros vinos inscritos como 'Viñedo Singular' en la DOCa Rioja, este vino de la Rioja Alavesa es el que debes llevar a la próxima comida familiar. Con la artesanía por bandera y una producción muy limitada de 1.930 botellas, Las Laderas de José Luis transite su esencia a partir de pequeños relatos reales, basados en las vivencias de la familia Berzal.

Y es que la parcela de donde surge este vino lleva con ellos desde tiempos inmemoriales. Un trozo de tierra privilegiada y sumamente especial que aporta al tempranillo de sus cepas unas condiciones excepcionales. Singularidad que en boca se traduce en frescura y golosidad de picotas y granadas, con unos elegantes toques de torrefacto. Si buscas storytelling para convencer a tu cuñado, este es tu vino. P.V.P.: 40 €

Pagos de Valcerracín Vendimia Seleccionada (La Luz del Duero)

Desde la localidad vallisoletana de Peñafiel, en la milla de oro de la Ribera del Duero, este tinto asentado en el terroir representa los matices afrutados de su variedad autóctona, la tempranillo. Un estilo clásico con una nariz compleja y equilibrada que nos hace rememorar la fruta negra madura, y un trabajo de 16 meses en barrica de roble francés que nos transporta hacia los cueros, al tabaco y las especias.

Un vino intenso y untuoso, con el volumen y la persistencia necesaria para armonizar con la cocina más consistente del otoño-invierno: setas, caza, guisos, carnes rojas… P.V.P.: 15 €

Altos de Losada Villa de Valtuille de Arriba (Losada Vinos de Finca)

El botillo, las castañas, la manzana reineta… La gastronomía berciana encuentra su razón de ser con esta etiqueta perteneciente a la gama de vinos de paraje de la bodega leonesa Losada Vinos de Finca. Se trata de un tinto cuyo origen está en 17 pequeñas piezas de viñedo viejo de Mencía recuperadas, cultivadas y elaboradas por separado.

Altos de Losada

La mezcla de arcillas de cada terruño y los meses de crianza en roble francés (15, para ser exactos) dan como resultado un vino fragante, carnal y cautivador. Tanto como los paisajes de la bella comarca del Bierzo en esta época del año. P.V.P.: 17,50 €

Gewürztraminer (Finca Río Negro)

Acabamos la selección con un blanco, porque los blancos también son para el otoño. Más aún los que cuentan con un trabajo de batonage o una crianza en barrica, por corta que sea. Es el caso del Gewürztraminer de Finca Río Negro, criado sobre lías durante cinco meses y que recuerda a los monovarietales alsacianos por su intensidad aromática y sus notas amieladas, y también por mantener una sedosidad untuosa en boca con el punto justo de acidez.

Un blanco con cuerpo, elaborado en uno de los pagos más elevados desde el centro peninsular hasta el norte de Europa (a 1.000 metros de altura) en Cogolludo, junto al Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara, capaz de mantener el tipo con quesos fuertes, pescados al horno o a la mantequilla, compotas de manzana, cremas de calabaza e incluso algunas aves. P.V.P.: 13,95 €