El título lo dice todo. Receta tradicional de conejo con tomate, estandarte de nuestra gastronomía. Elaboración humilde, pero con mucho cariño. Hoy queremos honrar a la cocina española con esta reliquia que nos transporta a la cocina de nuestras abuelas. Plato infalible, sabor garantizado.

Ingredientes para hacer conejo con tomate

  • Tomate triturado, 225 g
  • Carne de conejo, 450 g
  • Caldo de carne o verduras, 100 ml
  • Dientes de ajo, 3
  • Cebolla, 1
  • Guindilla, 1/2 (opcionales, si te gusta el picante)
  • Pimiento verde, 1/2
  • Pimiento rojo, 1/2
  • Tomate concentrado, 1 cucharada
  • Tomillo, 1 cucharada
  • Carne pimiento choricero, 1 cucharadita
  • Aceite de oliva, 2 cdas
  • Sal, al gusto
  • Popurrí de pimientas, al gusto

Cómo preparar conejo con tomate

1: Sofrito de base

Echamos aceite de oliva sobre una sartén profunda o una olla de guisote donde nos quepa todo. Sed generosos con el aceite. Una vez coja temperatura, vertemos la cebolla, el pimiento rojo, el pimiento verde y los tres diantes de ajo. Removemos bien los colores hasta que todo se combine. Doramos todos los ingredientes.

No hace falta que los ingredientes queden completamente cocinados, pues se terminarán de hacer en el último paso de esta receta. ¿Han cogido esos tonos dorados? Perfecto: reservamos en un plato y no limpiamos la sartén u olla.

2: Dorar la carne de conejo

No limpiar la sartén no es de guarros, sino de sabios: sobre esos jugos y sabores que han desprendido las hortalizas, echamos otro poquito de aceite de oliva. Nada más caliente, toca dorar la carne del conejo sobre todo ese sabor.

Le damos la vuelta a las piezas de carne cuando hayan tomado un bronceado rápido. Añadimos las guindillas. Volvemos a darle una vuelta a las piezas de conejo. El objetivo es que no veamos el rosa de la carne, pero tampoco nos pasemos dándole mucha temperatura. Recordad: todo se terminará de hacer armoniosamente en el último paso de la receta. Una vez tengamos la carne dorada, colocamos todo en un plato y volvemos a reutilizar la misma sartén u olla.

3: Sofreír salsa de tomate

Sobre la mezcla de aromas y grasas que ha coleccionado la sartén, añadimos el tomate concentrado y la carne del pimiento choricero. Removemos la mezcla. Agregamos el tomate triturado, dos hojas de laurel y el tomillo. Salpimentamos al gusto y removemos todo bien. Dejamos que reduzca 10 minutos a fuego lento.

Según os guste el plato con más o menos tomate, tenéis que aumentar o disminuir la medida que os proponemos. Paralelamente, el componente extra que dota de sabor y color a este plato es un chorro de vino tinto. Como no hemos percibido esta baja en nuestras filas hasta el instante donde queríamos usarlo, hemos optado por emplear 100 ml de caldo de pollo, que en muchos lugares también se emplea en esta receta.

Empleéis vino, cerveza o caldo, solo tenéis que reducir la salsa 5 minutos más a fuego medio.

4: Añadir todos los ingredientes

El paso del que os hablábamos, donde todo cobra sentido. Conseguida una salsa de tomate bien espesa y de colores encendidos, vertemos todo lo que habíamos reservado: la  carne de conejo y el sofrito. Removemos bien. Cocinamos durante 5 minutos adicionales y servimos.

5: Servir

De la sartén u olla al plato. Sin más. Integrad una buena ración que contenga todos los elementos: carne, pimientos, diente de ajo y una generosa cantidad de salsa de tomate.

Notas

Se hace muy extraño que no sea tu abuela quien te sirva este plato. Y resuene esa enamorada voz que repetía con total convicción: estás mu delgao, ¡llénate otro plato! En casa de mis abuelos, este plato siempre iba acompañado de pan pagès propio de Ibiza y un vaso de tintorro castizo. Ancestros manchegos, mis abuelos, que habían llevado sus humanos y buenos rituales a las islas.

En España, la carne de conejo goza de una larguísima trayectoria. Esta receta apuesta por lo mejor de ese estilo de comida que siempre bautizamos como «de toda la vida». No tiene mucha grasa, nos asegura una buena ración de nutritivas hortalizas y se hace sorprendentemente ligero en la digestión. Es una muy buena manera de comer proteína animal, cambiando el pollo, el cerdo o la ternera, que suelen ser los lugares más comunes en nuestra cocina y tal vez hayan relegado al conejo a un lugar poco atendido.

Como anécdota, este plato me inunda de nostalgia. Recuerdo la cazerola esmaltada de mi abuela, echando vapores sobre los fogones de su cocina vieja de gas. Siempre empleaba el mismo delantal impoluto, sobre su camisón de lunares blancos que flotaban en la tela negra. El repertorio de recetas de esta noble mujer era muy reducido, pero magistral. Tenía cada uno de esos platos dominado hasta puntos que nuestro paladar jamás podía comprender. El conejo con tomate era una de sus recetas más recurrentes. Creo que son los aromas, la sencillez del plato y el cariño con el que uno lo hace lo que le dotan de ese algo añadido que nos transporta a un modo de cocinar tan propio. Nos adentra en la cocina de nuestros antiguos, que llega a nosotros como un testimonio y nos invita a continuar el legado.

¿Consejos? Si no tienes prisa, emplea tu propio tomate triturado casero. Compra la carne en una buena carnicería de tu barrio. Tómate tu tiempo con el sofrito y, en especial, sé paciente friendo el tomate. Cuanto más tiempo tengamos para el tomate, mejor. El fuego lento le sienta de perlas. Animaos e invitad a alguien a casa para la ocasión. Este es un plato para compartir en buena mesa, rodeado de los allegados.

¿Qué tipo de conejo con tomate conocéis? ¿Es muy diferente al nuestro? ¿Tenéis alguna historia que contarnos sobre este plato tan íntimo de la gastronomía española? Recordad que podéis escribirnos a nuestros Instagram y Facebook. Compartid esa tradición viva. Contadnos cómo lo preparáis y conservemos la receta.