Gambas al ajillo

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Los chefs españoles coinciden: las gambas al ajillo no mejoran con guindilla; la clave es usar el jugo de las cabezas

José Andrés, Ferran Adrià y María Morales apuestan por la misma técnica para elevar este clásico del tapeo: exprimir las cabezas de las gambas y mezclar su jugo con el aceite.

Más información: José Andrés (56), chef español, alto y claro: "Para que las gambas al ajillo tengan más sabor, el truco no es la guindilla"

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Hay platos que son la viva definición de la cultura de bar en España, y las gambas al ajillo ocupan un puesto de honor entre ellos.

Servidas en cazuelitas humeantes, con el aceite burbujeando y un aroma a ajo que se extiende por toda la barra, esta tapa es una de las más pedidas en bares y restaurantes de todo el país.

Pocos ingredientes, tiempo de cocción mínimo y un resultado que pide mojar pan a gritos.

Pero, precisamente, por su aparente sencillez, este plato esconde matices que separan una versión correcta de una memorable.

Los chefs profesionales, para bordar el plato, coinciden en un punto que a muchos cocineros caseros nos suele pasar desapercibido: las cabezas de las gambas.

No tires las cabezas de las gambas

Cuando compramos gambas, muchas veces las compramos ya peladas por comodidad, pero con ese gesto perdemos sabor.

José Andrés lleva años señalando que es un error porque dentro de las cabezas hay un jugo concentrado, rico en proteínas y compuestos aromáticos, que al emulsionarse con el aceite genera una salsa cremosa y llena de sabor a marisco.

El chef asturiano recomienda comprar siempre gambas enteras, separar las cabezas, exprimirlas sobre un colador fino y reservar ese líquido para incorporarlo al final de la cocción.

Ferran Adrià aplica un método ligeramente distinto: dora las cabezas directamente en la sartén y después las presiona con un mortero para que liberen todo su jugo sobre el aceite. El resultado es un aceite aromatizado en el que después se cocinan las colas peladas.

Adrià insiste en que el tiempo de cocción es crítico; apenas un par de minutos para que las gambas no se conviertan en caucho.

María Morales, finalista de MasterChef 9, lleva esta técnica un paso más allá. La cocinera dora cabezas y cáscaras, las tritura con un vaso de agua y obtiene un caldo exprés con sabor a marisco que incorpora a la sartén. Un truco que, según ella, aprendió de su abuela.

Usa una sartén y no quemes el ajo

José Andrés recomienda, además, cocinar en sartén en vez de en cazuela de barro. La razón es que el barro retiene mucho calor y sigue cocinando las gambas una vez fuera del fuego, con el riesgo de que queden gomosas.

Otro detalle en el que coinciden los tres cocineros es el tratamiento del ajo: hay que laminarlo fino, retirando el germen para evitar amargor, y dorarlo a temperatura moderada. Un ajo quemado arruina toda la salsa.

Conviene también retirar el intestino de las gambas con un corte poco profundo a lo largo del lomo.

Ingredientes

  • Gambas frescas enteras (con cabeza), 500 g
  • Aceite de oliva virgen extra, 100 ml
  • Ajo, 6 dientes
  • Guindilla seca (cayena), ½ ud (opcional)
  • Vino blanco seco, 50 ml
  • Perejil fresco, un puñado
  • Sal, al gusto

Paso 1

Separa las cabezas de las colas de las gambas. Exprime el interior de cada cabeza sobre un colador fino, ayudándote con los dedos o con una cuchara, y recoge ese jugo en un cuenco. Reserva también 4 cabezas enteras para dorarlas después.

Paso 2

Pela las colas dejando el último tramo de cáscara junto a la cola. Haz un corte superficial a lo largo del lomo y retira el hilo intestinal. Seca las gambas con papel de cocina y sazónalas a tu gusto.

Paso 3

Pela los ajos, retira el germen y córtalos en láminas finas. Lava el perejil, sécalo bien y pícalo muy fino

Paso 4

Calienta el aceite en una sartén amplia a fuego medio. Cuando esté templado, añade las láminas de ajo, la media guindilla (si la usas) y las 4 cabezas de gamba enteras. Deja que se doren durante un minuto sin que el ajo llegue a quemarse.

Paso 5

Presiona las cabezas con el dorso de una cuchara o la mano de un mortero pequeño directamente en la sartén para que liberen su jugo en el aceite. Retira las cabezas y la guindilla.

Paso 6

Sube el fuego a intensidad media-alta e incorpora las colas de gambas peladas sin amontonarlas. Cocínalas apenas un minuto por cada lado, hasta que empiecen a ponerse blancas. Retíralas y resérvalas.

Paso 7

Vierte el vino blanco en la sartén y deja que reduzca unos segundos. Añade el jugo colado de las cabezas y remueve bien para emulsionar la salsa con el aceite.

Paso 8

Devuelve las gambas a la sartén, mézclalo todo con cuidado y retira del fuego antes de que rompa a hervir. Espolvorea con el perejil picado y sirve de inmediato con un buen trozo de pan para mojar en la salsa.

Preguntas frecuentes sobre las gambas al ajillo

  • ¿Puedo usar gambas congeladas? Sí, aunque el resultado será mejor con gambas frescas. Descongélalas lentamente en la nevera la noche anterior y sécalas bien con papel de cocina antes de cocinarlas.

  • ¿Es imprescindible la guindilla? No. José Andrés y Ferran Adrià subrayan que es un complemento, no el eje del plato. Se puede sustituir por una pizca de pimentón de la Vera o, como hace María Morales, por un toque de chile chipotle ahumado.

  • ¿Por qué sartén y no cazuela de barro? La cazuela retiene mucho calor y sigue cocinando las gambas fuera del fuego. Si prefieres servir en cazuela por estética, cocina en sartén y pásalas a una cazuela fría justo al final.

  • ¿Qué vino marida mejor con las gambas al ajillo? Un blanco seco y joven con buena acidez: albariño, verdejo o godello. También funciona de maravilla una manzanilla o un fino de Jerez, cuyas notas salinas complementan el marisco.

  • ¿Cuál es el mejor pan para mojar en la salsa? Un pan de hogaza con corteza crujiente y miga densa, como el pan gallego o el pan candeal. También sirve una chapata o pan de cristal ligeramente tostado. Lo importante es que tenga estructura para soportar la salsa.

  • ¿Se pueden usar langostinos o gambones? Por supuesto. La técnica funciona igual con langostinos, gambones o cigalas. Solo hay que ajustar el tiempo de cocción: unos segundos más o menos según el tamaño de la pieza.