Ana Casanova junto a unas gambas al ajillo.

Ana Casanova junto a unas gambas al ajillo. E.E.

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Ana Casanova, cocinera: "El truco para que las gambas al ajillo tengan más sabor no es la guindilla, sino el vino blanco"

Un truco muy sencillo puede transformar unas gambas al ajillo: añadir un chorrito de vino blanco potencia el sabor y crea una salsa irresistible.

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Las gambas al ajillo son uno de los platos más reconocibles de la gastronomía española. Pocas recetas representan mejor el espíritu de nuestras tapas: sencillas, sabrosas y perfectas para compartir alrededor de la mesa con una buena barra de pan.

Este clásico de bares y tabernas se prepara con pocos ingredientes y en apenas unos minutos, lo que ha contribuido a que sea una de las elaboraciones más populares tanto en restaurantes como en hogares. Sin embargo, aunque pueda parecer una receta muy simple, no siempre es fácil conseguir que queden realmente jugosas y llenas de sabor.

En muchas cocinas, la preparación suele seguir un patrón muy similar: abundante aceite de oliva, varios ajos laminados y, en muchos casos, una guindilla para aportar un toque picante. Cuando el aceite empieza a chisporrotear, se añaden las gambas y se cocinan rápidamente.

El resultado suele ser bueno, pero hay pequeños detalles que pueden marcar una gran diferencia en el sabor final del plato. Y precisamente en esos detalles se centra la propuesta de la chef Ana Casanova.

La cocinera, conocida en redes sociales por compartir recetas inspiradas en los platos que ha probado durante sus viajes, ha explicado que existe un truco muy sencillo para potenciar el sabor de las gambas al ajillo sin complicar la receta.

"Para que las gambas al ajillo tengan más sabor, el truco no es la guindilla, sino añadir un chorrito de vino blanco", explica la chef, que apuesta por una preparación muy aromática en la que el ajo y el marisco son los auténticos protagonistas.

El secreto para unas gambas al ajillo más sabrosas

Según explica Ana Casanova, muchas personas creen que el sabor de este plato depende principalmente del toque picante que aporta la guindilla. Sin embargo, en su opinión, ese no es el ingrediente que realmente transforma la receta.

El elemento que marca la diferencia es un pequeño chorrito de vino blanco añadido durante la cocción. Este ingrediente no solo aporta un aroma más intenso, sino que ayuda a desglasar el fondo de la sartén y a integrar todos los sabores.

Cuando el vino entra en contacto con el calor, libera sus aromas y se mezcla con el aceite y los jugos que desprenden las gambas, creando una salsa ligera y muy sabrosa.

Además, el vino aporta un ligero punto de acidez que equilibra el conjunto y evita que el plato resulte demasiado graso. El resultado son unas gambas más aromáticas, con una salsa perfecta para mojar pan.

Un plato sencillo que siempre funciona

Las gambas al ajillo forman parte de ese grupo de recetas tradicionales que han pasado de generación en generación sin perder popularidad. Su éxito radica en la sencillez de los ingredientes y en la rapidez con la que se preparan.

En apenas unos minutos se puede tener listo un plato lleno de sabor, ideal tanto como aperitivo como para compartir en el centro de la mesa.

Otro de los aspectos que explica su popularidad es su versatilidad. Aunque la receta clásica se hace con gambas frescas, también puede prepararse con langostinos o incluso con gambas congeladas si se descongelan correctamente antes de cocinarlas.

Lo importante, como señalan muchos cocineros, es controlar bien el tiempo de cocción. El marisco debe cocinarse lo justo para que quede tierno y jugoso, ya que un exceso de calor puede hacer que se vuelva seco y gomoso.

Por eso, la clave está en añadir las gambas cuando el aceite ya está aromatizado con el ajo, pero sin dejar que el fuego sea demasiado fuerte.

El papel del ajo en la receta

Aunque el vino blanco aporta un toque muy especial a la preparación, el ingrediente que define el carácter del plato sigue siendo el ajo.

En las gambas al ajillo tradicionales, los ajos se laminan y se doran lentamente en aceite de oliva. Este paso permite que el aceite se impregne de su aroma y sirva de base para el resto de la receta.

Es importante que el ajo se dore suavemente y no llegue a quemarse, ya que cuando se tuesta en exceso puede aportar un sabor amargo que estropea el conjunto.

Una vez que los ajos comienzan a tomar color, es el momento de añadir las gambas y, poco después, el chorrito de vino blanco que recomienda la chef.

Este gesto sencillo transforma el plato y crea una salsa ligera que envuelve el marisco con un aroma irresistible.

Una receta perfecta para compartir

Otra de las claves del éxito de las gambas al ajillo es su carácter social. Es una de esas recetas que invitan a reunirse alrededor de la mesa y compartir.

En muchos bares de España se sirven directamente en pequeñas cazuelas de barro, todavía burbujeantes, con el aceite aromatizado y el ajo chisporroteando.

En casa, el efecto puede ser igual de espectacular si se sirven recién hechas y acompañadas de pan crujiente para aprovechar la salsa.

De hecho, muchos consideran que esa mezcla de aceite, ajo y jugos del marisco es casi tan importante como las propias gambas.

Con ingredientes sencillos y una preparación rápida, este plato demuestra que la cocina tradicional no necesita complicaciones para ofrecer resultados extraordinarios.

Ingredientes de las gambas al ajillo con vino blanco

  • 400 g de gambas o langostinos
  • 5 dientes de ajo
  • 1 guindilla seca (opcional)
  • 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 1 chorrito de vino blanco
  • Sal al gusto
  • Perejil fresco picado (opcional)

Paso 1

Pela las gambas si lo prefieres o déjalas con cabeza y cáscara para potenciar el sabor. Sécalas bien con papel de cocina.

Paso 2

Pela los dientes de ajo y córtalos en láminas finas.

Paso 3

Calienta el aceite de oliva en una sartén amplia a fuego medio.

Paso 4

Añade los ajos laminados y la guindilla seca. Deja que se doren lentamente para que el aceite se impregne de su aroma.

Paso 5

Incorpora las gambas y súbelas ligeramente de temperatura para que comiencen a cocinarse.

Paso 6

Añade un chorrito de vino blanco y deja que el alcohol se evapore durante unos segundos mientras se mezclan los sabores.

Paso 7

Cocina las gambas durante uno o dos minutos por cada lado, hasta que estén rosadas y jugosas.

Paso 8

Retira del fuego, añade un poco de perejil fresco picado y sirve inmediatamente.