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Carlos Porta, ganadero: "Que no os engañen; la calidad no depende del color del pollo, sino de su alimentación y genética"

Carlos Porta, agricultor, ganadero y CEO de Carnes del Corral explica por qué el color del pollo no define su calidad.

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El pollo es la carne fresca más consumida en los hogares españoles. Según el Informe del consumo alimentario en España del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, ronda los 12 kilos por persona al año (11,97 kg en 2023) y encabeza el consumo de carne fresca por delante del cerdo y el vacuno.

Y aun siendo la más habitual, sigue generando dudas en el momento de la compra, muchas de ellas alimentadas por la falsa creencia de que el pollo de piel y carne amarillas es de más calidad que el que presenta tonos blanquecinos.

Esa idea es la que desmonta Carlos Porta, agricultor, ganadero y CEO de Carnes del Corral, en un vídeo publicado en su perfil de Instagram. Con dos pollos sobre la mesa, uno blanco y otro amarillo, el experto lanza un mensaje claro: "El color no tiene nada que ver con la calidad del pollo".

El color no es una garantía de calidad

Lo primero que aclara Carlos Porta es que el tono de la piel no depende de cómo se haya criado el animal. Un pollo industrial puede ser blanco o de un "amarillo fosforito", y ese tono tan intenso, dice, se consigue "a base de pigmentos artificiales".

Del mismo modo, un pollo campero tampoco tiene por qué ser amarillo. "No influye el color, no tiene por qué ser amarillo, puede ser perfectamente blanco", insiste en el vídeo.

El color procede de forma natural sobre todo de la alimentación, en concreto de los carotenoides.

Los pollos que llevan una dieta rica en maíz amarillo, harina de maíz y alfalfa, presentan una piel y una grasa amarillas. En cambio, los pollos de piel blanca suelen alimentarse con piensos a base de trigo, cebada, sorgo o soja, que aportan menos pigmentos.

La clave está en la genética de crecimiento lento

Si el color no sirve como guía, ¿en qué hay que fijarse? Según el experto, "lo importante de verdad es que sea una genética de crecimiento lento".

Para ilustrarlo compara sus dos ejemplares, ambos de tamaño similar. El industrial tiene entre 30 y 35 días de vida y pesa unos dos kilos. El de corral ha vivido el doble y pesa 1,8 kilos.

"El doble de vida, mismo peso", resume. Es decir, un pollo de buena calidad necesita más tiempo de crianza para llegar prácticamente al mismo tamaño que otro industrial.

¿Puede ser blanco un pollo criado con maíz?

Un pollo criado en libertad puede no ser amarillo y seguir siendo de calidad. La causa está en la propia vida al aire libre.

Según Carlos Porta depende de la época del año, porque "no es lo mismo primavera, invierno que verano".

En primavera hay mucha hierba fresca (rica en carotenoides), mientras que en verano o invierno el campo está más seco y comen menos forraje natural, lo que hace que la carne pueda ser más pálida aunque sigan estando en libertad.

Como los animales están a la intemperie, la climatología también les afecta, algo que no ocurriría si estuvieran encerrados en una granja.

A eso se suma que en el campo no hay dos pollos idénticos. Comen brotes, insectos y maíz en distinto estado, y cada uno responde a su manera. "No son homogéneos, no hacemos tornillos", apostilla. En cambio, en una producción industrial es mucho más fácil conseguir pollos más homogéneos.

¿En qué fijarse al comprar un pollo?

Como hemos visto, lo único visible que es el tono de la piel no es un indicador fiable, por eso conviene informarse acerca de cómo se ha criado el animal, empezando por su edad de sacrificio.

Y ahí la normativa vigente está de parte del consumidor, pues Reglamento (UE) 2026/343 que entró en vigor el pasado 9 de marzo, obliga a que las etiquetas reflejen de forma clara cómo se han criado las aves.

Además, la normativa establece distintas categorías para el pollo campero:

Campero. Debe sacrificarse con al menos 56 días de vida y tener acceso al exterior continuo al menos durante la mitad de su vida (garantizando como mínimo 1 m² por ave en el parque exterior).

Campero tradicional. La exigencia es mucho más estricta. La densidad en el interior de la nave se reduce (máximo 12 pollos/m² en naves de hasta 1.600 m²) y se aumenta hasta 2 m² el espacio en el parque exterior.

Es obligatorio el uso de razas o estirpes de crecimiento lento, la edad mínima de sacrificio sube a 81 días, y deben tener acceso continuo al exterior desde las 6 semanas de vida.

Campero criado en total libertad. Tiene las mismas exigencias que el tradicional, pero tienen superficie ilimitada en el exterior.

La normativa es también muy exigente en lo que se refiere a la publicidad que pueda llevar a engaño.

Si un producto avícola no cumple con los requisitos de cría en exterior, la marca tiene prohibido utilizar material publicitario, etiquetas o imágenes (como dibujos de campos floridos, granjas de madera o paisajes) que sugieran que las aves han sido criadas al aire libre.