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Los huevos fritos pueden ser un auténtico manjar a pesar de su aparente sencillez, pero no todo el mundo sabe cómo hacerlos de forma correcta e incluso hay quienes no se animan a prepararlos por las quemaduras que puede provocar que el aceite salte, se peguen o se rompan.

Para conseguir el huevo frito perfecto, no hay nada como seguir los trucos de Karlos Arguiñano, el reputado chef vasco que a través de sus programas de televisión ha compartido desde hace décadas sus mejores consejos para preparar las mejores recetas y de la mejor forma posible.

Gracias a las recomendaciones del cocinero de 77 años, se podrán conseguir los mejores huevos estrellados o fritos, sin complicaciones y sin ningún percance que pueda acabar por afectar a su resultado final.

El truco de Arguiñano para el huevo frito

Tradicionalmente se ha dicho que el secreto para freír un huevo sin que el huevo salpique o se pegue es calentar bien la sartén y el aceite, pero sin dejar que llegue este último a quemar, además de ser suficiente con echar un chorrito de aceite para su preparación.

Sin embargo, hay quienes prueban a hacerlo de esta manera, pero no acaban de tener el mejor resultado, y en estos casos se puede aplicar el truco de Karlos Arguiñano, que indica que, “para que los huevos fritos no se peguen a la sartén, el truco es añadir una pizca de harina”.

Aunque también se podría añadir una pizca de sal al aceite caliente para absorber el agua que contiene el huevo y evitar que termine explotando en el aceite, o que se pegue, la harina es una mejor solución para quienes no comen sal o prefieren evitar que quede salado. Con ella no se afectará al sabor del huevo.

Además, si se quiere preparar el huevo frito perfecto, también se puede usar otro de sus trucos más famosos, que es el truco de la espumadera, con el que es suficiente con partir el huevo sobre la espumadera para eliminar el exceso de agua, lo que evitará que salte el aceite y se puedan conseguir unos huevos perfectos.

Un manjar que no es tan sencillo de preparar

El huevo frito puede parecer una elaboración muy sencilla de preparar y a menudo no se le da demasiado valor, pero la realidad es que, si es de calidad y está bien preparado, se convierte en todo un manjar.

A pesar del popular dicho, no es tan sencillo freír huevos a la perfección, con una clara suave, una crujiente puntilla y una yema brillante. El huevo frito debe ser jugoso y suave, sin llegar a ser grasiento.

El huevo frito también tiene fama de ser poco saludable, pero realmente no es tan calórico con respecto a otras elaboraciones que se realizan con este ingrediente. Según datos de la BEDCA, un huevo de gallina estándar, cocido o duro, tiene unas 145 kcal por cada 100 gramos de productos, y unos 10,2 gramos de grasas totales.

El mayor problema con respecto al huevo y su contenido calórico tiene que ver con las malas frituras y, sobre todo, con los acompañamientos que recibe, pues es frecuente que se consuma junto a patatas fritas, jamón, chorizo o bacon, que sí que son preparaciones altamente calóricas.

Cómo freír un huevo perfecto

Para freír el huevo perfecto, se comienza preparando las herramientas necesarias para ello, como el cuenco o cucharón de sopa, sartén (preferiblemente, antiadherente), espumadera y plato, con papel de cocina opcional.

En lo que respecta a los ingredientes, se necesitarán tantos huevos como se deseen freír, aceite de oliva (o girasol), que se puede calentar más y no dejar sabor, y también se puede aderezar después con sal y pimienta.

Una vez listos todos ellos, se debe calentar un buen fondo de aceite en la sartén, dejando un grosor de algo menos de un dedo, y tratar de conseguir que coja una buena temperatura, pero sin superar el punto de humeo.

Siempre es posible utilizar un termómetro de cocina para ser más precisos. Mientras se caliente, se puede abrir el huevo con cuidado, depositándolo en el cuenco o cucharón.

Una vez que el aceite esté caliente, solo hay que verter el huevo crudo dejándolo deslizar sobre el mismo, lo más cerca posible de la superficie de la sartén, de forma que se evite que rompa o salpique. Podremos usar el truco de la harina o sal de Arguiñano.

Para que se cocine la clara con puntilla y la yema permanezca líquida o melosa, se necesita lardear el huevo, es decir, bañar con el aceite la clara usando una espumadera. Es un movimiento que se debe hacer rápidamente, con cuidado de no bañar la yema, una vez que el borde del huevo ha empezado a coger más color.

De esta forma, se estará cocinando suavemente la parte superior de la clara, rodeando la yema para no cuajarla. Al estar el aceite muy caliente, la puntilla se empezará a formar rápidamente en el borde del huevo.

Cuando esté al punto deseado, solo habrá que sumergir la espumadera en el aceite, deslizarla por debajo del huevo y retirarlo con cuidado, dejando que escurra el exceso de grasa. A partir de ahí, se puede dejar el huevo frito reposar sobre papel de cocina o servirlo directamente.