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Freír huevos puede parecer una tarea sencilla, en el lenguaje popular es sinónimo de trabajo simple que no requiere de mucha destreza cuando decimos de alguien que no sabe "ni freír un huevo". Pero la realidad es que quien acuñó la frase es más que probable que jamás hubiese frito uno.

La teoría es fácil, se pone aceite en la sartén, se echa el huevo y se saca con una espumadera. Nos la aprendimos casi a la vez que las tablas de multiplicar y, por eso, la primera vez que, ya independizados, se nos ocurrió freírnos un huevo para darnos un homenaje, ni siquiera podíamos imaginar el desastre que se avecinaba.

Claras que se desparraman por toda la sartén, yemas que se rompen antes de que el huevo toque el aceite o accidentes a la hora de trasladarlo al plato son dramas frecuentes.

Frecuentes, pero evitables; porque como explica Juanjo López, chef y propietario del restaurante La Tasquita de Enfrente en Madrid, los huevos fritos perfectos existen, con la clara bien formada y la yema intacta. Porque, reconozcámoslo, uno de los mayores placeres de comerse un huevo frito es poder romperlo nosotros mismos.

El huevo frito perfecto

Conseguir nuestro propósito depende de varios factores. El primero de ellos, tal como explica el cocinero, es utilizar siempre huevos muy frescos.

Cuando los huevos están frescos, la clara tiene más viscosidad y se mantiene unida alrededor de la yema, reduciendo el riesgo de que se esparza demasiado en la sartén. Además, la membrana que recubre la yema es más elástica y gruesa que la de un huevo viejo, por eso tiene mayor resistencia a la rotura.

Huevo fresco y viejo Mer Bonilla

Para comprobar si un huevo es fresco de forma fácil, podemos sumergirlo en un vaso con agua: si se hunde y queda en posición horizontal, está en su mejor momento para freírlo; si se queda vertical, es mejor utilizarlo para otra preparación y, si flota, es mejor descartarlo.

Tampoco falla comprobar la fecha de caducidad impresa en el huevo, cuanto más días falten para llegar a ella, más probabilidades de éxito.

La siguiente recomendación de Juanjo López consiste en cascar el huevo sobre un colador para desechar la parte de la clara que está más líquida y quedarnos solo con la fracción más viscosa y próxima a la yema.

Del colador, el chef pasa el huevo a un cuenco antes de echarlo sobre el aceite caliente. Esto nos facilitará la tarea de verter el huevo en el aceite.

Para ello, Juanjo López recomienda dejarlo caer desde poca altura y con suavidad, para minimizar el impacto y reducir el riesgo de que la yema se rompa.

Finalmente, el último truco clave si queremos un huevo con la yema bien centrada y rodeada por una clara bien recogida, que "parezca un buñuelo" es calentar bien el aceite antes de añadir el huevo. Si el aceite no está lo suficientemente caliente, la clara se extenderá demasiado antes de cuajarse, lo que aumenta la probabilidad de que el huevo se rompa.

Sin embargo, el aceite tampoco debe estar excesivamente caliente, ya que esto puede provocar que la clara se dore demasiado rápido mientras la yema sigue cruda. La temperatura ideal sería de unos 180 ºC.

Si no tenemos termómetro, un truco para saber si estamos en la temperatura correcta consiste en echar un palillo de dientes dentro del aceite y, si vemos que se produce un leve chisporroteo, es que ya podemos echar el huevo.

Ingredientes

  • Huevo, 1 ud
  • Aceite de oliva virgen extra, cantidad suficiente
  • Sal, al gusto

Paso 1

Calentamos una sartén pequeña a fuego medio con suficiente aceite de oliva. Dejamos que se caliente durante uno o dos minutos, pero sin que llegue a humear. Podemos usar el método del palillo anteriormente descrito para comprobar que la temperatura es la correcta.

Paso 2

Cascamos el huevo con cuidado sobre un colador para que escurra la parte más acuosa de la clara y lo pasamos a un bol. De ahí lo vertemos suavemente en la sartén, procurando que la yema quede centrada.

Paso 3

Cocinamos el huevo sin moverlo, permitiendo que la clara se cuaje completamente. Podemos inclinar un poco la sartén y con una cuchara verter aceite caliente sobre la yema si queremos que esta se cocine ligeramente por encima.

Paso 4

Cuando los bordes estén dorados y crujientes, y la clara esté completamente blanca y firme, retiramos el huevo con una espumadera y lo pasamos a un plato.

Paso 5

Añadimos sal al gusto y servimos de inmediato, solo, acompañado de unas buenas patatas fritas, un trozo de pan o de lo que más nos guste.